Para Gabella, de 20 años, la cita supone un paso decisivo en su formación taurina y una oportunidad para demostrar la evolución que ha experimentado desde que decidió dedicar su vida al toreo. “Desde los 14 o 15 años sabía que quería ser torero”, confesaba en la entrevista que concedió el pasado mes de octubre. Su afición nació del toro enmaromado de Benavente, tradición que marcó su infancia y que sigue siendo su vínculo más profundo con la tauromaquia.
Sin antecedentes familiares en el mundo del toro, Adrián tuvo que abrirse camino por sí mismo. “Le pedí a mi madre que me llevara a la Escuela de Salamanca, pero al principio no quiso. No era lo que ella soñaba para mí”, recordaba. A los 18 años tomó la decisión de marcharse solo a Salamanca y comenzar su formación en la Escuela Taurina, donde hoy continúa entrenando a diario con disciplina absoluta.
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Su primer contacto real con la lidia llegó en una capea: “Me animaron mis amigos y di mis primeros pases. Fue una sensación única, imposible de olvidar.” Desde entonces, ha toreado seis festejos públicos entre novilladas y festivales, destacando la tarde del 29 de septiembre del pasado año en Mayorga de Campos, donde cortó una oreja y la entregó a un niño que había seguido sus entrenamientos. “Ver su cara de felicidad fue lo más bonito de la tarde.”
Gabella se define por una palabra que repite como mantra: entrega. “Quien paga una entrada merece ver a alguien que lo da todo.” No siente miedo, solo respeto: “El toro te puede quitar la vida, pero el miedo no cabe en esto.”
Sus referentes son claros: José Tomás, por su verdad y su profundidad; Roca Rey, Castella y Juan Ortega, por su elegancia y pureza. De todos aprende, pero sin renunciar a construir su propio estilo.
Su preparación en Salamanca es diaria y exigente: carrera por la mañana, entrenamiento técnico con capote y muleta, y sesión física por la tarde con el toro de salón. “La disciplina y el conocimiento son la clave del éxito. Una tarde puede salir bien o mal, pero lo importante es haber hecho los deberes antes.”
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La novillada del 22 de agosto será su primera aparición del año en los ruedos y llega en un momento clave para su proyección. Torear en Fermoselle, una plaza con tradición y público entendido, supone para él un examen y una oportunidad para seguir sumando experiencia.
Gabella no oculta su sueño: torear algún día en Benavente. “Creo que el público respondería. Aquí hay mucha afición y me encantaría presentarme ante mi gente.”
Mientras ese día llega, el novillero benaventano continúa construyendo su camino con humildad, trabajo y una fe inquebrantable en su vocación. La tarde de Fermoselle será un nuevo capítulo en la historia de un joven que vive el toreo como una forma de vida y que aspira a abrirse paso en un mundo tan exigente como apasionante.
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