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Vídeo

Un viaje sentimental por la antigua Mota y Rosaleda: la nueva obra de Fernando González

Redacción Martes, 21 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:

Fernando González vuelve a emocionar a Benavente con un nuevo vídeo creado con inteligencia artificial, esta vez dedicado a los paseos de La Mota y la Rosaleda, dos de los rincones más queridos de la ciudad. El creador benaventano continúa su serie de piezas audiovisuales que combinan música, narración y recreación digital para rendir homenaje a lugares que forman parte de la memoria colectiva. En esta ocasión, el resultado es un viaje sensorial por ese balcón natural que corona la ciudad y que tantas generaciones han recorrido

 

El vídeo, presentado en sus redes, se abre con una reflexión que resume el espíritu de la obra: hay lugares que no necesitan monumentos para ser extraordinarios, porque su valor lo construyen las vivencias compartidas. La Mota, explica González, es uno de esos espacios donde la vida ha ido dejando huellas invisibles pero imborrables. Un paseo que ha visto crecer a niños, enamorarse a jóvenes, descansar a mayores y volver, una y otra vez, a quienes buscan reencontrarse con su propia historia.

 

La pieza recorre la arboleda, los senderos y la Rosaleda con una mirada profundamente emocional. Los bancos de madera aparecen como testigos silenciosos de conversaciones, secretos y promesas; los rosales, como símbolo de una belleza que se renueva cada primavera; y las sombras de los laureles, como refugio de tardes de juegos y risas. Cada rincón, cada árbol, cada camino se convierte en un fragmento de la memoria benaventana.

 

González acompaña las imágenes con una canción original que funciona como hilo conductor y homenaje. En sus versos, La Mota “respira en cada paso lento”, los niños corren “donde yo fui pequeño” y los sueños “aún caben en un banco de madera”. La letra evoca escenas cotidianas: una niña dibujando con tiza, un abuelo contando historias, el viento trayendo olor a tierra mojada y voces de quienes ya no están. Todo ello envuelto en una atmósfera que mezcla nostalgia, ternura y orgullo por un lugar que ha sido escuela de vida para tantas generaciones.

 

El vídeo culmina con una idea que atraviesa toda la obra: hablar de La Mota es hablar de Benavente. Es hablar de raíces, de infancia, de identidad. Un legado que pasa de abuelos a padres y de padres a hijos, y que seguirá vivo mientras alguien camine por sus senderos, mientras una rosa florezca en la Rosaleda o mientras un niño corra entre sus árboles.

 

Con esta nueva creación, Fernando González reafirma su capacidad para transformar la memoria local en arte digital, ofreciendo a los benaventanos un espejo emocional donde reconocerse y recordar. La Mota, una vez más, se convierte en el alma verde de la ciudad y en el refugio eterno de quienes la han amado siempre.

 

 

"Hay lugares que permanecen grabados para siempre en la memoria y en el corazón de quienes los han vivido. Lugares que no necesitan grandes monumentos para ser extraordinarios, porque su verdadero valor lo han construido el paso del tiempo, las vivencias compartidas y el cariño de generaciones enteras. En Benavente existe uno de esos rincones únicos, un lugar que forma parte de nuestra identidad y de nuestra historia colectiva. Ese lugar es La Mota.

 

La Mota no es solamente un hermoso paseo que corona la ciudad. Es el escenario donde la vida ha ido escribiendo, día tras día, una historia que pertenece a todos los benaventanos. Su paseo central, la frondosa arboleda y la siempre hermosa rosaleda han sido testigos silenciosos de miles de momentos que, aunque sencillos, han terminado convirtiéndose en inolvidables. Allí han paseado niños de la mano de sus padres, jóvenes que soñaban con el futuro, enamorados que comenzaron a escribir juntos su historia y personas mayores que regresan una y otra vez para reencontrarse con los recuerdos de toda una vida.

 

Bajo la sombra de sus árboles han transcurrido tardes enteras de juegos, conversaciones y risas. Sus bancos han escuchado secretos, proyectos, promesas y confidencias; han servido de refugio para quien buscaba un momento de tranquilidad y también de punto de encuentro para quienes nunca dejaron de volver. Y mientras las estaciones cambiaban una tras otra, los rosales seguían floreciendo con la misma belleza de siempre, recordándonos que hay lugares capaces de conservar intacta su esencia aunque pasen los años.

 

Cada rincón de La Mota guarda una pequeña historia. Cada sendero conserva las huellas de quienes lo recorrieron antes que nosotros. Cada árbol parece custodiar la memoria de tantas generaciones que encontraron allí un espacio para disfrutar, descansar, soñar o simplemente contemplar el horizonte. Desde este balcón privilegiado de Benavente, donde la mirada se pierde entre los campos y el cielo, hemos aprendido que los recuerdos más valiosos nacen, muchas veces, de los momentos más sencillos.

 

Por eso, hablar de La Mota es hablar de Benavente. Es hablar de nuestras raíces, de nuestra infancia, de nuestra gente y de ese vínculo invisible que une a quienes nacieron aquí con quienes, aun viviendo lejos, llevan siempre este lugar en el corazón. Porque La Mota no pertenece a una sola generación; pertenece a todas. Es un legado compartido que pasa de abuelos a padres, de padres a hijos y de hijos a nietos, convirtiéndose en un símbolo de la memoria y del cariño de todo un pueblo.

 

Esta canción es es un homenaje a un lugar que ha acompañado la vida de tantos benaventanos, a sus paseos tranquilos, a la belleza de su arboleda, al color de su rosaleda y a esos bancos de madera que han sido testigos de miles de historias. Cada una de sus estrofas nos invita a volver, a ese rincón donde la infancia nunca desaparece del todo y donde los recuerdos florecen con la misma fuerza que las rosas en primavera.

 

Que esta canción nos ayude a recorrer de nuevo los caminos de La Mota con la mirada del niño que un día fuimos, con la emoción del adulto que recuerda y con el orgullo de pertenecer a una ciudad que ha sabido conservar uno de sus tesoros más queridos. Porque mientras alguien siga paseando por sus senderos, mientras una rosa vuelva a florecer en la rosaleda o un niño corra entre sus árboles, La Mota seguirá siendo el alma verde de Benavente y el refugio eterno de nuestra memoria."

 

 

 

2026 - La Mota

En la Mota florecen los juegos

De niños pequeños y risas sin fin

Un abuelo cuenta su historia de nuevo

Mientras el sol se esconde en el jardín

La Mota, testigo de piedra y de flor!

donde el niño corretea y el viejo busca el sol!

mirador de horizontes que se pierden en el ayer!

el balcón de Benavente donde aprendimos a querer!

Las sombras crecen entre los laureles

Los bancos guardan conversaciones de ayer

Y aunque el reloj marque otro abril

Aquí el tiempo prefiere no correr

¡LA MOTA RESPIRA EN CADA PASO LENTO!

Entre rosas y ecos de un depósito antiguo

¡LOS NIÑOS CORREN DONDE YO FUI PEQUEÑO!

Y los sueños aún caben en un banco de madera

Una niña dibuja con tiza en el suelo

Corazones, estrellas y un nombre al pasar

Su madre la llama desde el sendero

Mientras las palomas empiezan a volar

El viento trae olor a tierra mojada

Y voces de quienes ya no están aquí

Pero en cada hoja, en cada mirada

La Mota sigue siendo mi hogar feliz

¡LA MOTA RESPIRA EN CADA PASO LENTO!

Entre rosas y ecos de un depósito antiguo

¡LOS NIÑOS CORREN DONDE YO FUI PEQUEÑO!

Y los sueños aún caben en un banco de madera

Hay un castillo con su torre en este cerro

Solo pinos, caminos y manos que se dan

Pero en esta colina aprendí primero

Que el amor es caminar… y volver a andar

¡LA MOTA RESPIRA EN CADA PASO LENTO!

¡ENTRE ROSAS Y ECOS DE UN DEPÓSITO ANTIGUO!

¡LOS NIÑOS CORREN DONDE YO FUI PEQUEÑO!

Y los sueños aún caben… Aún caben… En un banco de madera

 

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