Zamora fue, de la mano de Manuel Martínez Molinero, el germen de la primera Escuela Taurina del país. Años después de un intento fallido de implantar una Escuela Taurina en la provincia, profesionales del sector reclaman un centro de formación para novilleros y aficionados prácticos. Así quedó patente ayer en Villalba de la Lampreana, que abrió sus jornadas taurinas con una sesión práctica de toreo dirigida por el matador de toros Alberto Durán a la que siguió una animada mesa redonda.
Los capotes y las muletas convirtieron la Plaza Mayor de Villalba de la Lampreana en una improvisada plaza de toros donde los aficionados y jóvenes de la comarca soñaron por unos instantes el toreo. Carretones y cuernas suplieron a los astados de las mejores divisas mientras los jubilados del pueblo y un puñado de curiosos sentados en los bancos eran el mejor tendido. Allí, el matador de toros Alberto Durán dirigía unas clases prácticas a los asistentes, que comprobaban en carne propia lo que cuesta mover un capote o el peso de una muleta y la importancia de la muñeca, allá donde reside el alma del toreo.


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