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Cultura

Carmen Cadierno convierte sus heridas en literatura con ‘Princesa de Cristal: entre la luz y la fragilidad’

Rebeca Castaño Sábado, 10 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:

La novela se encuentra a la venta en las librerías de Benavente y en plataformas digitales como Amazon o próximamente en la Casa del Libro

‘Princesa de Cristal: Entre la luz y la fragilidad’ es el primer libro publicado por Carmen Cadierno Justel, una obra que parte de experiencias personales para adentrarse en el mundo de la anorexia y el proceso de recuperación, pero que va más allá de la propia experiencia de la autora.

 

 

La novela combina realidad y ficción para construir una historia en la que tienen cabida las heridas emocionales que pueden acompañar a una persona desde la infancia, así como las relaciones personales, la amistad, el amor, la familia y el proceso de aprender a reconstruirse después de atravesar situaciones complejas.

 

 

Uno de los elementos que diferencia la obra es la incorporación de una trama de ficción ambientada en otra época, que se va entrelazando progresivamente con la historia principal. A esta parte se suman también determinados acontecimientos relacionados con la enfermedad familiar que forman parte del terreno de la ficción. La autora mantiene así diferentes hilos narrativos que avanzan de manera paralela hasta terminar formando parte de un mismo relato.

 

 

Sin desvelar las conexiones entre los personajes ni los giros de la historia, Cadierno plantea al lector un recorrido por diferentes momentos y experiencias en el que la anorexia se convierte en uno de los ejes, pero no en el único elemento sobre el que gira la novela.

 

 

Con 33 años y vinculada a Benavente y Zamora, Carmen Cadierno Justel está formada en Marketing y Publicidad y se acerca por primera vez al mundo literario con esta publicación. Su escritura parte de vivencias personales, aunque incorpora elementos de ficción con el objetivo de construir una historia más amplia y no limitarse a trasladar al papel su propia experiencia.

 

 

La autora busca que ‘Princesa de Cristal: Entre la luz y la fragilidad’ sirva también para abordar cuestiones relacionadas con la salud mental, la presión social, las relaciones personales, las heridas emocionales y la recuperación, ofreciendo al lector una mirada a las diferentes circunstancias que pueden encontrarse detrás de un trastorno alimenticio.

 

En la entrevista que acompaña esta publicación, realizada por Interbenavente.es, Carmen cuenta cómo nació el proyecto y qué le llevó a compartir unos recuerdos que durante mucho tiempo prefirió guardar para sí. Habla también del apoyo de su madre, de los años de tratamiento y de su vida actual, en la que la maternidad ha dado lugar a nuevas preguntas y preocupaciones.

 

«Escribo desde pequeñina», explica al recordar una afición que comparte con el dibujo y que su familia siempre la animó a desarrollar. Sin embargo, entre disfrutar escribiendo y plantearse un libro había una distancia que no sabía cómo recorrer. Durante años fue acumulando relatos, notas e ideas, sin tener claro cuál sería su destino. «Yo quería escribir un libro, aunque sea para mí, para tenerlo en casa y ya está», recuerda.

 

 

 

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El impulso para ordenar aquellos materiales llegó en una mala etapa personal que, según aclara, no supuso una recaída en la anorexia. Necesitaba expresar lo que estaba sintiendo y, al hacerlo, pensó en lo que ella misma había echado en falta durante la adolescencia: «A mí me hubiera gustado, cuando era adolescente, encontrarme un libro que no fuera un manual psicológico, uno de autoayuda, porque en ese momento tú lo que quieres es sentirte acompañado». Esa necesidad de compañía terminó dando sentido a la decisión de publicar.

 

El trabajo se prolongó durante unos diez años, con interrupciones y momentos en los que volver a determinados episodios resultaba demasiado doloroso. «Casi no lo acabo», reconoce. Al acercarse a los últimos capítulos tuvo que detenerse: «No puedo revivir esto, no puedo, me duele demasiado». Retomó el manuscrito cuando se encontró con fuerzas y recuperó la motivación que le había llevado hasta allí: pensar que sus palabras podrían resultar útiles a otra persona.

 

Después llegó una dificultad distinta. Sacar el libro a la calle significaba hablar abiertamente de una etapa que incluso algunas personas cercanas desconocían. «Para mí publicarlo significaba exponerme demasiado», admite. La posibilidad de recibir críticas le preocupaba, pero acabó pesando más el deseo de dar un sentido a lo vivido: «Quiero que mi historia, todo lo mal que lo he pasado, tenga un propósito».

 

 

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Durante la conversación, Carmen recuerda que al principio no comprendía lo que le estaba ocurriendo. No identifica una única causa, sino un conjunto de circunstancias y sentimientos que fueron afectando a su autoestima. «Me sentía muy sola, como que la vida no la controlaba yo», explica. Lo que inicialmente percibía como una forma de controlar una parte de su vida terminó condicionándola por completo.

 

Su madre fue quien advirtió la gravedad de la situación. Carmen recuerda especialmente una tarde en la que se encontraba tan mal que pudo decirle: «Mamá, no puedo más, no sé qué me pasa». La respuesta fue un abrazo y unas palabras que todavía conserva en la memoria: «Ya lo sé, hija». A partir de ese momento recibió atención médica y llegó el ingreso hospitalario.

 

Aquel fue el comienzo de un proceso largo. Según relata, estuvo casi diez años diagnosticada de anorexia y pasó ocho años con ingresos sucesivos que alteraron sus estudios, sus posibilidades de trabajar y sus amistades. «Pierdes estudios, pierdes trabajos, pierdes amigos», resume. Al hablar de esa etapa recuerda tanto el desgaste como el miedo a no poder salir de ella. Por eso, cuando en la entrevista se le pregunta por su recuperación, su respuesta tiene un peso especial: «Sí, me recuperé».

 

Carmen insiste en el valor que tuvieron la atención psicológica y el apoyo de quienes permanecieron a su lado. «Se necesita mucha ayuda psicológica, mucho apoyo y mucha compañía. Y no sentirse solo», afirma. También expresa su preocupación por las dificultades económicas que pueden limitar el acceso a esa atención: «Para mí, creo que ahora, hoy por hoy, ir al psicólogo es de ricos».

 

A las familias y amistades les pide que mantengan el vínculo, aunque no siempre sepan qué decir. «No hace falta hablar del tema, pero que no les dejen solas», señala. Su petición se concreta en gestos cotidianos: compartir tiempo, proponer actividades y seguir contando con esa persona. «Que hagan cosas con ellas, que salgan, que las incluyan en esos planes».

 

En su caso, el hecho de que tantas reuniones sociales girasen alrededor de una comida o de una salida a un bar aumentaba la ansiedad y favorecía el aislamiento. Explica que llegaba un momento en el que quedarse en casa parecía más sencillo que buscar excusas para ocultar lo que le sucedía. De ahí que conceda tanta importancia a sentirse parte de un grupo y a que el acompañamiento no se reduzca a hablar de la enfermedad.

 

Al compartir estas vivencias, Carmen evita presentarlas como una experiencia común a todas las personas con un trastorno alimentario. «Yo he conocido a muchas y ninguna hemos pasado el mismo proceso», advierte. Lo que espera es que algunos lectores encuentren sentimientos que les resulten familiares y puedan comprender mejor lo que están atravesando.

 

 

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La maternidad ocupa también una parte importante de la entrevista. Carmen reconoce que teme que su hija pueda sufrir algo parecido y que, en ocasiones, su propia experiencia la lleva a mantenerse continuamente alerta. Le preocupan los contenidos de belleza dirigidos a menores y la exposición constante a determinados modelos físicos a través de las redes sociales. «Ahora lo puedes estar viendo todo el día», comenta al comparar esa presencia con la de su adolescencia.

 

Frente a esas inquietudes, en casa procura crear un espacio de confianza. «Hablamos muchísimo de todo, de sentimientos, de que puede contar conmigo cuando quiera», cuenta. Escucha a su hija y también le habla de sus propias emociones, intentando que ambas puedan expresar lo que les ocurre con naturalidad.

 

Sobre la influencia de cantantes, actrices y otras figuras públicas, considera necesario que sean conscientes de que parte de su audiencia está formada por adolescentes que aún están construyendo su identidad. También pide atención a los cambios de comportamiento y comunicación sin presiones, desde la cercanía.

 

En el tramo final de la conversación, la autora habla de la acogida del libro, de sus puntos de venta en las librerías de Benavente y también en plataformas de Internet y de las presentaciones que prepara. Cuenta que los ejemplares de la primera remesa encontraron lectores tan pronto que ella se quedó sin ninguno. Su formación en Marketing y Publicidad le está ayudando ahora a dar a conocer la obra y a conectar con personas interesadas a través de las redes sociales.

 

Carmen ya tiene, además, una idea para un segundo libro. No plantea una continuación de Princesa de Cristal, sino una nueva historia de ficción en la que seguirá habiendo espacio para la salud mental. «Quiero seguir dando visibilidad porque es mi propósito», adelanta.

 

 

 

 

 

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