Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Artistas

Antonio Pedrero el pintor del alma de Zamora regresa a Madrid

Blas de Paz Martínez Jueves, 24 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:

En una tarde calurosa de finales de septiembre no hay muchas cosas que hacer en Madrid, pero en este mes de septiembre de 2026 quienes somos y nos sentimos zamoranos teníamos una cita inaplazable: visitar la exposición antológica de Antonio Pedrero en la Casa de Vacas del Retiro madrileño.

 

En una primera aproximación al centro cultural ya nos sorprende ese cartel anunciador con su cuadro más emblemático, La Golondrina, y la figura de Pedrero presidiéndolo. En los primeros cuadros nos topamos con sus autorretratos de juventud, los de un niño prodigio que iniciaba con seguridad sus primeros descubrimientos pictóricos ante los ojos sorprendidos de sus profesores. Estos contemplaban con asombro cómo un muchacho de una ciudad provinciana del noroeste era capaz de exhibir tal maestría en los trazos del lápiz o del pincel con tan solo 14 años.

 

[Img #247393]

 

Tal y como Pedrero ha dicho, le gustaba y le gusta pintar caras de gente conocida, y el espectador puede ver en la exposición muchas y variadas, bien como obras en sí mismas, bien como bocetos de obras mayores. Son personas conocidas de su entorno, entre las que no faltan personajes zamoranos ilustres por los que siempre mostró admiración, miembros de su familia o personas corrientes de su vida en las calles zamoranas. Sin duda, de esta etapa de juventud y de realismo sobresale ese mural de La Golondrina: un retablo de personajes de principios de los años sesenta, apoyados delante de la barra del bar de su familia, donde un muchacho de veinte años, el mismo Pedrero, los contempla hablando, cantando, recitando o Dios sabe qué. Un cuadro para contemplar durante muchos minutos, tal y como nos invitan a hacer esos bancos colocados delante de él.

 

Antes de llegar a la pintura más reconocible e identitaria de Antonio Pedrero, nos topamos, con admiración y sorpresa, con una serie de cuadros en los que las caras se geometrizan o aparecen difuminadas, mezcladas en un conglomerado humano. Sin duda, es un guiño a la pintura de vanguardia, como revela la frase de una mujer que visitaba la exposición: «Anda, este cuadro parece un Picasso». Pues sí, nuestro Pedrero también, desde su ciudad natal, jugó con las vanguardias pictóricas de principios del siglo XX y, sin duda, por lo escuchado en el salón de exposiciones de la Casa de Vacas, con mucho acierto.

 

[Img #247394]

 

Ese cabrero envuelto en una capa de cuadros, ese personaje rodeado de elementos dalinianos, esas pinturas negras de la Semana Santa zamorana, esos niños con máscaras o ese aglomerado de hombres difuminados, con caras geométricas, que sujetan un toro son, sin duda, guiños geniales a movimientos pictóricos vanguardistas que él vio y admiró en sus escapadas por el mundo. En esa Virgen del Tránsito o en ese paisaje urbano dorado de Zamora, ¿no ve alguien un guiño al Gustav Klimt del Belvedere vienés?

 

 

La parte central de la exposición reivindica a ese Pedrero conocido internacionalmente por los grandes murales y por esos paisajes de la arquitectura urbana de Zamora, siempre presidida por el viejo Duero y las murallas. Ahí se encuentra el espectador con esa Zamora dorada reflejada en el Duero o con esos niños con sus cometas y esas caras tan «pedrerianas». ¿Y qué decir de ese magnífico cuadro histórico del cerco de Zamora? Un verdadero homenaje a la historia de nuestra ciudad milenaria, en el que los distintos acontecimientos del cerco se representan en diferentes espacios de ese monumental mural del que solo podemos contemplar, en esta exposición de la Casa de Vacas, los bocetos realizados para él.

 

[Img #247396]

 

Del tríptico Panegírico del trabajo solo podemos admirar la parte izquierda, pero los bocetos y las fotografías nos ilustran la grandiosidad de una obra que, sin duda, es una alegoría del trabajo visto desde la perspectiva de un pintor cuya ciudad y cuya historia están íntimamente unidas en su pintura. En este apartado de grandes cuadros, Pedrero no quiso olvidarse tampoco de Villalpando, con esa tabla monumental del Voto de Villalpando, una pintura que refleja un acontecimiento histórico del 1 de noviembre de 1466. Lo que allí se representa es un homenaje a los hombres y mujeres de esa Tierra de Campos zamorana, donde la Virgen de la Inmaculada es la protagonista.

 

 

También ocupan un lugar destacado esos cuadros de diferentes estilos en los que el protagonismo recae en los hombres y las mujeres de nuestro campo zamorano. Se trata de un entorno rural fácilmente reconocible en ese tríptico dedicado a tres tareas agrícolas muy propias de nuestra tierra, como son el pastoreo, la vendimia y la trilla. Son tareas de otra época en las que las cercas de piedra seca de Sayago, las mesas y los trillos de las llanuras de Tierra de Campos o los talegones y las talegas de uvas de cualquier pueblo de la Tierra de Toro cobran vida a través de las pinceladas de nuestro pintor zamorano más universal.

 

[Img #247402]

 

Dentro de este mundo rural, a veces la ruda expresión de una cara femenina, tal y como vemos en el cuadro Mujer sanabresa, nos recuerda la dureza del trabajo y de la vida en un entorno rural en el que sacar adelante a una familia era una labor titánica, sobre todo para las mujeres. Por eso, en esa cara de la mujer sanabresa no hay alegría, solo preocupación y valentía para seguir adelante. No obstante, al lado del desasosiego que nos despierta esta pieza pictórica, hay dos cuadros del lago de Sanabria que, con su colorido y quietud, nos aportan tranquilidad. Una tranquilidad necesaria para creer, como Pedrero, que esa tierra y ese paisaje, que en otra época solo aportaban sufrimiento y sinsabores, quizás sean ahora, en los nuevos tiempos, los pilares de nuestro futuro. Admirar esa tierra o inspirarse en ella puede dar lugar a grandes obras de arte, como las de Antonio Pedrero que hemos podido contemplar en el centro cultural Casa de Vacas del Retiro madrileño.

 

 

Al salir de la exposición, hemos repasado esa inmensa labor de promoción de la Semana Santa zamorana realizada por Antonio Pedrero, con muestras de sus carteles anunciadores o de sus esculturas, que lucen en plazas de la capital de la provincia zamorana.

 

[Img #247405]

 

A veces, las instituciones y los intereses del público van por distintos caminos, pero, en el caso de la exposición retrospectiva pictórica de Antonio Pedrero en Madrid, la Diputación de Zamora, patrocinadora de este evento, ha acertado de pleno. Es algo que agradecemos quienes, desde el «exilio forzado» en Madrid, siempre hemos amado esa tierra que nos vio nacer y soñado con volver a ella. Allí están nuestras primeras vivencias infantiles, inmóviles como los niños y las cometas del cuadro de Pedrero, pero que en cualquier momento pueden cobrar de nuevo vida si a nuestra imaginación se unen el aire, el sol, el paisaje y las tradiciones de una tierra tan querida como deseada, de gentes honradas que se resisten a desaparecer.

 

Solo me queda añadir una petición de nuestro barítono más internacional, Luis Santana, a la cual me adhiero: ¿para cuándo el Premio de las Artes de Castilla y León para Antonio Pedrero?

 

[Img #247400]

 

Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.11

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.