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Concierto

Patrimonio y música se funden en un memorable concierto de la Orquesta Euroamericana en el Monasterio de Santa Marta de Tera

Redacción Domingo, 26 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:

Hay lugares donde la música simplemente se escucha. Y hay otros donde parece dialogar con la piedra, con la historia y con el paisaje. El Monasterio románico de Santa Marta de Tera pertenece a este segundo grupo

 Allí, donde desde hace casi un milenio la piedra contempla el paso de los siglos y de los peregrinos, volvió a celebrarse una de las citas culturales más esperadas del verano zamorano: el V Concierto de Verano organizado por la Asociación de Amigos del Monasterio de Santa Marta de Tera con el patrocinio  de la Diputación de Zamora.


La tarde, más fresca de lo habitual para finales de julio, regaló unas condiciones inmejorables para disfrutar de una velada que ya forma parte del calendario cultural de los Valles del Tera. Poco a poco fueron ocupándose los asientos instalados frente a la portada norte  del monasterio, mientras el silencio del templo parecía prepararse para recibir un nuevo lenguaje: el de la música.

 

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Mucho más que un concierto


Durante generaciones, el verano en nuestros pueblos ha estado ligado a las fiestas patronales, las verbenas y las reuniones familiares. Sin embargo, desde hace unos años, ese patrimonio festivo ha encontrado un magnífico complemento en una programación cultural de gran calidad que demuestra que el medio rural también puede ser escenario de grandes acontecimientos artísticos.


La Diputación de Zamora supo comprender esta realidad cuando decidió impulsar los conciertos vinculados al Monasterio de Santa Marta de Tera. Aquella apuesta inicial se ha convertido hoy en uno de los proyectos culturales más consolidados de la provincia.

 

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No es casualidad que este concierto reúna cada año a centenares de personas. El verano devuelve a los Valles del Tera a muchos vecinos que emigraron hace décadas y que regresan acompañados de hijos y nietos. Ellos encuentran aquí no solo el reencuentro con sus raíces, sino también una programación cultural que dignifica el patrimonio y demuestra que nuestros pueblos están llenos de vida.

 


La piedra también escuchó


Pocas veces un escenario resulta tan perfecto para un concierto. A los pies de la portada románica, bajo la atenta presencia de la escultura de San Judas Tadeo, , la Orquesta Euroamericana volvió a ofrecer una actuación brillante dirigida por el maestro toresano Ángel del Palacio, cuya sensibilidad artística volvió a quedar patente durante toda la interpretación.


Parecía que las propias piedras del monasterio respiraban al ritmo de la música. Las esculturas románicas, acostumbradas durante siglos al silencio de la oración, parecían contemplar con serenidad cómo las melodías llenaban cada rincón del monumento. Incluso la imagen pétrea de San Judas Tadeo parecía escuchar, inmóvil desde hace siglos, aquella sucesión de acordes que convertían el templo en un inmenso auditorio al aire libre.
El entorno natural de los Valles del Tera, con la frescura de sus aguas y la tranquilidad de sus paisajes, terminó de completar una atmósfera difícilmente repetible en otro lugar.

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Un viaje por la mejor música española


La primera parte del concierto estuvo dedicada al patrimonio musical español.
La delicada Andante expresivo, de Jesús de Monasterio, abrió una interpretación que pronto dio paso a algunas de las páginas más conocidas y queridas de la zarzuela.


Sonaron fragmentos inolvidables de La Gran Vía, el popular Chotis de Eliseo y otras composiciones que forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones de españoles.

 

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El público respondió con entusiasmo a cada una de ellas, reconociendo melodías que durante décadas acompañaron la vida cultural del país.


Especialmente emotiva resultó la interpretación del Chotis de Eliseo, ofrecida como un sentido homenaje a los difíciles momentos que atraviesan numerosos municipios madrileños afectados por los graves incendios forestales. La música se convirtió así en un sencillo pero profundo gesto de solidaridad.


La primera parte concluyó con el Vals triste, de Jean Sibelius, una obra llena de delicadeza que dejó al público sumido en un respetuoso silencio antes de estallar en un largo aplauso.


Durante su intervención, Ángel del Palacio quiso reivindicar el valor de la zarzuela y del llamado género chico, recordando que constituye una parte esencial del patrimonio musical español y que debe ser conocido por las nuevas generaciones para evitar que quede reducido únicamente a unas notas escritas sobre un pentagrama.
Cuando el cine volvió a emocionar


Tras el descanso llegó uno de los momentos más esperados. Las primeras notas de las bandas sonoras cinematográficas transformaron inmediatamente el ambiente. Las composiciones de La Guerra de las Galaxias despertaron sonrisas, recuerdos y emoción entre los asistentes. Los mayores revivían la fascinación que sintieron al descubrir aquella saga en las salas de cine; los más jóvenes reconocían unas melodías que también forman parte de su infancia.


La música demostró una vez más su extraordinaria capacidad para unir generaciones. Abuelos, padres y nietos compartían idénticas emociones mientras las partituras iban desgranando recuerdos distintos pero igualmente intensos. Fue una segunda parte vibrante, donde el repertorio cinematográfico terminó confirmando el enorme acierto de una programación pensada para emocionar a públicos muy diversos.

 

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Un homenaje permanente al Camino de Santiago


Como viene siendo tradición, el concierto tuvo un significado mucho más profundo que el estrictamente musical.
Celebrado en la festividad de Santiago Apóstol, el acto volvió a convertirse en un homenaje a todos los peregrinos que recorren durante todo el año el Camino Mozárabe-Sanabrés hacia Compostela.


Antes del concierto se celebró una eucaristía concelebrada por el párroco Raúl Vega, durante la cual se recordó a quienes, desde distintos lugares del mundo, encuentran en Santa Marta de Tera uno de los momentos más emocionantes de su peregrinación.

 

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El monasterio constituye uno de los grandes símbolos jacobeos del noroeste peninsular. Su célebre Santiago Peregrino románico continúa siendo una de las representaciones más antiguas conocidas del Apóstol vestido como peregrino y constituye uno de los iconos internacionales del Camino de Santiago.


Durante la celebración también hubo un emocionado recuerdo para Manuel del Río , coautor, junto a sus amigos Alfredo y Paco,  de la magnífica escultura en madera de cerezo del Santiago Peregrino situada en el Palacio de los Obispos de Astorga. Hombre profundamente vinculado al Camino y gran enamorado del monasterio, su memoria quedó unida para siempre a este lugar que tanto admiró y ayudó a difundir.


En representación de todos los caminantes presentes y futuros intervino la peregrina argentina Silvia Nevi Cao, alojada precisamente ese día en el albergue de Santa Marta de Tera. Su presencia simbolizó a los miles de peregrinos que, año tras año, llegan desde todos los continentes para descubrir este rincón privilegiado del Camino Mozárabe-Sanabrés.

 

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Cultura para fijar la vida en nuestros pueblos


Más allá de la calidad artística del concierto, la jornada volvió a demostrar que la cultura constituye una poderosa herramienta para dinamizar el medio rural.


Cada actividad organizada en torno al monasterio atrae visitantes, favorece la hostelería, da visibilidad al patrimonio y fortalece el orgullo de pertenencia de quienes viven en los Valles del Tera.


La Asociación de Amigos del Monasterio continúa demostrando que el compromiso ciudadano puede convertirse en un motor capaz de conservar el patrimonio, divulgar la historia y proyectar el nombre de Santa Marta de Tera mucho más allá de nuestras fronteras.

 

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Una tradición que ya forma parte del verano zamorano


Cuando las últimas notas se apagaron y los aplausos resonaron entre los muros románicos, muchos permanecieron unos minutos contemplando el monasterio iluminado por la suave luz del atardecer.
Era uno de esos instantes en los que cuesta abandonar el lugar porque se tiene la sensación de haber vivido algo irrepetible.


El V Concierto de Verano confirmó que esta iniciativa ha dejado de ser una actividad puntual para convertirse en una auténtica tradición cultural de los Valles del Tera. Un encuentro donde patrimonio, música, naturaleza y espiritualidad se funden en una misma experiencia.


Porque en Santa Marta de Tera la música no solo se interpreta. Se siente.


Y cuando las notas nacen junto a un monasterio que lleva casi mil años acogiendo peregrinos, parecen adquirir una dimensión distinta, capaz de emocionar, de unir generaciones y de recordar que la cultura sigue siendo una de las formas más bellas de mantener vivos nuestros pueblos y de proyectar al mundo el extraordinario patrimonio histórico y humano que atesoran los Valles del Tera.

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