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Centenario

Vidayanes rinde homenaje a Joaquina, los 100 años de una mujer valiente en tierra, mar y aire

Redacción Domingo, 04 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:

Joaquina Labrador Alonso celebró ayer sábado su centenario rodeada de sus seres queridos y de los vecinos de su pueblo. Una emotiva misa, el reconocimiento del Ayuntamiento y la sorpresa musical de la Rondalla Benaventana marcaron una jornada llena de cariño

 

 

En Vidayanes, donde viven menos de cien habitantes y todos se conocen, el centenario de una vecina puede convertirse en una gran celebración. Así ocurrió ayer con Joaquina Labrador Alonso, Quini para quienes la han acompañado durante tantos años y también «La Joaky» para las nuevas generaciones, un nombre cariñoso que llegó de la mano de sus nietos. Familiares y vecinos se reunieron para homenajearla por sus cien años de vida, en una localidad donde los vínculos cotidianos hacen que todos se sientan parte de una gran familia.

 

 

 

La celebración se adelantó un día a la fecha de su nacimiento. Joaquina nació en Vidayanes el 4 de octubre de 1926, y este domingo alcanza un siglo de una vida en la que ha conocido la alegría, las pérdidas, la distancia y el regreso. Cien años que conserva en la memoria y que comparte con quienes más quiere.

 

La jornada comenzó por la mañana con una emotiva misa oficiada por el párroco Fernando Ruiz. La celebración religiosa reunió a sus seres queridos y a los vecinos en torno a Quini, en un momento de especial emoción dentro del homenaje.

 

Al finalizar, la corporación municipal le hizo entrega de una placa con una dedicatoria que vinculaba su trayectoria con la memoria de su pueblo: «El Excmo. Ayuntamiento de Vidayanes a Joaquina Labrador Alonso en homenaje y reconocimiento por sus 100 años de vida. Gracias por ser parte de la historia, memoria y corazón de nuestro pueblo». Un reconocimiento a toda una vida y a una vecina que ha visto pasar generaciones sin perder el vínculo con el lugar donde nació.

 

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Durante la comida llegó otra de las sorpresas de la jornada: la presencia de la Rondalla Benaventana. Sus integrantes pusieron a Joaquina una capa de tuno y le dedicaron sus canciones, que disfrutó con enorme alegría. La música acompañó así un encuentro en el que los recuerdos y el cariño ocuparon un lugar especial.

 

También hubo una gran tarta con un mensaje que resumía el espíritu de la celebración: «100 años. Seguimos celebrando. Felicidades Quini». Sobre ella, tres velas formaban el número 100, una cifra extraordinaria para una mujer cuya mayor felicidad sigue estando en la compañía de los suyos.

 

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Su nombre guarda una historia familiar. Se lo pusieron en recuerdo de su tío Joaquín, que iba a ser su padrino y falleció pocos días antes de su bautizo durante la Guerra del Rif, en el norte de Marruecos. Desde el comienzo, su vida quedó unida a la memoria de su familia.

 

 

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Segunda de cinco hermanos, Quini pasó unos años con los suyos en Eibar, donde nació el hermano pequeño, antes de regresar a Vidayanes. Le tocó crecer en una España marcada por la Guerra Civil y la posguerra. Décadas después viviría también una pandemia. Entre unos tiempos y otros fue construyendo su propia historia, con una alegría y una fortaleza que su familia reconoce como parte de su carácter.

 

 

Quienes la conocen hablan de una mujer valiente, activa y siempre dispuesta a ponerse en marcha. Su bicicleta fue durante muchos años una compañera habitual. Con ella recorrió el camino hasta Benavente y hasta Vega de Villalobos, tanto de joven como cuando ya era mayor. Esos trayectos forman parte de los recuerdos de una mujer que disfrutaba del movimiento y no se dejaba frenar fácilmente.

 

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Pero hubo un viaje que ocupó un lugar especial en sus conversaciones familiares. En 1948, con tan solo 22 años, se marchó a Nueva York en un avión cuatrimotor para pasar una temporada con un tío materno que residía allí y al que todavía no conocía.

 

Permaneció un año en Estados Unidos. Podía haberse quedado más tiempo, pero pesó más el deseo de volver a estar cerca de sus padres y hermanos. Para el regreso eligió el barco Marqués de Comillas: quería conocer también la experiencia de cruzar el océano por mar. Aquel viaje se convirtió en una de esas historias que los hijos y los nietos han escuchado muchas veces y que ya forman parte de la memoria de toda la familia.

 

A los 25 años se casó en Vidayanes y después nacieron sus tres hijos. La familia fue siempre el centro de su vida. Enviudó a los 51 años y tuvo que seguir adelante tras la pérdida de su marido, sosteniendo a los suyos con la misma entrega que había mostrado hasta entonces.

 

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También encontró tiempo para sus aficiones. Disfruta de la lectura y de las labores, y ha realizado cientos de cuadros de punto de cruz. Las sopas de letras y las mandalas han acompañado igualmente sus ratos de entretenimiento. En cada una de esas actividades aparece otra faceta de Quini: la paciencia, la curiosidad y las ganas de mantenerse ocupada.

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Los años trajeron dificultades de salud. Superó dos procesos oncológicos, una fractura de cadera siendo ya mayor y el COVID en plena pandemia. Hoy llega a los cien años en buenas condiciones físicas y conservando la memoria, rodeada de una familia que ha seguido creciendo: tres hijos, cinco nietos, tres bisnietos y una cuarta bisnieta en camino.

 

 

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El homenaje de ayer reunió esa historia personal con la de su pueblo. En una localidad pequeña, los recuerdos se comparten y las vidas se entrelazan durante generaciones. Quini forma parte de esa memoria de Vidayanes, pero para sus seres queridos es, sobre todo, la madre, la abuela y la bisabuela que siempre ha estado pendiente de ellos.

 

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La placa municipal le dio las gracias por ser parte de la historia. Su familia y sus vecinos se las dieron también con su presencia, con la música y con los abrazos. Quini recibió así el cariño que ha sabido sembrar durante toda su vida, mientras las palabras de su tarta dejaban abierta una promesa sencilla y llena de afecto: «Seguimos celebrando».

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Fotos: Cedidas familia Labrador

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