«Tartufo (Play)», de Teatro Kumen: un clásico que desenmascara las falsas virtudes cierra el XXVI Certamen Nacional de Teatro para Aficionados de Benavente
«La hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud».
Molière, dramaturgo francés
Fotos:Rafiki
Han pasado más de tres siglos desde que Molière, dramaturgo y actor francés del siglo XVII, considerado uno de los grandes maestros de la comedia europea escribiera Tartufo, continuando la hipocresía encontrando escenarios donde representar su función.
Cambian las épocas, los discursos y las formas de conquistar la confianza ajena, pero permanece la misma contradicción: quienes más presumen de virtud no siempre actúan conforme a ella.
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Con esta premisa, Teatro Kumen, compañía procedente de Langreo (Asturias), puso el broche a las ocho obras participantes en la fase competitiva del concurso, bajo la dirección de José Ramón López Menéndez.
La elección de este clásico para cerrar las representaciones a concurso permitió regresar a la comedia, género con el que había comenzado el certamen, y hacerlo de la mano de una obra que convierte la risa en una herramienta para examinar las contradicciones humanas.
Un clásico que conserva intacta su mordacidad
En Tartufo, Molière retrata a un impostor que se sirve de una falsa virtud religiosa para ganarse la confianza de Orgón, quien, cegado por la admiración, ignora las advertencias de su familia y pone en peligro su bienestar. La obra sigue vigente por su crítica a la hipocresía y a quienes utilizan las creencias y las apariencias para manipular y obtener beneficios personales.
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Un preámbulo que abrió las puertas de la representación
Antes de entrar plenamente en la historia, los integrantes del grupo teatral ofrecieron una breve actuación a modo de preámbulo en el que se mostraron en su faceta de intérpretes, antes de asumir por completo la identidad de sus personajes.
El vestuario, que denotaba el ambiente burgués de la época, la música barroca francesa y la escenografía; sobria pero elegante, junto con la iluminación; que cambiaba de tonalidad y colores conforme al clima del momento, contribuyeron a crear una atmósfera reconocible, capaz de transportar a los presentes al espacio doméstico en el que Tartufo despliega sus estrategias de seducción y engaño.
La escena donde Tartufo procedía a entregarse a los placeres mundanos, la incorporación de la canción “You can leave you hat on “de Joel Cocker, elevó la energía de la escena y provocó un auténtico subidón entre los asistentes, introduciendo un contraste que reforzó el carácter irreverente de la propuesta.
Uno de los aspectos más destacados de la representación fue la articulación de los intérpretes y su capacidad para seguir el libreto con fluidez.
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La interpretación de un clásico de estas características exige concentración, coordinación y dominio del texto y este grupo teatral consiguió sostener esa dinámica.
La fidelidad al libreto original constituyó otra de las líneas reconocibles de la puesta en escena, aunque hubo espacio para determinadas licencias que acercaron la representación a la sensibilidad contemporánea.
Tartufo y Orgón, dos interpretaciones en el centro del conflicto
Las dos grandes columnas interpretativas de la representación fueron, sin lugar a dudas, los actores que encarnaron a Tartufo y Orgón: Iván García y Miguel Peinado, respectivamente. Ambos personajes sostienen el núcleo del conflicto dramático y representan dos fuerzas enfrentadas.
La efusividad y el dramatismo estuvieron presentes en la construcción de ambos personajes, dos interpretaciones que concentraron buena parte de la atención del público. Al término de la función, los comentarios entre los asistentes reflejaban la dificultad de decantarse por una de las dos, muestra del interés que despertó el enfrentamiento escénico entre ambos protagonistas.
Sin lugar a dudas, a nuestro parecer, ellos están obligatoriamente inscritos en los nominados a mejores actores de esta edición.
Cabe destacar el trabajo de los demás intérpretes: Paz Vega, como Dorina, conquistó al público con su viveza, desparpajo y referencias actuales de la vida cotidiana. Por su parte, Jorge Arenas, como Valerio, destacó por su aire arlequinesco y su vis cómica, tras abrir el preámbulo invitando al público a participar en la interpretación de Amante bandido, de Miguel Bosé, en complicidad con Cristina Galla, quien aportó frescura y humor como Mariana. También Rosario Taberna, como Madame Pernelle, y Carmen Trapiello, como Elmira, completaron el reparto con interpretaciones elegantes y comedidas, acordes con sus personajes.
Una despedida entre aplausos
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La respuesta de los espectadores, que despidieron a la compañía con una ovación de pie, puso de manifiesto la buena acogida de la propuesta. Más allá del entretenimiento, la obra dejó sobre el escenario una reflexión acerca de las falsas apariencias, la credulidad y la facilidad con la que alguien puede utilizar la virtud como disfraz para satisfacer sus propios intereses.
Ficha artística
· Madame Pernelle: Rosario Tabernas
· Orgón: Miguel Peinado.
· Elmira: Carmen Trapiello.
· Mariana: Cristina Galla.
· Valerio: Jorge Arenas.
· Tartufo: Iván García.
· Dorina: Paz Vega.
· Adaptación, dirección artística y espacio escénico: José Ramón López Menéndez.
· Dirección musical: José Ramón López Menéndez.










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