Del Lunes, 24 de Agosto de 2026 al Domingo, 30 de Agosto de 2026
Carlos Martínez y Óscar Pérez recuperan el emblemático mural de La Barca de Camarzana después de 17 años sin pintar juntos y gracias al respaldo de los vecinos y del Ayuntamiento
Hay imágenes que, con el paso de los años, dejan de pertenecer únicamente a quienes las crearon. Se integran en el paisaje, se incorporan a la memoria colectiva y terminan formando parte de la historia sentimental de todo un pueblo. Eso es precisamente lo que ha sucedido en Camarzana de Tera con el mural de La Niña, que vuelve a brillar con toda su intensidad en una de las pilastras del puente, junto al área recreativa de La Barca.
Sus grandes ojos verdes, sus pecas y su rostro sonriente vuelven a recibir a quienes se acercan hasta uno de los lugares más queridos de la localidad. Después de varios meses de incertidumbre, indignación y esperanza, La Niña ha regresado. Y lo ha hecho gracias al trabajo de sus autores originales, Carlos Martínez y Óscar Pérez, pero también a la voluntad de un pueblo que se negó a perder uno de los símbolos más entrañables de sus veranos.
La restauración ha representado, además, un reencuentro muy especial para sus creadores. Carlos y Óscar llevaban 17 años sin pintar juntos un mural y sus trayectorias profesionales habían tomado caminos completamente diferentes. Uno es actualmente profesor y el otro, ingeniero de Caminos. Volver a situarse frente a una pared, con los botes de pintura y los aerosoles en las manos, ha supuesto para ambos un regreso a una etapa anterior de sus vidas.
«La restauración ha supuesto todo un reto para nosotros. Llevábamos 17 años sin pintar un mural y nuestras vidas profesionales han tomado caminos muy distintos —hoy somos profesor e ingeniero de Caminos—, así que volver a enfrentarnos juntos a una pared después de tanto tiempo ha sido una experiencia muy especial», reconocen sus autores.
Una desaparición que causó sorpresa e indignación
La historia de esta restauración comenzó con un episodio desafortunado. Durante unos trabajos realizados en el puente, el mural quedó oculto bajo una capa de pintura. Una intervención que no tuvo en cuenta el valor artístico y, sobre todo, emocional de una obra que llevaba años acompañando la vida cotidiana de Camarzana.
![[Img #245401]](https://interbenavente.es/upload/images/08_2026/512_9835_whatsapp-image-2026-08-11-at-d0428.jpg)
Cuando en el mes de febrero se descubrió lo ocurrido, la sorpresa se transformó rápidamente en rechazo. La noticia corrió entre vecinos, familias y visitantes habituales de La Barca. Muchos no podían comprender cómo aquella imagen tan reconocible había desaparecido de repente bajo una superficie uniforme de pintura.
No se había tapado solamente un dibujo. Se había ocultado una parte de la memoria de Camarzana.
Durante generaciones, niños y jóvenes habían contemplado aquella cara de ojos verdes mientras jugaban bajo el puente, descansaban junto al río o se preparaban para zambullirse en las aguas del Tera. La Niña estaba presente en las tardes de verano, en las reuniones de amigos, en los primeros baños de la temporada y en esos días interminables de vacaciones que permanecen para siempre en el recuerdo.
Por eso su desaparición fue sentida casi como una pérdida personal. Quienes habían crecido bajo su mirada no estaban dispuestos a aceptar que la obra desapareciese definitivamente.
La movilización de todo un pueblo
Las redes sociales se convirtieron desde el primer momento en el principal espacio de expresión de ese malestar. Se sucedieron las críticas, las fotografías antiguas, los recuerdos y, especialmente, las peticiones para que el mural fuese recuperado.
![[Img #245394]](https://interbenavente.es/upload/images/08_2026/6778_987ed222-d88b-44ca-bcbe-7a55835d219c.jpg)
Personas de distintas edades coincidieron en una misma reivindicación: La Niña tenía que volver.
Aquella reacción puso de manifiesto hasta qué punto la obra había superado su condición inicial de creación artística para convertirse en un patrimonio sentimental compartido. Cada vecino guardaba una imagen diferente del mural. Para unos estaba asociado a la infancia; para otros, a los años de juventud; y para muchos representaba simplemente la llegada del verano y el regreso a Camarzana.
El Ayuntamiento recogió ese deseo colectivo y asumió el compromiso de impulsar la recuperación. A partir de ese momento comenzó un proceso que exigía prudencia, paciencia y la participación de quienes mejor conocían la obra: sus propios autores.
Carlos Martínez y Óscar Pérez aceptaron el reto de devolverle la vida. No se trataba únicamente de volver a pintar su rostro, sino de retirar cuidadosamente la capa que lo cubría, comprobar el estado del mural original y reparar los daños causados tanto por el paso del tiempo como por la actuación realizada sobre la pilastra.
![[Img #245395]](https://interbenavente.es/upload/images/08_2026/705_953fa0a1-5bf5-4f12-8c20-376166f33a3d.jpg)
Una imagen que se negó a desaparecer
Antes incluso de que comenzasen los trabajos definitivos, La Niña volvió a aparecer simbólicamente en la vida pública de Camarzana. Su rostro fue reproducido en bandoleras y ocupó la portada del programa de las fiestas de la localidad.
Aquellas iniciativas marcaron un importante punto de inflexión. La imagen que había sido ocultada regresaba ahora con mayor fuerza, convertida en emblema de una reivindicación popular y en símbolo del vínculo de Camarzana con sus recuerdos.
Cada bandolera y cada programa de fiestas transmitían un mensaje sencillo pero firme: La Niña seguía viva en la memoria del pueblo y su ausencia no iba a ser definitiva.
El mural se convirtió así en mucho más que una pintura. Pasó a representar la necesidad de cuidar aquellas obras que, sin encontrarse necesariamente en museos o grandes espacios culturales, poseen un enorme valor para las comunidades que conviven con ellas.
Una recuperación delicada, centímetro a centímetro
![[Img #245396]](https://interbenavente.es/upload/images/08_2026/9751_90e456e4-430f-4bcc-acea-4b4589b77920.jpg)
La restauración comenzó con la retirada de la capa de pintura que había cubierto el mural. Era una fase especialmente delicada, porque cualquier movimiento demasiado agresivo podía eliminar también los restos de la obra original o llegar hasta la piedra de la pilastra.
«El proceso comenzó retirando cuidadosamente la capa de pintura con la que se había cubierto el mural. Lo hicimos con rodillo, agua y espátula, trabajando poco a poco para intentar conservar la pintura original que todavía permanecía debajo y evitar llegar hasta la piedra de la pilastra», explican Carlos y Óscar.
Cada fragmento recuperado permitía reencontrarse con la obra anterior y comprobar qué partes podían conservarse y cuáles necesitaban ser reconstruidas. No era posible precipitarse. Había que avanzar despacio, protegiendo la pintura que todavía sobrevivía debajo de aquella capa.
![[Img #245399]](https://interbenavente.es/upload/images/08_2026/492_img_8739.jpg)
Una vez recuperada la superficie, los autores tuvieron que encajar nuevamente la imagen y comenzar el repintado. Fue necesario reconstruir los volúmenes del rostro, recuperar los tonos y devolver profundidad a la mirada.
«Una vez recuperada la superficie, encajamos de nuevo la imagen y comenzamos todo el proceso de repintado, trabajando los volúmenes, los tonos y, finalmente, los pequeños detalles que devuelven a La Niña su expresión y su mirada».
Así, centímetro a centímetro, fueron reapareciendo los rasgos de aquel rostro conocido. Primero los contornos generales; después, las luces y las sombras; y finalmente, las pecas, los matices de la piel y la intensidad de sus ojos verdes.
![[Img #245400]](https://interbenavente.es/upload/images/08_2026/6892_img_8743.jpg)









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