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Homenaje

Camarzana homenajea a sus mayores: 85 años de vida, memoria y raíces

Redacción Domingo, 16 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:

La Asociación Camarzana Viva reconoce a Marcelina Colinas Vega y Hortensia García Sastre, dos mujeres cuyas vidas representan dos caminos diferentes —quedarse y emigrar— unidos por unas mismas raíces y por el amor a su pueblo.

 

Cumplir 85 años constituye siempre un acontecimiento. Son muchos años de vida acumulada, de experiencias, recuerdos, alegrías y dificultades; años suficientes para haber contemplado cómo cambia una familia, un pueblo y hasta una sociedad entera. Pero en Camarzana de Tera alcanzar esa edad tiene además un significado especial: es una oportunidad para detenerse por unas horas y reconocer públicamente a quienes forman parte de la memoria viva de la localidad.

 

Con ese espíritu, la Asociación Camarzana Viva ha querido rendir homenaje esta tarde a dos vecinas que durante este año cumplen 85 años: Marcelina Colinas Vega y Hortensia García Sastre.

 

A las siete de la tarde, el presidente de la asociación, Santos Romero Panizo, hizo entrega a ambas de sendas placas conmemorativas. Fue un acto sencillo, pero cargado de emoción, especialmente porque Marcelina y Hortensia estuvieron rodeadas por sus hijos, nietos y sobrinos, que no quisieron perderse una jornada que quedará incorporada a la memoria familiar.

 

Porque detrás de los nombres y de las fechas existen historias. Y las de Hortensia y Marcelina son, de alguna manera, también la historia de Camarzana y de tantos pueblos del Valle del Tera durante buena parte del siglo XX.

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Dos mujeres, dos caminos y unas mismas raíces

Las vidas de las dos homenajeadas simbolizan dos caminos diferentes que durante décadas marcaron el destino de miles de familias del medio rural.

 

Hortensia representa a quienes tuvieron que marcharse. A esa generación que un día hizo las maletas y abandonó el pueblo buscando fuera unas oportunidades que el medio rural difícilmente podía ofrecer entonces. Como tantos hombres y mujeres de Camarzana, de los pueblos del Tera y de toda la provincia de Zamora, la emigración significaba alejarse de la casa, de la familia, de los amigos y de los paisajes conocidos para intentar construir un futuro mejor para los hijos.

 

Marcharse nunca significó necesariamente olvidar. Muchos de aquellos emigrantes conservaron durante toda su vida una relación estrecha con su localidad de origen. Regresaron durante las vacaciones, las fiestas o las celebraciones familiares y transmitieron a sus hijos y nietos el sentimiento de pertenencia a un pueblo que seguía formando parte de sus vidas aunque residieran a cientos de kilómetros.

 

Marcelina representa el otro camino: el de quienes decidieron quedarse.

 

Quedarse tampoco fue fácil. Permanecer en el medio rural significaba afrontar jornadas de trabajo, aprovechar los recursos disponibles y sacar adelante a la familia en unas circunstancias que poco tenían que ver con las comodidades actuales. Era necesario trabajar, ahorrar y luchar para que los hijos pudieran estudiar o encontrar nuevas oportunidades.

 

Una emigró y otra permaneció. Dos decisiones diferentes ante una misma aspiración: construir un futuro mejor para sus hijos e hijas.

 

Y ambas lo consiguieron.

 

Por eso el homenaje de Camarzana Viva trasciende la entrega de dos placas. Al reconocer a Marcelina y Hortensia se está homenajeando también a toda una generación de mujeres que sostuvo familias, hogares y pueblos en tiempos mucho más difíciles.

 

 

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Las mujeres que sostuvieron nuestros pueblos

 

La historia de nuestros pueblos no siempre aparece escrita en los libros. Muchas veces permanece guardada en las fotografías familiares, en las cocinas, en los trabajos cotidianos, en las historias transmitidas alrededor de una mesa o en los recuerdos que pasan de abuelos a nietos.

 

Durante décadas, las mujeres desempeñaron un papel esencial en la sociedad rural. Trabajaron dentro y fuera de casa, cuidaron de hijos y mayores, participaron en las tareas agrícolas y ganaderas y administraron economías familiares donde pocas cosas podían desperdiciarse.

 

Muchas apenas recibieron reconocimiento público.

 

Por eso actos como el celebrado en Camarzana adquieren un significado especial. La placa es un símbolo. Lo verdaderamente importante es lo que representa: el agradecimiento de un pueblo a quienes han contribuido con su vida cotidiana a construirlo.

 

A los 85 años se acumulan recuerdos de una Camarzana muy diferente a la actual. Una localidad donde las calles, las casas, los trabajos, las costumbres y hasta la relación entre los vecinos eran distintas. Una Camarzana que fue transformándose lentamente mientras unas generaciones desaparecían y otras comenzaban a buscar su futuro.

 

 

 

Marcelina y Hortensia han sido testigos de todos esos cambios.

 

La eterna pregunta: marcharse o quedarse

 

Pero el homenaje también invita inevitablemente a mirar hacia el presente.

 

Porque aquella decisión que hace décadas tuvieron que afrontar Hortensia y Marcelina continúa planteándose, bajo circunstancias diferentes, a muchos jóvenes de Camarzana y del conjunto del medio rural.

 

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¿Marcharse o quedarse?

 

Es probablemente una de las preguntas que más profundamente ha condicionado la historia reciente de nuestros pueblos.

 

Durante décadas, miles de jóvenes abandonaron las localidades zamoranas buscando estudios, trabajo y oportunidades en Madrid, Valladolid, País Vasco, Cataluña o en diferentes países europeos. Aquella emigración transformó para siempre la estructura demográfica de la provincia.

 

Hoy las circunstancias son diferentes, pero el problema de fondo permanece: para que un joven pueda elegir quedarse necesita oportunidades.

 

Necesita vivienda, comunicaciones, servicios, acceso a las nuevas tecnologías y, fundamentalmente, posibilidades de desarrollar un proyecto profesional y familiar.

 

Porque defender nuestros pueblos no consiste solamente en recordar el pasado. También significa hacer posible su futuro.

 

 

 

Para que Camarzana siga estando viva

 

Y precisamente ahí cobra todo su significado el nombre de la asociación que ha organizado este homenaje: Camarzana Viva.

 

Pocas denominaciones podrían expresar mejor una aspiración colectiva.

 

Mantener vivo un pueblo significa conservar sus tradiciones y su patrimonio, pero también conseguir que haya niños jugando en sus calles, jóvenes que puedan desarrollar proyectos, familias que decidan establecerse y mayores que encuentren reconocimiento, compañía y calidad de vida.

 

Una localidad está viva cuando mantiene la memoria de quienes la construyeron, pero también cuando es capaz de ofrecer esperanza a quienes deben continuarla.

 

Por eso, mientras esta tarde Marcelina Colinas Vega y Hortensia García Sastre recibían sus placas rodeadas de hijos, nietos y sobrinos, el homenaje podía interpretarse también como un puente entre generaciones.

 

En un extremo se encuentran quienes han recorrido ya buena parte del camino. En el otro, quienes comienzan ahora a construir el suyo.

 

Entre ambos está Camarzana.

 

La Camarzana que ellas conocieron de niñas, la que contemplaron transformarse durante décadas y la que heredarán sus nietos.

 

 

85 años que forman parte de la historia de Camarzana

 

Hay homenajes multitudinarios y otros mucho más sencillos. Pero la importancia de un reconocimiento no depende del tamaño del escenario ni del número de asistentes, sino de la carga humana que encierra.

 

Esta tarde, dos placas han servido para decir algo tan sencillo como necesario: gracias.

 

Gracias a Hortensia.

 

Gracias a Marcelina.

 

Gracias también, a través de ellas, a toda una generación que trabajó, emigró, permaneció, formó familias y mantuvo vivo el vínculo con su pueblo.

 

Sus 85 años no pertenecen únicamente a sus biografías personales. Una parte de ellos pertenece también a la historia colectiva de Camarzana.

 

Ahora corresponde a las generaciones siguientes conseguir que aquella vieja elección entre marcharse obligatoriamente o quedarse sin oportunidades deje algún día de ser inevitable. Que quien quiera partir pueda hacerlo por elección y que quien quiera quedarse encuentre razones y posibilidades para hacerlo.

 

Quizá ese sería el mejor homenaje que pudiera ofrecerse a quienes, como Marcelina y Hortensia, han llegado a los 85 años después de toda una vida de esfuerzo.

 

Y dentro de muchos años, cuando Camarzana Viva vuelva a reunir a vecinos y familias para entregar nuevas placas a quienes alcancen esta edad, que pueda seguir haciéndolo rodeada de hijos, nietos y nuevas generaciones.

 

Porque entonces el nombre de la asociación habrá adquirido todo su sentido.

 

Será la mejor señal de que Camarzana continúa viva.

 

 

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