Día Domingo, 11 de Octubre de 2026
En un rincón de la Sierra de la Gamoneda, cerca de Requejo de Sanabria, sobrevive una de las masas de tejo más singulares de la Península Ibérica. Entre robles, abedules, acebos, serbales y arroyos de montaña, algunos ejemplares llevan más de un milenio contemplando el paso de generaciones. Entrar en el Tejedelo no es solamente adentrarse en un bosque: es penetrar en uno de esos escasos lugares donde la naturaleza parece haber conseguido detener el tiempo
Hay bosques que se recorren y hay bosques que, de alguna manera difícil de explicar, nos recorren a nosotros.El Tejedelo de Requejo pertenece a estos últimos.Quien llega hasta este rincón de Sanabria buscando simplemente una ruta entre árboles puede regresar con una sensación muy diferente. Porque cuando se alcanza la espesura y aparecen los primeros grandes tejos, oscuros, silenciosos y retorcidos por los siglos, resulta inevitable pensar en todo cuanto ha sucedido mientras ellos permanecían allí.Algunos ya estaban creciendo cuando buena parte de las iglesias románicas que hoy admiramos todavía no habían sido construidas.Y allí continúan.En silencio.
Un pequeño valle escondido entre las montañas
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El Tejedelo se encuentra en el término de Requejo, en el extremo noroccidental de la provincia de Zamora, en un pequeño valle recorrido por el arroyo Tejedelo, que nace bajo el Pico Cinseiro y termina entregando sus aguas al río Castro. El espacio protegido oficialmente como ZEC Tejedelo comprende 136,08 hectáreas y forma parte de la Red Natura 2000. La documentación oficial describe precisamente la presencia de bosquetes de viejos tejos (Taxus baccata) como el elemento más singular de este territorio.
Es una geografía que parece hecha expresamente para esconder un bosque.Las montañas lo envuelven, los arroyos lo atraviesan y la orientación septentrional de buena parte de sus laderas conserva humedad y frescor.
El visitante comienza encontrándose con robles. Después aparecen abedules, acebos, avellanos, serbales y sauces. El agua acompaña buena parte del paisaje y, poco a poco, el bosque se hace más profundo.Hasta que aparecen ellos.Los tejos.Entonces cambia todo.Las copas se oscurecen. La luz penetra con mayor dificultad. El aire parece más fresco y el silencio adquiere otra dimensión.Es como atravesar una frontera invisible.
Los ancianos del Tejedelo
Los paneles interpretativos que acompañan el recorrido hablan de cerca de un centenar de tejos con más de mil años, algunos con troncos que alcanzan alrededor de ocho metros de perímetro.Pero los números resultan insuficientes cuando uno se encuentra delante de ellos.
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¿Cómo se mide realmente un árbol de mil años?
Podemos medir su altura y el perímetro de su tronco. Podemos estudiar su madera, sus hojas o sus semillas. Podemos catalogarlo científicamente como Taxus baccata.
Lo verdaderamente difícil es medir el tiempo que contiene.
Mil años significan aproximadamente treinta o cuarenta generaciones humanas.
Cuando alguno de aquellos tejos comenzaba a desarrollarse, la historia de Sanabria era completamente distinta. Durante su existencia nacieron y desaparecieron aldeas, cambiaron reinos y fronteras, se construyeron iglesias y caminos, llegaron peregrinos, pastores, leñadores y viajeros.
Los hombres pasaron.
El árbol permaneció.
Quizá por eso contemplar uno de estos gigantes produce una extraña sensación de humildad.
Ante un tejo milenario nuestra propia existencia parece extraordinariamente breve.
Un superviviente de otros tiempos
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El tejo es además una especie antiquísima. Su linaje se remonta a tiempos muy anteriores a la presencia humana y ha conseguido sobrevivir a enormes transformaciones climáticas.
Hubo épocas en las que ocupaba territorios mucho más extensos. Cuando el clima era más húmedo y la presión humana menor, sus poblaciones estaban más ampliamente distribuidas. Hoy los grandes tejedales han quedado reducidos a enclaves especialmente favorables.
Y el Tejedelo es uno de ellos.
La importancia de Requejo reside precisamente en la combinación entre la antigüedad de algunos ejemplares y la conservación de varios rodales dentro de un bosque de montaña dominado fundamentalmente por melojos y acompañado de abedules y acebos. Fuentes institucionales han señalado al Tejedelo como una de las masas de tejo destacadas de Castilla y León y de la Península.
Aquí el tejo encontró su refugio.Un lugar fresco, húmedo y umbrío donde resistir.
El bosque que fabrica su propio clima
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Pero sería un error pensar que estos árboles se limitan a beneficiarse del bosque.También contribuyen a crearlo.Bajo las grandes copas del tejo cambia la sensación térmica. La sombra reduce el calor del verano, conserva la humedad y suaviza las condiciones ambientales del sotobosque.Y bajo esa protección encuentra refugio todo un pequeño universo.
Musgos y líquenes tapizan troncos y piedras. Numerosas plantas encuentran condiciones favorables bajo la cubierta forestal. Pájaros y pequeños mamíferos aprovechan sus frutos y su espesura.
El Tejedelo funciona así como una inmensa casa de muchas habitaciones en la que cada especie ocupa su pequeño espacio.El tejo es uno de sus grandes arquitectos.
El árbol venenoso que alimenta al bosque
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Pocas especies presentan una contradicción tan fascinante.
El tejo es extraordinariamente tóxico. Buena parte de la planta contiene sustancias capaces de provocar graves intoxicaciones.
Y, sin embargo, cuando llega el final del verano, las hembras se cubren de pequeñas envolturas carnosas de un rojo intenso: los arilos, conocidos tradicionalmente en la zona como treixas.
El contraste entre el verde oscuro de las hojas y aquellas pequeñas gotas escarlata convierte al árbol en uno de los espectáculos discretos del bosque.
Los pájaros acuden a ellas.Zorzales, mirlos y otras aves encuentran alimento y, al hacerlo, transportan las semillas.
El árbol parece haber establecido con ellos un pacto que dura desde mucho antes de que existieran los caminos de Sanabria:yo os alimento y vosotros lleváis mis descendientes más allá de mi sombra.Gracias a ese intercambio silencioso, generación tras generación, el bosque continúa renovándose.
Un árbol unido a los hombres
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El Tejedelo tampoco puede comprenderse únicamente desde la botánica.Durante siglos este bosque estuvo profundamente unido a la vida de los habitantes de Requejo y de los pueblos cercanos.El monte era despensa, establo, almacén, combustible y taller.De él procedían leña y madera. Allí pastaba el ganado. Se recogían ramas, cortezas, frutos, brezos y escobas. Cada especie tenía una utilidad y cada rincón poseía un nombre.Nada sobraba.
La madera del tejo, extraordinariamente dura, resistente y flexible, fue apreciada desde tiempos antiguos. Precisamente esa combinación de dureza y elasticidad hizo que históricamente fuera utilizada para fabricar arcos.Pero en Requejo la memoria conservada en los paneles del propio Tejedelo cuenta historias mucho más cercanas.Su madera llegó a utilizarse para los ejes de los carros de las vacas.Y aquellos carros, recuerda la tradición oral, “cantaban”.
Resulta hermoso imaginar ese sonido recorriendo los caminos de Sanabria: madera, hierro, animales y hombres avanzando lentamente entre las montañas.
El teixo del Domingo de Ramos
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Hay una tradición recogida en el propio bosque especialmente evocadora.Durante el Domingo de Ramos, los jóvenes ataban ramas de teixo a una larga vara que adornaban con cintas de colores y caramelos.Después las llevaban hasta la iglesia.Los mozos competían por presentar la más alta y mejor engalanada, algunas tan grandes que casi alcanzaban el techo.Una vez bendecidas, las ramas regresaban a las casas.Cada familia colocaba una en puertas o ventanas.No era solamente decoración.Aquellas ramas tenían un significado protector. Debían guardar a las personas y a los animales frente a los males y proteger las viviendas contra las tormentas y los rayos.Cristianismo y antiguas creencias populares terminaban encontrándose alrededor del mismo árbol.Porque probablemente ahí reside una parte del misterio cultural del tejo.Mucho antes de que la ciencia explicase su longevidad, los hombres ya habían comprendido que estaban ante un árbol diferente.
El árbol de la vida y de la muerte
Pocas especies europeas poseen una simbología tan poderosa.El tejo permanece verde durante el invierno cuando muchos árboles han perdido sus hojas.Puede vivir durante siglos.Incluso cuando parte de su tronco envejece o se ahueca, el árbol continúa vivo.De ahí que diferentes culturas europeas lo relacionaran con conceptos aparentemente opuestos: muerte e inmortalidad, cementerio y renacimiento, final y continuidad.No resulta extraño encontrar viejos tejos junto a iglesias y cementerios.Frente a ellos, la vida humana parece apenas un instante.Los paneles del Tejedelo expresan esta dimensión con una imagen especialmente hermosa: estos árboles son tan antiguos como una iglesia románica.La comparación resulta especialmente apropiada en Zamora.Con una diferencia fundamental.Una iglesia necesita que generaciones de hombres reparen sus cubiertas, reconstruyan sus muros y protejan sus esculturas.El tejo lleva siglos reparándose a sí mismo.
El bosque de los antiguos vecinos de Requejo
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Hubo un tiempo en que el Tejedelo estaba lleno de caminos.También de nombres.Había chozos donde resguardarse del frío y senderos utilizados por quienes subían con el ganado.Las familias conocían cada rincón porque una parte de su supervivencia dependía del monte.Del bosque obtenían alimentos para personas y animales, combustible para calentarse, madera para herramientas y casas y materiales para las labores agrícolas.Se utilizaban cortezas de abedul para proteger las colmenas del agua. Los brezos y otras plantas servían como cama del ganado. Robles, sauces y abedules proporcionaban madera para mangos de herramientas, yugos y diferentes utensilios.El bosque no era entonces un espacio que se visitaba durante unas horas.
Era parte de la casa.
Y quizá esa sea una de las grandes diferencias entre nuestra mirada actual y la de aquellos sanabreses.Nosotros acudimos al Tejedelo para contemplar la naturaleza.Ellos vivían dentro de ella.
Corzos, jabalíes, zorros y pájaros bajo los tejos
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Cuando los visitantes abandonan el sendero al final de la tarde, el bosque continúa viviendo.Los pájaros buscan alimento entre las ramas.Algún corzo atraviesa silenciosamente la espesura.Los jabalíes encuentran refugio entre la vegetación.Zorros, martas y otros pequeños habitantes utilizan un territorio que para nosotros es paisaje pero para ellos constituye todo su mundo.Los grandes árboles muertos tampoco dejan inmediatamente de ser útiles.Sus cavidades, ramas envejecidas y madera en descomposición se convierten en refugio y alimento para innumerables organismos.En un bosque antiguo, incluso la muerte produce vida.
El fuego, la gran amenaza
Existe, sin embargo, una palabra capaz de romper toda esta continuidad:fuego.
Un incendio intenso podría destruir en unas horas lo que la naturaleza ha necesitado siglos para construir.La vulnerabilidad frente a los incendios ha sido objeto de preocupación institucional durante años. En las Cortes de Castilla y León se ha debatido específicamente sobre la conservación del Tejedelo y sobre la necesidad de proteger una tejeda que se encuentra en un territorio afectado históricamente por incendios recurrentes.
El propio paisaje conserva las señales de esa preocupación. El cortafuegos del Alto del Cinseiro, creado en 1989 según los paneles interpretativos fotografiados en la ruta, intenta establecer una barrera frente a una amenaza que nunca puede darse completamente por desaparecida.Proteger el Tejedelo significa, por tanto, mucho más que conservar unos cuantos árboles monumentales.Significa proteger un proceso natural de siglos.
Un patrimonio de Requejo que pertenece a todos
Hay monumentos que llevan la firma de un arquitecto.Otros tienen fecha exacta de construcción.El Tejedelo carece de ambas cosas.Nadie colocó su primera piedra.Nadie sabe exactamente qué día germinó el más viejo de sus tejos.Su arquitecto ha sido el tiempo.
El agua, la humedad, la montaña, los animales, las semillas y generaciones enteras de habitantes de Requejo fueron escribiendo lentamente su historia.Hoy este espacio forma parte de la Red Natura 2000 y está reconocido oficialmente por sus valores naturales. Pero existe otra protección que ninguna figura administrativa puede sustituir.La que nace del conocimiento.Porque difícilmente se protege aquello que no se conoce.Y difícilmente se ama aquello que nunca se ha contemplado.
Entrar en el bosque y guardar silencio
Quizá la mejor manera de comprender el Tejedelo sea llegar hasta uno de sus grandes árboles y detenerse.Sin hablar.Sin buscar inmediatamente la fotografía.Simplemente mirar hacia arriba.Contemplar ese tronco enorme y las ramas oscuras perdiéndose entre las copas.Pensar entonces que, mucho antes de nosotros, alguien se detuvo posiblemente en ese mismo lugar.Quizá fue un pastor.Un muchacho de Requejo buscando treixas.Un hombre que necesitaba madera.Una mujer que recogía plantas.Un viajero sorprendido por aquellos árboles gigantescos.Todos regresaron finalmente al valle.El tejo quedó allí.Y probablemente, si sabemos protegerlo, continuará cuando tampoco nosotros estemos.Esa es quizá la mayor lección del Tejedelo.En una época acostumbrada a medir el tiempo en horas, días y años, estos árboles lo miden en siglos.Mientras nosotros contamos cumpleaños, ellos cuentan generaciones.Mientras cambian pueblos, fronteras y costumbres, ellos continúan fabricando lentamente madera, sombra, semillas y silencio.Por eso abandonar el Tejedelo produce una sensación extraña.Uno vuelve a caminar hacia Requejo, hacia las carreteras, las casas y el ruido cotidiano.Detrás queda el bosque.Y bajo sus copas oscuras permanecen los viejos tejos de Sanabria.Guardianes de una historia que comenzó mucho antes que la nuestra y que debería continuar mucho después.
Porque el Tejedelo no es solamente un bosque de árboles milenarios. Es una memoria viva de Sanabria. Un lugar donde todavía podemos acercarnos a un tronco, apoyar la mano sobre su corteza y tocar, durante unos instantes, mil años de historia.
![[Img #248143]](https://interbenavente.es/upload/images/10_2026/6081_img_9840.jpg)

















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