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Los proyectos energéticos de Zamora, cuestionados por Antonio Turiel en Benavente

Blas de Paz Martínez (Miembro de Ecologistas Zamora) Viernes, 18 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:

El científico del CSIC cuestiona el modelo basado en grandes plantas de biogás, hidrógeno verde, parques eólicos y fotovoltaicos y advierte de que la transición energética no podrá mantener indefinidamente los actuales niveles de producción y consumo. Frente a ello, propone reducir el consumo de materiales y energía y avanzar hacia un modelo económico centrado en las necesidades humanas

La conferencia de Antonio Turiel en el Centro Cultural de la Encomienda de Benavente dejó pocas dudas sobre la visión profundamente crítica que el científico mantiene acerca del modelo con el que se está intentando afrontar la crisis energética.

 

En una provincia como Zamora, donde durante los últimos años se suceden proyectos de plantas de biogás y biometano, instalaciones fotovoltaicas, parques eólicos, iniciativas relacionadas con el hidrógeno verde y, más recientemente, grandes centros de datos asociados a un elevado consumo energético, las palabras de Turiel adquirieron una dimensión especialmente cercana.

 

El investigador planteó una cuestión que sobrevoló toda su intervención: ¿estamos realizando realmente una transición energética o simplemente intentando sustituir unas fuentes de energía por otras para mantener intacto un modelo económico basado en un crecimiento permanente?

 

Para Turiel, el problema se encuentra precisamente ahí.

 

 

Una crisis que comienza con los combustibles fósiles

 

El punto de partida de su argumentación fue el progresivo agotamiento y encarecimiento energético de los combustibles fósiles.

 

Petróleo, gas y carbón han sostenido durante más de un siglo un extraordinario crecimiento industrial, económico y demográfico. Sin embargo, Turiel lleva años advirtiendo de que este modelo se enfrenta a límites físicos y de que cada vez resulta más complicado mantener los niveles de extracción necesarios para sostener el crecimiento económico mundial.

 

El científico no rechaza las energías renovables como tales. Su crítica se dirige principalmente a la pretensión de que puedan sustituir, a la escala y velocidad deseadas, todo el consumo energético actual manteniendo simultáneamente los mismos patrones de producción, transporte y consumo.

 

Paneles fotovoltaicos, aerogeneradores, baterías, redes eléctricas y sistemas de almacenamiento requieren materias primas, energía, infraestructuras y procesos industriales. Por ello, según explicó, una transición basada exclusivamente en multiplicar instalaciones puede encontrarse también con importantes límites materiales y económicos.

 

 

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El hidrógeno verde, bajo sospecha

 

Especialmente crítico se mostró Turiel con las grandes expectativas depositadas en el denominado hidrógeno verde.

 

En su opinión, producir hidrógeno utilizando electricidad renovable para posteriormente almacenarlo, transportarlo y volver a aprovechar su energía implica pérdidas importantes a lo largo de todo el proceso.

 

Por esta razón cuestionó que pueda convertirse en un sustituto generalizado de los combustibles fósiles, especialmente cuando se pretende emplearlo a gran escala.

 

Su reflexión afecta directamente a territorios como Zamora, donde las grandes extensiones disponibles, la despoblación y la existencia de recursos naturales convierten al medio rural en objetivo de numerosos proyectos vinculados a la nueva economía energética.

 

 

El biogás entra en escena

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Otro de los asuntos que ocupó una parte importante de la conferencia fue el biogás y el biometano.

 

La proliferación de proyectos de este tipo en la provincia de Zamora ha despertado un intenso debate social. Sus promotores destacan el aprovechamiento energético de residuos ganaderos, agrícolas o agroindustriales y la posibilidad de sustituir parte del consumo de gas fósil.

 

Turiel puso el acento, sin embargo, en la otra cara del proceso: la enorme cantidad de materia que es necesario movilizar, el transporte asociado y, especialmente, la gestión posterior de los digestatos y demás residuos.

 

El investigador relacionó además el impulso de este tipo de instalaciones con las necesidades energéticas de las grandes economías industriales europeas, especialmente Alemania y Francia.

 

Y utilizó durante su intervención una frase contundente para expresar su interpretación de este modelo:

 

«Ellos se llevan la energía y a nosotros nos dejan la mierda».

 

Más allá de la crudeza de la expresión, detrás de ella apareció una preocupación perfectamente reconocible en numerosos pueblos zamoranos: quién obtiene los beneficios y quién asume los impactos ambientales de las nuevas infraestructuras energéticas.

 

 

¿Zamora como territorio de sacrificio?

 

Esta cuestión adquirió especial protagonismo durante la conferencia.

 

Zamora dispone de aquello que cada vez resulta más difícil encontrar alrededor de las grandes áreas metropolitanas europeas: territorio.

 

Grandes superficies agrícolas, montes, agua, baja densidad demográfica y extensos espacios en los que pueden proyectarse instalaciones energéticas de grandes dimensiones.

 

Pero precisamente ahí aparece el conflicto.

 

 

Porque el territorio no está vacío.

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Donde sobre un mapa aparece una superficie disponible existen campos agrícolas, bosques, acuíferos, pueblos, explotaciones ganaderas, patrimonio histórico, biodiversidad y paisajes construidos durante generaciones.

 

La pregunta planteada indirectamente por Turiel resulta especialmente incómoda para nuestra provincia: ¿puede convertirse la despoblación en la excusa para ocupar el territorio con las infraestructuras que las zonas industriales y densamente pobladas necesitan para mantener su consumo?

 

El investigador alertó de un modelo en el que las áreas rurales pueden acabar soportando una parte importante de los costes territoriales mientras la energía y buena parte del valor económico generado se consumen lejos de ellas.

 

 

El problema de lo que quede después

 

Existe además otra cuestión que rara vez ocupa el centro del debate: el futuro de las instalaciones una vez terminada su vida útil o cuando dejen de resultar económicamente interesantes.

 

Turiel mostró su preocupación por una posible proliferación de proyectos impulsados por incentivos económicos y expectativas de rentabilidad que, si finalmente no cumplen las previsiones, podrían terminar abandonándose.

 

¿Qué ocurrirá entonces con paneles solares, aerogeneradores, baterías, infraestructuras industriales y materiales?

 

¿Quién asumirá el desmontaje?

 

¿Quién pagará la restauración de los terrenos?

 

¿Quién garantizará que dentro de veinte o treinta años esos espacios vuelvan a tener las condiciones anteriores?

 

Son preguntas que deberían acompañar a cualquier autorización administrativa antes de colocar la primera piedra.

 

 

Geopolítica y lucha por los recursos

 

La conferencia trascendió finalmente los límites provinciales.

 

Turiel relacionó la creciente tensión internacional con la competencia por unos recursos energéticos y minerales cada vez más estratégicos.

 

En su interpretación, detrás de numerosos movimientos geopolíticos contemporáneos existe también una lucha por garantizar el acceso a petróleo, gas, minerales y rutas de suministro imprescindibles para mantener las economías industriales.

 

Se trata de una interpretación especialmente controvertida cuando se aplica a conflictos concretos, pero encaja dentro de una de las ideas centrales defendidas desde hace años por el investigador: la energía constituye uno de los elementos fundamentales para comprender la economía y la geopolítica mundial.

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Una palabra incómoda: decrecimiento

 

Después de dibujar un escenario tan complejo surgía inevitablemente una pregunta entre los asistentes:

 

¿Cuál es entonces la alternativa?

 

Turiel respondió con una palabra que continúa generando rechazo, dudas y también un creciente debate académico y social:

decrecimiento.

 

Pero decrecer, en su planteamiento, no significa necesariamente vivir peor.

 

Significa cuestionar la identificación entre bienestar y aumento permanente del consumo.

 

La propuesta consiste en reducir progresivamente aquellos consumos materiales y energéticos que no resulten esenciales, fabricar productos más duraderos y reparables, disminuir determinadas necesidades de transporte, favorecer economías más próximas y orientar los recursos disponibles hacia aquello que verdaderamente determina la calidad de vida.

 

Sanidad, educación, alimentación, vivienda, cuidados, relaciones humanas, cultura o protección del medio ambiente pueden formar parte de una sociedad con un elevado bienestar sin necesidad de que cada año aumente indefinidamente el consumo de materias primas y energía.

 

Ese es probablemente el cambio cultural más profundo que plantea Turiel.

 

No se trataría simplemente de sustituir millones de automóviles de gasolina por millones de coches eléctricos, ni centrales térmicas por extensiones ilimitadas de paneles solares y aerogeneradores.

 

Se trataría de preguntarnos previamente cuánta energía necesitamos realmente y para qué la queremos.

 

«Resistir»

 

Para Zamora, el mensaje final tuvo una resonancia particular.

 

Ante la sucesión de macroproyectos energéticos que llegan a nuestros pueblos, Turiel utilizó otro verbo sencillo y contundente:

 

«Resistir».

 

Resistir, desde su planteamiento, significa analizar cada proyecto, exigir explicaciones, estudiar su verdadera rentabilidad social y ambiental y preguntarse qué beneficios deja en el territorio frente a los impactos que puede provocar.

 

Porque Zamora necesita actividad económica, empleo y oportunidades para sus pueblos.

 

Pero también necesita conservar aquello que constituye una parte fundamental de su futuro: el suelo agrícola, el agua, los montes, el paisaje, la biodiversidad y la posibilidad de seguir viviendo en el medio rural.

 

La conferencia de Antonio Turiel en Benavente no ofreció soluciones sencillas.

 

Probablemente porque el problema tampoco las tiene.

 

Dejó, sin embargo, una pregunta que continuará presente mientras nuevas plantas de biogás, parques fotovoltaicos, aerogeneradores, proyectos de hidrógeno o centros de datos llamen a las puertas de nuestra provincia:

 

¿Estamos construyendo en Zamora la transición energética que necesita nuestro territorio o estamos poniendo nuestro territorio al servicio de la transición energética que necesitan otros?

 

Responder a esa pregunta quizá sea uno de los grandes debates que nuestra provincia tendrá que afrontar durante los próximos años.

 

 

 

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