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Reportaje de Rebeca Castaño
Martes, 9 de enero de 2018
Reportaje

Ribadelago y sus almas en silencio en el 59 aniversario la rotura de la Presa Vega de Tera

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Una de las mayores tragedias en España sigue latente en el recuerdo de los supervivientes

Una noche fría de un 9 de Enero de 1959, los 549 vecinos del pueblo de Ribadelago permanecían en sus hogares, descansando tras una dura jornada de trabajo, compartiendo momentos con sus familiar, bajo la sombra de una presa, construida dos años antes, sin saber que pocos minutos después se convertiría en el motivo de una tragedia que pudo ser evitada.


 

En 1957 se erigía bajo este paisaje de Sanabria y cercano al pueblo de Ribadelago una imponente presa, cuyo único fin era contener agua en uno de los proyectos llevados a cabo bajo la dictadura de Francisco Franco. Durante su construcción los propios trabajadores eran conscientes de las graves deficiencias debido a la mala calidad de sus materiales.

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El 9 de enero de 1959, durante esa fatídica noche, los contrafuertes número 21 y 22 cedieron a la presión del agua, con ellos también se vinieron abajo los contrafuertes 20, 19 y 18, dando paso a una gran masa de agua, en concreto 8 millones de metros cúbicos, que arrasaban con todo a su paso y se acercaban a Ribadelago.


 

Supervivientes de esta catástrofe, aún recuerdan el estruendo del agua destrozando el pueblo y llevándose con ella 144 personas, de las cuales 28 cuerpos pudieron ser recuperados, durante los días después, las 116 almas perdidas permanecen en el fondo de las aguas.


 


 

Muchos de los supervivientes se cobijaban en la pequeña iglesia de Ribadelago, otros amanecían deambulando entre barro, escombros sin saber donde ir, sin saber donde estaba su familia.

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Después de la rotura

La asistencia a las víctimas no llegó hasta el día siguiente, la escasa infraestructura con la que se contaba, y la situación geográfica de Ribadelago no facilitaron las labores de auxilio, aún así un importante movimiento social se volcaba para ayudar a los supervivientes.


 


 

Los servicios de rescate, junto con los buzos, se adentraban en las aguas para rescatar a aquellas personas que sin vida, pudieron subir a la superficie. Mientras, unos días después responsables acudían a la zona para atestiguar las causas de la rotura de la presa, algo que fue acallado ante la prensa de aquella época.


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Un negligencia que fue juzgada, con un único condenado, el encargo de la obra, mientras que los directivos de la Hidroeléctrica Moncabril y titular de la explotación soportaron penas de privacidad de la libertad sin entrar en prisión.


 

Al margen del juicio el régimen franquista no depuró ningún tipo de responsabildidades.


 

Indeminizaciones:


 

Se establecieron tres tipo de indemnizaciones para las víctimas, 90.000 pesetas por cada fallecido varón, 60.000 pesetas por cada mujer fallecida y 25.000 pesetas por cada bebé o niño.

 

Unas cantidades que poco podían curar las heridas causadas por esa fatídica presa, que hizo a Ribadelago permanecer en la historia como la segunda tragedia mayor registrada en España, la primera fue con otra rotura de presa en el año 1785 en Lorca, Murcia, con 608 muertos.


 

Franco hizo construir un nuevo pueblo de Ribadelago, a 1 kilómetro del primero y lo hizo llamar “Ribadelgado de Franco”.

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En la actualidad


 

Los únicos retazos que quedan de este poblado son la presa, que no fue reconstruida, y que ahora forma parte de las rutas turística y las imágenes de aquel día de los supervivientes.


 

Hace unos años se formó la Asociación Hijos de Ribadelago con el objetivo de seguir dando voz a las reivindicaciones de responsabilidades.


 

Ribadelago, desde ese fatídico día, le ha acompañado numerosas leyendas, que no dejan de formar parte de ese paisaje, en muchas ocasiones fantasma, que permite no olvidar la tragedia bajo a mirada de la escultura de una madre con su hijo en brazos, inmortalizada para la eternidad.

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