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Premios

La cultura vuelve a brillar en Rionegro con la entrega de los prestigiosos Premios Diego de Losada

Redacción Lunes, 12 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:

El pintor David Martínez Calderón conquista el primer premio de Pintura, dotado con 6.000 euros, con su obra «La distancia entre las cosas». La poesía y la fotografía completaron una jornada de reconocimiento a la creación artística en unos galardones que mantienen viva la proyección cultural de Rionegro del Puente y de toda la comarca de Sanabria y Carballeda.

 

 


 

La cultura volvió a encontrar en Rionegro del Puente uno de esos escenarios privilegiados donde el arte, la literatura, la historia y el sentimiento de pertenencia a una tierra se dan la mano. La tarde del domingo 11 de octubre de 2026, la Sala de Exposiciones del Palacio de Diego de Losada se convirtió en el epicentro de la actividad cultural zamorana con la entrega de los prestigiosos Premios Diego de Losada, unos galardones que, edición tras edición, han conseguido traspasar las fronteras provinciales para convertirse en una referencia de la creación artística y literaria.

 

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No deja de resultar admirable que una pequeña localidad de la Carballeda zamorana haya sido capaz de mantener durante tantas décadas una iniciativa cultural de semejante dimensión. En un tiempo en el que el medio rural lucha por conservar su población, sus servicios y buena parte de sus tradiciones, Rionegro del Puente demuestra que la cultura también puede convertirse en una poderosa herramienta de identidad, prestigio y proyección exterior.

 

La celebración de estos premios constituye, además, una forma de reivindicar la memoria de uno de sus hijos más ilustres, Diego de Losada, el conquistador nacido en estas tierras zamoranas que pasó a la historia como fundador de la ciudad de Santiago de León de Caracas, en Venezuela, en 1567.

 

De alguna manera, aquellos vínculos históricos que durante siglos unieron a España con América encuentran hoy una expresión renovada a través de la pintura, la poesía y, especialmente, de una fotografía abierta a los países hispanoamericanos.

 

 

David Martínez Calderón conquista el gran premio de Pintura

 

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El momento más destacado de la ceremonia llegó con la proclamación del ganador del Premio Diego de Losada de Pintura, el galardón de mayor dotación económica del certamen, establecido en 6.000 euros.

 

El jurado concedió el primer premio a la obra «La distancia entre las cosas», del pintor David Martínez Calderón, que pasa así a formar parte de la relación de artistas distinguidos en este prestigioso concurso.

 

El título de la obra premiada resulta, por sí mismo, sugerente. Esa distancia entre las cosas que el artista propone invita a reflexionar sobre los espacios que separan los objetos, las personas o los recuerdos, y sobre la capacidad de la pintura para establecer relaciones entre aquello que contemplamos y aquello que sentimos.

 

Sin entrar en una interpretación de la obra que corresponde al propio artista y a quienes puedan contemplarla directamente, su elección como ganadora representa un nuevo reconocimiento a la creación pictórica contemporánea dentro de un certamen que ha hecho del arte uno de sus principales símbolos de identidad.

 

El jurado concedió también dos menciones especiales, dotadas cada una con 400 euros y diploma acreditativo.

 

La primera Mención Especial correspondió a Daniel Núñez Pernas, de Elche (Alicante), por su obra «Olvidado descuido», mientras que la segunda recayó en Francisco Tomás Medina Pérez, de Cabrerizos (Salamanca), por «Historic Square».

 

Los restantes finalistas recibieron igualmente sus diplomas, como reconocimiento a su participación y a la calidad de los trabajos seleccionados.

 

La presencia de artistas procedentes de diferentes lugares de España pone de manifiesto la capacidad de convocatoria de estos premios y su consolidación como una cita que despierta interés mucho más allá de las fronteras de Zamora. En esta edición una de las finalistas en Pintura Svet Rentería Durand ha viajado desde Perú para estar presente en la ceremonia de entrega de premios y recibir su diploma.

 

 

Cuarenta y tres ediciones de poesía: una extraordinaria fidelidad a la palabra

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Si la pintura representa la mayor dotación económica de los Premios Diego de Losada, la poesía constituye una de sus expresiones más arraigadas y longevas.

 

En esta edición de 2026, el certamen poético ha alcanzado nada menos que su cuadragésima tercera convocatoria, una cifra que habla por sí sola del esfuerzo realizado durante décadas para mantener viva la creación literaria en una pequeña localidad zamorana.

 

El jurado concedió el Premio Diego de Losada de Poesía al trabajo titulado «El vientre de la ballena», de Fátima Chamorro Merino, vinculada a Alcalá de Henares y Madrid.

 

La autora es diplomada en Magisterio y doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Alcalá de Henares, una formación académica estrechamente relacionada con el conocimiento de la lengua y la literatura.

 

El galardón está dotado con 500 euros, una placa conmemorativa y lotes de libros.

 

La elección de un poema con un título tan evocador como «El vientre de la ballena» añade una nueva página a la historia literaria de estos premios. La ballena, figura de enorme simbolismo en la literatura universal, ha sido utilizada frecuentemente como imagen del misterio, del aislamiento, del viaje interior o de la transformación humana.

 

Pero más allá del contenido concreto de la composición ganadora, lo verdaderamente significativo es que Rionegro del Puente continúa reservando un lugar destacado a la poesía, ese género literario que tantas veces encuentra dificultades para alcanzar la difusión y el reconocimiento que merece.

 

Cuarenta y tres ediciones no se improvisan. Detrás de ellas hay años de trabajo, jurados, autores, instituciones y personas convencidas de que la palabra escrita también forma parte del patrimonio cultural de los pueblos.

 

 

La fotografía abre una ventana desde Zamora hacia España e Hispanoamérica

 

 

La tercera gran protagonista de la jornada fue la fotografía, una disciplina que ha adquirido una dimensión especialmente significativa dentro de los Premios Diego de Losada.

 

El concurso contempla dos apartados diferenciados: Temas de Zamora y Temas de España e Hispanoamérica.

 

Esta división permite, por una parte, reconocer el valor documental, artístico y etnográfico de las imágenes relacionadas con la provincia zamorana y, por otra, abrir el certamen a territorios y realidades culturales mucho más amplios.

 

Se trata de una fórmula especialmente apropiada para unos premios que llevan el nombre del fundador de Caracas, porque establece un puente simbólico entre la tierra natal de Diego de Losada y el extenso mundo hispanoamericano.

 

 

Cuatro latas y un Viernes Santo alistano, protagonistas de la fotografía zamorana

 

En el apartado dedicado a Temas de Zamora, el primer premio correspondió a la fotografía «Cuatro latas», de Gema Martín González, de Madrid.

 

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El segundo premio fue concedido a José Manuel Maiquez Mijares, de Fuengirola (Málaga), por su fotografía «Viernes Santo en Aliste».

 

 

Esta última obra, por su temática, nos remite a uno de los universos culturales y religiosos más singulares de la provincia: la Semana Santa alistana, donde la tradición, la religiosidad popular y la memoria colectiva continúan profundamente vinculadas a la vida de sus pueblos.

 

La fotografía tiene precisamente esa extraordinaria capacidad de conservar instantes que, de otro modo, desaparecerían para siempre. Un gesto, una mirada, una ceremonia o una escena cotidiana pueden transformarse, a través del objetivo, en testimonios duraderos de una época y de una comunidad.

 

Y en una provincia como Zamora, donde tantas manifestaciones culturales siguen ligadas a los pequeños municipios, la fotografía adquiere también una importante función de conservación del patrimonio inmaterial.

 

 

La tradición y el trabajo marinero, reconocidos en el apartado internacional

 

En la categoría de Temas de España e Hispanoamérica, el primer premio fue concedido a Luis Menéndez Arias, de San Sebastián de los Reyes, por su fotografía «Una tradición de todos».

 

 

El segundo premio correspondió nuevamente a José Manuel Maiquez Mijares, de Fuengirola, en esta ocasión por la obra «Pesca de atún en Barbate».

 

De esta manera, el fotógrafo malagueño consiguió dos reconocimientos en una misma edición, uno en cada categoría del certamen.

 

La referencia a la pesca del atún en Barbate introduce en el concurso una temática estrechamente relacionada con las formas tradicionales de trabajo y con la cultura marinera de Andalucía, ampliando así el abanico de paisajes humanos y culturales representados.

 

Los primeros premios de ambas categorías fotográficas estuvieron dotados con 250 euros, placa conmemorativa, diploma y lote de libros, mientras que los segundos recibieron 150 euros, placa, diploma y lote de libros.

 

Aunque las cuantías económicas son modestas en comparación con las del certamen pictórico, el reconocimiento institucional y la trayectoria de los premios constituyen un estímulo para quienes encuentran en la fotografía una forma de expresión artística y de documentación de la realidad.

 

 

La Diputación de Zamora, un apoyo fundamental para la continuidad de los premios

 

La ceremonia contó con una destacada representación institucional, encabezada por los responsables municipales y provinciales que quisieron acompañar a los premiados y a la Fundación Diego de Losada en esta nueva edición.

 

Participaron en la entrega de galardones el alcalde de Rionegro del Puente, José Colino, y el alcalde de Molezuelas de la Carballeda, Álex Satur, junto al teniente de alcalde de Rionegro, Javier Santiago.

 

Por parte de la Diputación Provincial de Zamora estuvieron presentes el diputado de Sanabria y Carballeda, José Manuel Chimeno, y el vicepresidente segundo de la institución provincial, Ramiro Silva.

 

Este último puso de relieve durante su intervención el valor de la continuidad de unos galardones que han conseguido mantenerse a lo largo de tantas décadas.

 

Como expresó Ramiro Silva, «la permanencia de unos premios por tantos años dice mucho del interés y prestigio de estos galardones».

 

Una reflexión que resume acertadamente lo que representan los Premios Diego de Losada para la cultura provincial.

 

Porque organizar una convocatoria cultural puede resultar relativamente sencillo cuando existe entusiasmo y respaldo económico. Lo verdaderamente difícil es mantenerla durante años, conservar su capacidad de convocatoria y conseguir que nuevas generaciones de artistas y escritores continúen considerando prestigioso participar en ella.

 

En esa continuidad ha desempeñado un papel decisivo la Diputación Provincial de Zamora, principal patrocinadora de los premios desde la etapa en la que Jesús María Prada ejercía como diputado de Cultura.

 

Precisamente, uno de los momentos más emotivos de la jornada estuvo relacionado con el recuerdo de aquellos años.

 

 

Eva Lobato, presidenta del jurado de Pintura, evocó durante su intervención la importancia del apoyo institucional iniciado en aquella etapa, ante la presencia del propio Jesús María Prada, que un año más asistió al acto entre el público.

 

Fue un reconocimiento a una labor que, con el paso del tiempo, ha demostrado su trascendencia.

 

Las iniciativas culturales necesitan personas capaces de impulsarlas, pero también instituciones dispuestas a sostenerlas cuando desaparece la novedad de sus primeras convocatorias. Y en el caso de los Premios Diego de Losada, esa colaboración ha permitido construir una trayectoria de la que hoy puede sentirse orgullosa toda la provincia.

 

 

Rionegro del Puente, un pequeño pueblo con una gran vocación cultural

 

Hay algo especialmente significativo en la celebración de estos premios: su escenario.

 

No se entregan en una gran capital ni en un centro cultural de una ciudad populosa. Se celebran en Rionegro del Puente, una localidad de la Carballeda zamorana que ha sabido convertir su vinculación histórica con Diego de Losada en un elemento de identidad y proyección cultural.

 

El Palacio de Diego de Losada, convertido durante la ceremonia en lugar de encuentro de artistas, escritores, fotógrafos y representantes institucionales, simboliza esa voluntad de mantener vivo el pasado sin renunciar a la creación contemporánea.

 

Y esa es, posiblemente, una de las mayores virtudes de estos galardones.

 

Mientras muchos pueblos del interior de España contemplan con preocupación la pérdida de habitantes y el progresivo envejecimiento de su población, Rionegro ofrece un ejemplo de cómo la cultura puede contribuir a mantener la actividad y el reconocimiento de una localidad.

 

La Fundación Diego de Losada desempeña en este sentido una función que va mucho más allá de la organización anual de unos premios.

 

Su trabajo permite conservar la memoria de un personaje histórico, promover las artes plásticas, estimular la creación literaria, fomentar la fotografía y mantener un espacio de encuentro entre personas procedentes de diferentes lugares de España.

 

Además, la apertura del certamen fotográfico al mundo hispanoamericano establece una relación cultural que conecta directamente con la figura del conquistador nacido en Rionegro.

 

Desde esta pequeña localidad zamorana, el nombre de Diego de Losada vuelve a viajar simbólicamente hacia América, esta vez no a través de las expediciones del siglo XVI, sino mediante el lenguaje universal de la creación artística.

 

 

La cultura rural también merece ocupar los grandes titulares

 

La entrega de los Premios Diego de Losada de 2026 deja una reflexión que trasciende la relación de ganadores y las cantidades económicas concedidas.

 

Durante demasiado tiempo, la cultura desarrollada en los pueblos ha sido considerada una actividad secundaria frente a la programación de las grandes ciudades. Sin embargo, iniciativas como la de Rionegro demuestran que la calidad, la continuidad y la capacidad de convocatoria no dependen necesariamente del número de habitantes de una localidad.

 

Dependen, sobre todo, de la voluntad de sus gentes, de la existencia de proyectos sólidos y del compromiso de las instituciones que los respaldan.

 

Los Premios Diego de Losada representan también una forma de resistencia frente al olvido. Cada convocatoria añade nuevos nombres a una historia cultural que comenzó hace décadas y que continúa enriqueciéndose con la participación de artistas y escritores de distintas generaciones.

 

En la tarde del 11 de octubre, el protagonismo correspondió a David Martínez Calderón, Fátima Chamorro Merino, Gema Martín González, Luis Menéndez Arias, José Manuel Maiquez Mijares y los demás artistas reconocidos.

 

Pero junto a ellos hubo otro gran protagonista: el propio pueblo de Rionegro del Puente.

 

Un pueblo que ha sabido comprender que su historia no debe permanecer únicamente en los libros, que el recuerdo de Diego de Losada puede servir para construir nuevos proyectos y que la cultura constituye una de las mejores formas de mantener viva la identidad de una comunidad.

 

Cuando finalizó la ceremonia y los galardonados recogieron sus reconocimientos, quedó escrita una nueva página de esta larga trayectoria cultural.

 

Una página en la que la pintura, la poesía y la fotografía volvieron a encontrarse bajo el nombre de un personaje nacido hace casi cinco siglos en tierras de la Carballeda.

 

Porque si Diego de Losada llevó el nombre de Rionegro hasta tierras americanas, cinco siglos después son el arte, la literatura y la fotografía los que continúan llevando el nombre de Rionegro del Puente mucho más allá de las fronteras de Zamora.

 

Y ese es, probablemente, el premio más importante que puede recibir un pueblo: conseguir que su nombre siga vivo en la memoria, en la cultura y en la obra de quienes crean belleza.

 

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