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Homenaje

“Creía que ibais a sustituir al cura”, la emotiva sorpresa al párroco más veterano de la comarca

Redacción Jueves, 06 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:

La comunidad de Vega de Villalobos vivió este domingo una de esas jornadas que quedan grabadas en la memoria colectiva. El pequeño municipio zamorano quiso sorprender y agradecer públicamente la labor de su párroco, Abelardo Febrero, que a sus 93 años continúa recorriendo pueblos, celebrando misa, acompañando a familias y manteniendo viva la vida espiritual de la comarca. El templo se llenó para un homenaje sencillo, cálido y profundamente sentido

 

El acto comenzó tras la misa dominical, cuando un vecino subió al atril para leer una carta enviada por el obispo de Zamora, Fernando Varela, quien no pudo asistir pero quiso unirse “a esta acción de gracias por tu vida y tu historia”. En su mensaje, el prelado expresó su “profundo agradecimiento” por la trayectoria vocacional del sacerdote y su “disponibilidad y generosidad” en el servicio pastoral. “Ser pastor en este siglo es un reto apasionante que ejerces con tesón”, escribió Varela, destacando su entrega diaria y su cercanía con la comunidad.

 

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La sorpresa emocionó al párroco, que bromeó al inicio del homenaje: “Creía que ibais a sustituir al cura”, dijo entre risas. Después, conmovido, agradeció el gesto y aseguró que siempre ha intentado “buscar el bien de la comunidad”, pidiendo disculpas por si en algún momento hubiera podido causar algún inconveniente. “Gracias… No sé si lo merecía”, afirmó con humildad.

 

Abelardo Febrero llegó a Vega de Villalobos en 1962, siendo un sacerdote joven. Permaneció varios años en el municipio antes de ser trasladado a otras parroquias, pero su vínculo con Vega nunca se rompió. A su jubilación, regresó para seguir atendiendo a la comunidad cuando el pueblo se quedaba sin párroco. “Ni siquiera dudaste… pusiste a las personas por delante de tu comodidad”, recordaron los vecinos.

 

Los representantes de la plataforma Salvemos Nuestra Torre (SNT) —impulsada por el propio Febrero para restaurar la espadaña de la iglesia de San Román— destacaron su papel decisivo en la vida social y cultural del pueblo. “Hablar de don Abelardo es hablar de una parte de la historia de este pueblo”, afirmaron. Recordaron cómo, en los años sesenta, el sacerdote introdujo actividades que entonces resultaban casi revolucionarias: excursiones, fiestas, reuniones, teatro, convivencia entre chicos y chicas… “Entendiste que, para que los jóvenes se acercaran a la Iglesia, primero la Iglesia tenía que acercarse a ellos”.

 

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Además, fue el alma del equipo de fútbol de la localidad y acompañó a los jóvenes a los bailes de otros pueblos, esperando en la plaza con su sotana para que pudieran volver a casa con seguridad. “Nunca has visto un pueblo; siempre has visto personas”, resumieron los vecinos.

 

 

El homenaje incluyó la entrega de varios obsequios: un ramo de flores, un cuadro con fotografías antiguas de Abelardo en sus primeros años en Vega y una placa de reconocimiento por su labor. El coro parroquial interpretó dos canciones, Vaso Nuevo y Trovador, que pusieron el broche musical a la celebración.

 

Febrero, visiblemente emocionado, recordó que Vega es “el testimonio de la diócesis” y elogió el trabajo de los vecinos: “Lo estáis haciendo muy bien”. También rememoró las dificultades de otros tiempos, cuando “apenas se podía dejar salir a los chicos y chicas de casa”, y cómo acompañaba a los jóvenes en sus actividades para garantizar su bienestar.

 

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A sus 93 años, Abelardo Febrero sigue subiendo al coche para celebrar misa, visitar enfermos, acompañar a familias y mantener viva la espiritualidad de Vega y Villalobos. “Haces cercano el misterio de la gracia”, escribió el obispo Varela en su carta, reconociendo su dedicación constante.

 

El homenaje de este domingo no solo celebró la trayectoria de un sacerdote, sino también la historia compartida de un pueblo que reconoce en él una figura esencial de su identidad. Vega de Villalobos quiso decirle, con un templo lleno y un aplauso largo: gracias por tanto, don Abelardo.

 

 

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