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Camarzius

Camarzius Fest , cuando la historia de Roma se encontró con la historia del rock a orillas del Tera

Redacción Domingo, 09 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:

Hay festivales que nacen para ofrecer unas horas de música y diversión. Y hay otros que, casi sin proponérselo, terminan convirtiéndose en una forma de explicar el alma de un pueblo. El Camarzius Fest pertenece a esta segunda categoría. No es únicamente un cartel de conciertos ni un programa de actividades para llenar un fin de semana de agosto. Es la demostración de que la juventud, cuando cree en sus raíces, es capaz de convertir el patrimonio, la cultura y la innovación en un proyecto común que trasciende generaciones

Hay festivales que nacen para ofrecer unas horas de música y diversión. Y hay otros que, casi sin proponérselo, terminan convirtiéndose en una forma de explicar el alma de un pueblo. El Camarzius Fest pertenece a esta segunda categoría. No es únicamente un cartel de conciertos ni un programa de actividades para llenar un fin de semana de agosto. Es la demostración de que la juventud, cuando cree en sus raíces, es capaz de convertir el patrimonio, la cultura y la innovación en un proyecto común que trasciende generaciones.

 

En una localidad abrazada por el río Tera y recorrida por caños, aguaduchos, vaguales y canales que desde hace siglos llevan vida a sus huertas, cada verano florece un acontecimiento singular que ya ocupa un lugar destacado entre las propuestas culturales del medio rural zamorano.

 

Su propio nombre, Camarzius, no es fruto del azar. Evoca la antigua Camarzana romana, aquella población que todavía hoy conserva bajo sus tierras algunos de los vestigios arqueológicos más importantes de Castilla y León. Muy cerca permanecen el Castro y la extraordinaria Villa Romana de Orpheus, cuyos mosaicos continúan sorprendiendo por su belleza y por la historia que aún guardan entre sus teselas.

 

Precisamente fueron esos mosaicos los que inspiraron a un grupo de jóvenes camarzaneses encabezados por Óscar Carbajo, “Nano” para quienes lo conocen desde siempre. Lo que comenzó como la ilusión de organizar un festival de rock acabó convirtiéndose en un proyecto mucho más ambicioso: un espacio donde la música dialogara con la historia, donde la tradición conviviera con la innovación y donde el patrimonio sirviera de escenario para mirar al futuro.

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El espíritu del rock vuelve al Valle del Tera

 

El rock nunca fue solamente un estilo musical. Para varias generaciones representó una forma de entender la vida, de romper moldes, de reivindicar libertades personales y de expresar inconformismo. Aquellas guitarras eléctricas que en otra época escandalizaron a algunos hoy despiertan una profunda nostalgia en quienes las vivieron y una enorme curiosidad en quienes las descubren por primera vez.

 

Con esa filosofía nació el Camarzius Fest.

 

Sobre sus escenarios tienen cabida el rock clásico, el hard rock, el heavy metal, el metal alternativo y todas aquellas variantes capaces de reunir bajo un mismo cielo a veteranos roqueros y a jóvenes aficionados que continúan encontrando en esta música una energía difícil de igualar.

 

Pero el festival nunca quiso quedarse únicamente en los conciertos.

Con el paso de los años fueron incorporándose actividades ya tradicionales, como el colorido Desfile de Gigantes y Cabezudos, junto a otras mucho más innovadoras relacionadas con la economía rural, las nuevas tecnologías o la realidad virtual, ampliando el público y demostrando que el medio rural también puede ser un laboratorio de creatividad.

 

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Tres días para demostrar que el pueblo está vivo

 

La edición de MMXXVI comenzó el viernes 7 de agosto con una conferencia dedicada a la Innovación y el Emprendimiento Rural, una declaración de intenciones que situaba desde el primer momento al festival mucho más allá del ocio.

 

El mensaje era claro: la cultura también puede generar oportunidades de desarrollo.

 

Desde ese instante Camarzana comenzó a llenarse de visitantes, de música y de ilusión, iniciando tres intensas jornadas que concluirían el domingo con un relajado Terraceo amenizado por DJ Valley en el Bar Madrid.

 

 

Roma volvió a instalar su campamento en La Barca

 

Uno de los mayores aciertos del Camarzius Fest volvió a ser la recuperación, por segundo año consecutivo, del espacio de La Barca, un lugar privilegiado junto al río Tera que durante unas horas pareció retroceder casi dos mil años.

 

Hasta allí llegó la Asociación Legio IV Macedónica, cuyos integrantes transformaron la zona recreativa en un auténtico campamento romano.

 

Entre legionarios, ciudadanos, cocineros, artesanos y personajes históricos aparecieron nombres tan sugerentes como Bilia Julia Camila o Publios Atilus Rufus, que hicieron viajar a los asistentes hasta la Hispania del Alto Imperio.

 

Las carpas levantadas junto a la ribera ofrecían una extraordinaria recreación histórica.

 

Bajo la sombra de los grandes humeros podían contemplarse pigmentos utilizados en la pintura romana, instrumentos cotidianos y, sobre todo, el inquietante espacio dedicado a Locusta, la célebre envenenadora de la Roma imperial.

 

Su explicación sobre los venenos empleados en las conspiraciones palaciegas despertaba inevitablemente la imaginación del público. ¿Quién sabe si alguno de aquellos tóxicos pudo haber llegado alguna vez hasta la Villa Romana de Orpheus? La historia no lo confirma, pero la imaginación encontraba allí terreno fértil.

 

 

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Sabores llegados directamente del Imperio

 

La gastronomía tampoco quiso quedarse al margen.

 

La cocina dirigida por Gaia Lucina Corvina permitió descubrir recetas inspiradas en la antigua Roma. Bebidas, panes, carnes y diferentes elaboraciones acercaban al visitante a una forma de alimentarse muy distinta a la actual.

 

Los cientos de comensales que pasaron por La Barca no solo disfrutaban de la comida; participaban en una experiencia cultural donde cada plato llevaba detrás una explicación histórica.

 

Era una forma deliciosa de aprender.

 

 

Gladiadores junto al río Tera

 

Sin embargo, probablemente el momento que mayor expectación despertó fue el dedicado al mundo de los gladiadores.

 

Durante toda la mañana los asistentes pudieron asistir a diferentes entrenamientos donde se explicaban las armas, las técnicas de combate y el significado social de aquellos espectáculos que llenaban los anfiteatros romanos.

La culminación llegó por la tarde.

 

El combate entre Caesus y Tracio alcanzó tal nivel de realismo que más de un espectador terminó inquietándose. Los movimientos, los golpes y la intensidad de la lucha parecían anunciar un desenlace fatal.

 

Pero todo formaba parte de una impecable recreación histórica.

 

Finalmente fue el agotamiento quien puso fin al enfrentamiento, permitiendo que la sangre romana no llegara a mezclarse con las cristalinas aguas del Tera.

 

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Gigantes que anuncian la fiesta

 

Si por la mañana Roma había conquistado Camarzana, por la tarde llegaba el momento de la tradición popular.

Los atronadores sonidos de Os Trovadors, llegados desde Portugal, anunciaban el inicio del esperado Desfile de Gigantes y Cabezudos.

 

Las calles volvieron a llenarse de música, color y sonrisas con la participación de comparsas procedentes de Otero de Bodas, Villaralbo, Santa María del Páramo, Alcañices, Entrala y, naturalmente, Camarzana de Tera.

 

Gigantes centenarios caminaban entre niños que los observaban con la misma mezcla de admiración y respeto que sintieron sus abuelos décadas atrás.

 

Era uno de esos momentos capaces de unir generaciones.

 

 

Cuando las guitarras tomaron el relevo

 

Pero el corazón musical del Camarzius Fest todavía estaba por llegar.

 

Mientras el desfile recorría las calles, en el escenario comenzaban ya los primeros ensayos del gran espectáculo nocturno.

 

Los focos se encendieron para recibir a Los Jaleo, Break The Senses, Mendel y, como gran cabeza de cartel, a los míticos DEF CON DOS, una banda imprescindible para entender varias décadas del rock español y cuya música quedó inmortalizada en la inolvidable película El Día de la Bestia.

 

Desde los primeros acordes la pista se convirtió en un océano de personas.

 

Padres que habían vivido el nacimiento del rock compartían espacio con hijos que descubrían aquella energía por primera vez.

 

No importaban las edades.

 

Solo existía el ritmo.

 

Solo existía la música.

 

El viernes ya había servido de calentamiento con las actuaciones de grupos locales emergentes, demostrando que el relevo generacional continúa vivo y que el talento musical también brota en nuestros pueblos.

 

Y mientras el público saltaba, cantaba y disfrutaba hasta bien entrada la madrugada, dos Food Trucks se encargaban de devolver las fuerzas necesarias para continuar la fiesta.

 

 

Un domingo para saborear el final

 

Como toda buena historia, también el Camarzius Fest necesitaba un epílogo. El domingo llegó con un ambiente mucho más relajado.

 

La cata dirigida por Marcelino Calvo, los vermuteos y los tardeos compartidos entre el Hotel Juan Manuel y el Bar Madrid permitieron despedir el festival entre conversaciones, risas y la satisfacción del trabajo bien hecho.

 

Era el momento de hacer balance.

 

 

Mucho más que un festival

 

Quizá el mayor mérito del Camarzius Fest no sea reunir miles de personas ni traer grandes grupos musicales.

 

Su auténtico valor reside en haber conseguido que un pequeño pueblo del Valle del Tera convierta su patrimonio arqueológico, su historia, su juventud y su capacidad organizativa en una propuesta cultural de primer nivel.

 

Es la demostración de que el medio rural no necesita resignarse a ser un simple espectador. Puede innovar, crear, atraer visitantes y convertirse en referencia para otros muchos territorios.

 

Pero detrás de cada escenario, de cada concierto, de cada gigante o de cada recreación histórica existe un enorme trabajo silencioso realizado por decenas de voluntarios.

 

Óscar Carbajo, principal impulsor del festival, lo resumía con sinceridad al finalizar esta edición: para garantizar la continuidad del proyecto es necesaria la implicación de más personas. Ningún acontecimiento de esta magnitud puede sostenerse indefinidamente sobre el esfuerzo de unos pocos.

 

Y quizá ahí se encuentre el verdadero reto del futuro.

 

Porque el Camarzius Fest ya ha demostrado que posee identidad propia, personalidad y una fórmula única donde conviven Roma y el rock, la tradición y la innovación, la historia y el futuro.

 

Ahora corresponde a toda una comunidad ayudar a que ese sueño siga creciendo.

 

Porque mientras cada mes de agosto vuelvan a sonar las guitarras junto al Tera, mientras los gigantes recorran las calles y los legionarios vuelvan a levantar sus tiendas en La Barca, Camarzana seguirá recordando que un pueblo que cuida su cultura nunca deja de escribir su propia historia.

 

 

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