Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Tradiciones

La Peregrina de Donado, testigo de una jornada histórica entre pendones

Redacción Sábado, 05 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:

Quince pendones de doce localidades de Zamora y León recorrieron los diez kilómetros que separan Muelas de los Caballeros del santuario de la Virgen de la Peregrina, en una marcha cargada de emoción, identidad y compromiso con el futuro de los pueblos

 

 

A las once y media de la mañana, cuando el calor comenzaba ya a dejarse sentir con fuerza sobre las tierras de La Carballeda, las largas varas se elevaron hacia el cielo en la explanada de un cerro de Muelas de los Caballeros. Aquel gesto, repetido durante siglos en fiestas, romerías y acontecimientos solemnes, marcaba el inicio de una jornada que quedará escrita en la historia de la Romería de la Virgen de la Peregrina de Donado.

 

[Img #246210]

 

 

Por primera vez, quince pendones procedentes de doce pueblos de las provincias de Zamora y León se reunían para caminar juntos hasta el santuario. No era solamente un desfile ni una exhibición de colores. Era el encuentro de unas comunidades que acudían portando uno de sus símbolos más queridos; una manifestación colectiva de orgullo, fraternidad y resistencia frente al olvido que amenaza a tantas tradiciones y a tantos pequeños pueblos.

 

Desde las primeras horas de la mañana, los pendones habían ido llegando escalonadamente a Muelas de los Caballeros. Cada nueva vara que aparecía en el horizonte, cada paño desplegado por el viento y cada grupo de pendoneros que accedía a la explanada aumentaban la expectación.

 

Desde la provincia de León llegaron los pendones de Ardoncino, Valdespino de Somoza, Chozas, Mozóndiga, Astorga, Brimeda, Prado de la Guzpeña, Laguna Dalga y Jiménez de Jamuz. La representación zamorana estuvo formada por los de Ayoo de Vidriales, Mombuey y los cuatro pendones del pueblo anfitrión, Donado.

 

Eran colores distintos y procedencias diversas, pero todos compartían una misma raíz. Cada pendón llevaba consigo la memoria de su pueblo: las manos que lo habían levantado antes, las fiestas en las que había participado, los caminos recorridos y los vecinos que, generación tras generación, hicieron posible su conservación.

 

[Img #246214]

 

El comienzo de una marcha inolvidable

 

Roberto Lobato, organizador del encuentro, se ocupaba de que no faltase nada a los participantes y de que la comitiva pudiera ponerse en marcha a la hora prevista. Había nervios, indicaciones de última hora, saludos entre pendoneros y fotografías delante de unas enseñas que comenzaban a agitarse suavemente con el aire de la mañana.

 

A las once y media, con puntualidad, las varas comenzaron a elevarse. Los pendones se irguieron por encima de las cabezas de los participantes y la comitiva enfiló la carretera que comunica Muelas de los Caballeros con Donado.

 

[Img #246217]

 

Comenzaban por delante diez kilómetros de camino bajo un sol intenso. El calor sofocante de estos primeros días de septiembre añadía dificultad a una marcha que exige fuerza, coordinación y experiencia. Mantener en equilibrio una vara de grandes dimensiones, controlar los movimientos del paño y responder a los cambios del viento requiere mucho más que entusiasmo. Exige técnica, serenidad y la colaboración permanente de quienes acompañan al portador.

 

Pero el cansancio quedaba en un segundo plano. La ilusión, el esfuerzo compartido y, sobre todo, el orgullo de representar a cada pueblo compensaban las dificultades del recorrido.

 

Porque portar un pendón no es simplemente transportar una tela sujeta a una vara. Es llevar en alto uno de los emblemas más importantes de las comunidades del antiguo Reino de León. Bajo sus colores se reconoce un pueblo entero. En ellos se condensan la historia, la identidad y el sentimiento de pertenencia de generaciones de vecinos.

 

La organización había instalado dos puntos de abastecimiento de agua a lo largo del trayecto. Una medida necesaria y muy agradecida por los participantes, especialmente cuando el sol comenzó a caer con toda su fuerza sobre la carretera.

 

 

El desafío de mantener viva la tradición

 

[Img #246223]

 

Durante la marcha también hubo tiempo para conversar y conocer la realidad de los distintos grupos. Los cuatro pendoneros llegados desde Jiménez de Jamuz hablaron de las dificultades que encuentran para mantener esta tradición debido a la falta de personas dispuestas o preparadas para portar y acompañar el pendón.

 

Su preocupación es compartida por muchas pequeñas localidades. La despoblación, el envejecimiento y la marcha de los jóvenes han reducido el número de vecinos capaces de asumir el esfuerzo que requiere conservar estas costumbres.

 

Frente a esa inquietud, otros grupos mostraban una realidad más esperanzadora. Localidades como Astorga, Brimeda o el propio Donado contaban con pendoneros de edades muy diversas. Jóvenes, adultos y veteranos caminaban juntos, intercambiando posiciones y conocimientos. Era la imagen más hermosa de la continuidad: una tradición recibida de los mayores que encuentra manos nuevas dispuestas a sostenerla.

 

[Img #246227]

 

La concentración mostró así las dos caras del mundo rural. Por un lado, la fragilidad de unos pueblos que luchan contra la pérdida de población y el relevo generacional. Por otro, la vitalidad de quienes se niegan a contemplar pasivamente la desaparición de su patrimonio cultural.

 

Mientras exista una persona dispuesta a levantar una vara, otra que ayude a guiarla y un niño que observe con admiración el pendón de su pueblo, todavía habrá esperanza.

 

 

 

Un pendón levantado para honrar a la Virgen

 

Entre todas las enseñas participantes destacaba por su altura el pendón de Astorga. Carlos, uno de sus representantes, subrayaba el carácter excepcional de una concentración cuyo destino final era una romería.

 

[Img #246228]

 

Para él, esta circunstancia devolvía al pendón una parte esencial de su significado. Los pendones no se alzan únicamente para desfilar. Tradicionalmente se levantan para honrar a alguien, normalmente a una Virgen o a un santo. En esta ocasión, todos caminaban para rendir homenaje a la Virgen de la Peregrina.

 

Esa explicación ayudaba a comprender el verdadero sentido del encuentro. La marcha no terminaba en una plaza ni en una exposición, sino ante las puertas de un santuario mariano. Los pendones habían salido al camino como expresión de devoción popular, acompañando a unas comunidades que acudían a honrar a la Virgen y a compartir una jornada de convivencia.

 

La Peregrina esperaba en Donado, como ha esperado durante generaciones la llegada de romeros y devotos. Esta vez, sin embargo, el camino tenía una imagen diferente. Sobre la carretera avanzaba un bosque de varas y paños de colores que se inclinaban, se elevaban y parecían dialogar con el paisaje.

 

 

El descenso hacia el valle de Donado

 

Durante más de una hora, la comitiva fue dejando atrás Muelas de los Caballeros hasta comenzar el descenso hacia el valle de Donado. El cambio de relieve fue recibido con alivio por los participantes después del esfuerzo realizado en los primeros tramos.

 

[Img #246230]

 

La cuesta abajo permitió caminar con algo más de ligereza. Algunos pendoneros, contagiados por el entusiasmo, se atrevieron incluso a iniciar un pequeño trote. La alegría provocó sonrisas, pero también la inmediata advertencia de sus compañeros, encargados de proteger el pendón y de garantizar la integridad de quienes caminaban alrededor.

 

No conviene olvidar que, detrás de la vistosidad y la emoción, portar un pendón exige responsabilidad. Una ráfaga inesperada, un desequilibrio o un paso mal calculado pueden hacer que la vara se desplace peligrosamente. Por eso, cada pendón avanza como un pequeño equipo perfectamente coordinado, en el que todos permanecen pendientes del portador y de los movimientos del paño.

 

La primera visión del santuario de la Virgen de la Peregrina, recortado en la distancia, renovó las fuerzas de la comitiva. Después de varios kilómetros de camino, el destino comenzaba a estar cerca.

 

Fue entonces cuando el cansancio pareció transformarse en emoción. Los pendones se irguieron con más orgullo, los pasos recuperaron firmeza y el sonido de los Tamborileros Zamoranos comenzó a acompañar el último tramo del recorrido.

 

El ritmo del tambor y la flauta se extendió por el valle anunciando la llegada. Era un sonido antiguo, profundamente unido a la cultura popular de estas tierras, que convertía la marcha en una estampa difícil de olvidar.

 

[Img #246236]

 

Donado recibió a los pendones entre aplausos

 

A la entrada de Donado esperaban numerosos vecinos que no quisieron perderse aquella jornada histórica. Los aplausos acompañaron el avance de los pendones por las calles del pueblo. Para los habitantes de la localidad resultaba especialmente emocionante contemplar sus cuatro enseñas avanzando junto a otras muchas procedentes de diferentes lugares del antiguo Reino de León.

 

Por unos momentos, Donado se convirtió en el punto de encuentro de territorios separados por distancias y límites provinciales, pero unidos por una historia y unas tradiciones comunes.

 

Los pendones fueron aproximándose al santuario de la Peregrina mientras los vecinos fotografiaban la escena y saludaban a los participantes. Después del esfuerzo, la entrada tenía algo de triunfo colectivo. No se celebraba la victoria de unos sobre otros, sino la capacidad de los pueblos para caminar juntos.

 

Ante el santuario tuvo lugar uno de los momentos más simbólicos de la jornada. Como expresión de fraternidad y respeto, los pendones visitantes rindieron honores a los cuatro pendones locales. Las enseñas se inclinaron y saludaron frente al templo, protagonizando una ceremonia sencilla, pero cargada de emoción.

 

 

[Img #246243]

 

Aquel movimiento de las grandes varas parecía resumir el espíritu de la concentración: pueblos que se reconocen, que se respetan y que comparten una misma voluntad de mantener vivas sus raíces.

 

Después, los pendones fueron apoyados sobre uno de los muros del santuario. Allí descansaron tras los diez kilómetros de camino, formando una extraordinaria sucesión de colores. Delante de ellos posaron los pendoneros para una fotografía histórica, la imagen destinada a conservar el recuerdo de esta primera concentración.

 

En las caras se mezclaban el cansancio, la satisfacción y el orgullo. Cada participante sabía que había contribuido a crear algo nuevo sin renunciar a lo antiguo. Se había abierto un camino que, ojalá, vuelva a recorrerse durante muchos años.

 

 

Los antiguos símbolos de guerra que hoy unen a los pueblos

 

Los pendones concejiles tienen sus raíces en un pasado lejano. En otros tiempos pudieron servir para identificar y reunir a las comunidades, acompañar a las mesnadas reales y señalar la posición de los hombres de cada concejo en los campos de batalla.

 

[Img #246245]

 

Este sábado, sin embargo, bajo sus paños no caminaba ningún ejército ni se escondía intención beligerante alguna. Los pendones no llamaban a la guerra, sino al encuentro. No separaban a unos pueblos de otros, sino que los reunían.

 

Bajo sus colores avanzaban personas comprometidas con su tierra, con su paisaje, con sus costumbres y con sus gentes. Hombres y mujeres que dedican tiempo y esfuerzo a conservar un patrimonio que no pertenece únicamente al pasado, sino que puede seguir dando sentido al presente y esperanza al futuro.

 

En cada vara elevada había también una reivindicación silenciosa. La de unos pueblos que quieren continuar vivos, que desean volver a escuchar las voces de jóvenes y niños por sus calles y que se resisten a convertirse únicamente en nombres escritos en un mapa.

 

Los pendones hablan de identidad, pero también de supervivencia. Su presencia recuerda que el patrimonio no está formado solamente por iglesias, castillos o monumentos. También lo integran los sonidos, los colores, las palabras, las celebraciones y las costumbres transmitidas de generación en generación.

 

 

Mientras ondee un pendón, el pueblo seguirá vivo

 

[Img #246212]

 

La primera concentración de pendones de la Romería de la Virgen de la Peregrina dejó mucho más que una hermosa sucesión de imágenes. Dejó la certeza de que las tradiciones continúan teniendo capacidad para emocionar, movilizar y reunir a personas de diferentes edades y procedencias.

 

Muelas de los Caballeros fue el punto de partida. Donado y el santuario de la Peregrina fueron la meta. Pero el verdadero recorrido fue mucho más profundo: un viaje por la memoria compartida de Zamora y León, por el orgullo de pertenecer a una tierra y por el compromiso de quienes se niegan a aceptar que la despoblación se lleve también sus símbolos.

 

Siempre que en Donado, Mombuey, Ayoo, Jiménez de Jamuz, Ardoncino, Astorga o cualquiera de los pueblos participantes ondee un pendón, será una señal de vida. Significará que todavía quedan vecinos dispuestos a reunirse, a organizarse y a caminar juntos.

 

Será también la prueba de que esos pueblos continúan luchando por sus tradiciones, por su forma de vida, por sus paisajes y por su medio ambiente. Y hasta por su patrimonio lingüístico, por ese leonés que, a pesar de las escasas ayudas y de tantas décadas de retroceso, se resiste a desaparecer de la memoria y de la voz de sus hablantes.

 

Cuando los pendones descansaron finalmente junto al muro del santuario, el silencio de las varas contrastaba con la emoción de los participantes. La Peregrina había sido testigo de una jornada histórica.

 

Quince pendones habían llegado hasta ella después de recorrer juntos el camino. Quince enseñas que, movidas por el viento de septiembre, parecían repetir un mismo mensaje: mientras haya alguien dispuesto a levantar el pendón de su pueblo, ese pueblo seguirá estando vivo.

 

 

 

 

Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.11

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.