Del Domingo, 04 de Octubre de 2026 al Lunes, 05 de Octubre de 2026
Nazario Ballesteros ha muerto hoy en Madrid, pero su memoria permanecerá ligada para siempre a Santa Marta de Tera, a su monasterio románico y a las figuras que durante años contempló, estudió, midió y reprodujo con una mezcla poco común de admiración, paciencia y amor.
Será enterrado mañana a las 10,30 horas en Santa Marta de Tera, el lugar al que dedicó buena parte de su vida y desde el que convirtió su pasión personal en una forma de divulgación. Allí, entre las piedras del antiguo monasterio, descansará quien supo mirar el patrimonio no como algo distante o reservado a los especialistas, sino como una herencia viva, cercana y capaz de emocionar a todos.
Nazario fue un gran amante del monasterio de Santa Marta de Tera. Pero fue también mucho más: un divulgador incansable, un observador minucioso y un artesano empeñado en reproducir sus figuras para que pudieran viajar más allá de los muros de la iglesia. Su trabajo permitió que capiteles, esculturas y motivos vinculados al templo fueran conocidos por personas que quizá nunca habían tenido la oportunidad de detenerse ante ellos.
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Su manera de acercarse al patrimonio comenzaba con la mirada. Durante las labores de limpieza del Santiago, tomaba medidas de algún capitel y estudiaba sus proporciones, sus formas y sus detalles para poder reproducirlos. No se trataba de copiar de manera mecánica. En cada réplica había una voluntad de comprender la pieza original, de acercarse a ella con respeto y de conservar, en la medida de lo posible, su espíritu.
Entre sus trabajos más recordados se encuentra la réplica del Santiago Peregrino. La imagen, vinculada a la tradición jacobea y al paso de tantos caminantes, se convirtió en una de las expresiones más reconocibles de su labor. En una de las escenas evocadas en la entrevista realizada por María Zarzalejos, varios peregrinos aparecen fotografiándose junto a la réplica. La imagen resume bien el sentido de la obra de Nazario: una figura nacida de la piedra y de la historia que vuelve a encontrarse con quienes recorren el Camino.
Una de las réplicas realizadas por él fue entregada como ofrenda durante la Misa del Peregrino. Según el testimonio recogido, el acto tuvo lugar el 24 de septiembre de 2012, cuando el arzobispo era don Julián Barrios y el sacerdote de Santa Marta de Tera, don Pedro Centeno. Aquel momento representó mucho más que la entrega de una pieza. Fue el reconocimiento a una labor silenciosa y constante, y también la confirmación de que las reproducciones de Nazario habían adquirido un valor propio dentro de la vida cultural y religiosa vinculada al monasterio.
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Sus obras viajaron mucho más allá de Santa Marta de Tera. Hay réplicas suyas en la Diputación de Zamora, en oficinas de turismo, en el Museo de los Caminos de Astorga y en el Museo Gaudí. También llegaron a Francia, Alemania y Suiza. Asociaciones de peregrinos conservan algunas de estas piezas, que siguen cumpliendo la función para la que fueron creadas: acercar el patrimonio, despertar la curiosidad y mantener viva la relación entre el arte románico y quienes lo contemplan.
Nazario entendió que una figura románica no debía permanecer encerrada en un espacio inaccesible. Cada reproducción era una invitación a mirar. Una forma de explicar que detrás de una escultura hay una historia, una tradición, una técnica y una comunidad que la ha protegido durante siglos. Sus réplicas permitieron que el Santiago Peregrino y otros elementos del monasterio pudieran estar presentes en exposiciones, instituciones, museos y encuentros de peregrinos.
El Palacio de los Obispos ocupa un lugar especial en esta historia. Allí se celebró la primera exposición que albergó el edificio, dedicada a las reproducciones y a otras piezas realizadas por Nazario a partir de la iglesia, además de otras obras. La muestra fue conocida como la exposición de Nazario y, según el recuerdo transmitido en la entrevista, se inauguró el 12 de junio de 2010.
Aquella exposición tuvo un significado profundo. El Palacio de los Obispos abría sus puertas con una muestra dedicada a alguien que había hecho del patrimonio de Santa Marta de Tera el centro de su actividad. Las piezas de Nazario no eran únicamente objetos artesanales. Eran el resultado de años de observación y de una relación íntima con el monasterio. En ellas estaba la piedra, pero también la memoria de quienes habían pasado ante ella, la devoción de los peregrinos y el deseo de que las generaciones futuras pudieran seguir reconociendo su valor.
En ese camino contó también con la colaboración de don Pedro Centeno, cuya presencia aparece vinculada tanto a la exposición como a la vida religiosa y cultural del templo. La relación entre ambos refleja una forma de trabajar basada en la cercanía y en el compromiso con Santa Marta de Tera. Nazario aportaba sus manos, su conocimiento y su capacidad para reproducir las figuras; otros ayudaban a que ese trabajo encontrara espacios de difusión y llegara a un público más amplio.
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La entrevista de María Zarzalejos permite acercarse a Nazario desde una perspectiva especialmente valiosa: la de quien conocía sus trabajos, sus procedimientos y la huella que dejó en distintos lugares. El testimonio no habla solo de fechas y destinos. Habla de un hombre que tomaba medidas mientras se limpiaba el Santiago, que observaba los capiteles con atención y que convertía esa observación en piezas capaces de viajar.
En sus palabras aparece también la dimensión humana de su tarea. Los peregrinos que se fotografiaban junto a la réplica no eran simples visitantes. Eran personas que encontraban en aquella figura una referencia, un símbolo del camino y una conexión con el monasterio. Nazario supo entender esa emoción y darle una forma tangible.
Su trabajo fue, en cierto modo, una manera de prolongar la vida del románico. Las piedras originales permanecen en Santa Marta de Tera, pero sus reproducciones permitieron que una parte de ese legado saliera al encuentro de otros públicos. En Zamora, Astorga, Francia, Alemania o Suiza, las figuras reproducidas por Nazario contaron la historia de un templo y de una tierra. Cada una de ellas llevaba consigo el eco de Santa Marta de Tera.
La importancia de su labor se comprende mejor en un tiempo en el que el patrimonio necesita ser explicado y compartido. Nazario no se limitó a admirar el monasterio. Lo estudió, lo interpretó y lo hizo accesible. Su trabajo tenía algo de artesanía, algo de investigación y mucho de vocación. No buscaba únicamente reproducir una forma, sino mantener abierta la conversación entre el pasado y el presente.
Por eso su muerte deja un vacío que va más allá de la pérdida personal. Santa Marta de Tera pierde a uno de sus grandes defensores y divulgadores. Pierde a quien supo reconocer en sus figuras románicas una fuente de belleza, pero también una responsabilidad. La de conservarlas, explicarlas y hacer que siguieran formando parte de la vida de la comunidad.
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Nazario Ballesteros será enterrado mañana en Santa Marta de Tera, a las 19.30 horas. Volverá así al lugar que inspiró su trabajo y que dio sentido a tantas de sus horas. Allí quedarán sus reproducciones, sus recuerdos y la huella de una dedicación que no necesitó grandes discursos para hacerse visible.
Quedará también el Santiago Peregrino, multiplicado en distintos lugares, junto a los peregrinos que se acercan a él para hacerse una fotografía. Quedarán las piezas expuestas en el Palacio de los Obispos, las réplicas conservadas por instituciones y asociaciones, y la memoria de quienes vieron en Nazario a un hombre capaz de convertir la admiración por una iglesia en una obra compartida.
Santa Marta de Tera despedirá a Nazario Ballesteros, pero no podrá despedirse de su legado. Porque cada vez que alguien contemple una de sus reproducciones, pregunte por el monasterio o se detenga ante el Santiago Peregrino, volverá a aparecer la mirada de aquel hombre que supo entender que el patrimonio solo permanece verdaderamente vivo cuando alguien lo ama, lo cuida y lo comparte.
La AA del Monasterio de Sta Marta de Tera








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