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Quintos

Medio siglo después, los alumnos del Virgen de la Vega vuelven a encontrarse en una jornada inolvidable

Redacción Sábado, 12 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:

El Colegio Virgen de la Vega volvió hoy a abrir sus puertas a una generación que nunca dejó de pertenecerle. Un grupo de antiguos alumnos que finalizaron sus estudios hace medio siglo regresó al centro para celebrar un reencuentro que, más que una cita, se convirtió en un viaje profundo a la juventud, a los días que marcaron su manera de entender el mundo y a los lazos que, pese al paso del tiempo, siguen intactos

 

 

La jornada comenzó con una visita guiada por el colegio, un recorrido que despertó asombro, nostalgia y una emoción difícil de disimular. Los participantes caminaron por pasillos que conocieron sus pasos adolescentes, pero que hoy muestran una realidad completamente distinta. Las aulas, antes presididas por pizarras de tiza, pupitres de madera y mapas colgados con chinchetas, lucen ahora pantallas digitales, ordenadores, proyectores y espacios adaptados a una enseñanza que ellos jamás habrían imaginado. Muchos se detenían en silencio, observando cómo la tecnología ha transformado el aprendizaje, recordando que en su época bastaban un cuaderno, un lápiz y la voz del profesor para construir el futuro.

 

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Tras recorrer las instalaciones, llegó el momento de la foto de grupo a las puertas del colegio, un gesto simbólico que selló el regreso a la que fue su casa durante tantos años. Las miradas cómplices, los abrazos largos y las risas espontáneas demostraban que, aunque hayan pasado cinco décadas, la esencia de aquella promoción sigue viva. Desde allí se dirigieron al restaurante Villa de Benavente, donde celebraron una comida que prolongó la conversación, la memoria y la alegría de reencontrarse. La sobremesa se convirtió en una extensión natural de la mañana, y la tarde continuó entre anécdotas, evocaciones y planes para futuros encuentros.

 

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Uno de los participantes, Fernando González, quiso dejar constancia escrita y en vídeo de lo que significaba este regreso. Su texto, lleno de sensibilidad y memoria, se convirtió en el corazón emocional de la jornada. En él reconstruye con detalle la vida escolar de aquellos años, comenzando por las mañanas luminosas en las que el sol iluminaba el Colegio Virgen de la Vega, como él escribe, evocando esa luz que acompañaba a los alumnos cuando, a las nueve en punto, atravesaban las grandes puertas azul celeste con las mochilas al hombro, cargadas más de ilusiones que de libros. Eran jóvenes, soñadores, convencidos de que el mundo entero les esperaba más allá de aquellas aulas.

 

Fernando recuerda cómo apenas sonaba el primer timbre comenzaban las dos primeras clases de la mañana, mientras el aroma de la tiza, el roce de los pupitres y el murmullo de los compañeros formaban parte de una rutina que hoy parece lejana pero que entonces era el centro de su universo. A las once llegaba el momento más esperado del día: el recreo. El patio se transformaba en un mundo vibrante, lleno de risas, carreras, partidos improvisados de fútbol, balones de baloncesto que golpeaban el suelo con eco y conversaciones de quienes preferían pasear tranquilamente bajo el sol.

 

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En ese escenario aparece una figura que todos recuerdan con cariño: el señor Julio Villacorta, con su cesta de mimbre colgada del hombro, repartiendo churros recién hechos que sabían a infancia y felicidad. Durante aquella media hora de libertad, la megafonía interrumpía de vez en cuando el bullicio con mensajes que aún hoy resuenan en la memoria de quienes los escucharon: “Mesonero, Barbero, Visita o García Berrocal al teléfono”. Eran anuncios sencillos, casi rutinarios, pero que el tiempo ha convertido en parte de la banda sonora de una época irrepetible.

 

A las once y media, el inconfundible silbato del cura ponía fin al recreo. Poco a poco las conversaciones se apagaban, el patio recuperaba el silencio y los pasillos volvían a llenarse de pasos apresurados. Regresaban a las aulas para continuar con las clases, retomando los cuadernos, los libros y las lecciones que, sin saberlo, también iban construyendo su futuro. Cuando el reloj marcaba la una y media, llegaba la hora de volver a casa para almorzar. Salían con la impaciencia propia de la juventud, recorriendo las calles de Benavente mientras comentaban las anécdotas de la mañana y planeaban las aventuras que les aguardaban durante el resto del día.

 

 

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A las tres y media regresaban al colegio para afrontar las dos últimas asignaturas de la jornada. Aunque el cansancio comenzaba a hacerse notar, todavía quedaban fuerzas para una broma entre compañeros, una sonrisa cómplice o alguna travesura escondida entre las páginas de los libros. Finalmente, a las cinco y media, el timbre anunciaba el final de las clases. Cruzaban otra vez aquellas puertas celestes con la sensación de haber vivido un día más que, sin sospecharlo, terminaría convirtiéndose en un recuerdo imborrable. Así transcurrió aquel curso del 76 que quedó grabado para siempre en sus corazones: días sencillos, marcados por la rutina escolar, pero inmensamente ricos en amistades, descubrimientos y sueños compartidos.

 

Hoy, medio siglo después, el tiempo los ha llevado de nuevo hasta las puertas del Virgen de la Vega. En el reencuentro, vuelven a reconocerse en aquellas miradas que un día compartieron pupitres, recreos y confidencias. Las canas han sustituido a la juventud, los años han dejado su huella en los rostros y las vidas han seguido caminos diferentes. Pero basta una conversación, una sonrisa o una fotografía para que todo vuelva a cobrar vida.

 

El tiempo ha pasado, pero la conexión que forjaron en esas aulas y en esos pasillos sigue viva. Recordándoles que la verdadera riqueza de la vida está en los lazos que se crean y en los momentos que se comparten. Y que volver al lugar donde comenzó todo es, en realidad, volver a casa.  Entre sus planes, volver a reunirse, ya tienen fecha para el próximo año, será el segundo domingo de septiembre, el día 11 repetirán esta jornada de convivencia con el mismo espíritu joven que les ha acompañado hoy.

 

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