Día Domingo, 28 de Junio de 2026
El pasado finde semana, mientras un grupo de ecologistas de Zamora participaba en las fiestas patronales de San Juanico, se encontró con una escena excepcional que ya habíamos tenido la fortuna de contemplar hace unos días en Santibáñez de Tera: más de veinte nidos de golondrina ocupando el alero de una vivienda. Un espectáculo de vida que nos recordó hasta qué punto estas aves forman parte inseparable del paisaje humano de los Valles de Benavente
La casa pertenece a Manolo, vecino nacido en el pueblo aunque residente habitual fuera de él. Al levantar la vista hacia el alero, contemplamos una actividad frenética. Decenas de golondrinas entraban y salían sin descanso llevando alimento a sus crías, que de vez en cuando asomaban la cabeza desde unos nidos construidos con paciencia, esfuerzo y una admirable arquitectura natural.
«La verdad es que tengo permiso para tirarlos fuera de la época de cría, porque las fachadas terminan llenas de deposiciones, pero me da mucha pena. Amo las golondrinas y no quiero quitarlas», nos confesaba Manolo mientras observaba aquel ir y venir incesante.
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Porque, efectivamente, convivir con ellas tiene inconvenientes. Las repisas de las ventanas y parte de la fachada aparecen salpicadas por sus excrementos. Pero también es cierto que esas mismas paredes albergan una colonia que constituye un auténtico tesoro natural.
Una pareja de golondrinas tarda entre siete y quince días en construir un nido nuevo. Lo hace transportando cientos de pequeñas bolas de barro que recogen en charcos, caños o cursos de agua cercanos. Sin embargo, reparar un nido antiguo apenas requiere un par de días. Esa diferencia resulta fundamental, pues permite a las parejas sacar adelante una o incluso dos nidadas cada temporada, contribuyendo así al mantenimiento de sus poblaciones.
En San Juanico y en Santibáñez de Tera hemos observado este año una abundancia de golondrinas muy superior a la de otras localidades cercanas como Cabañas o Camarzana. Sin duda, una de las razones es el respeto mostrado hacia sus nidos. En San Juanico, por vecinos como Manolo; en Santibáñez, por personas como el párroco Raúl Vega, que siempre ha mostrado sensibilidad hacia estas aves.
Pero existen otros factores. Las golondrinas necesitan barro para construir sus hogares. Necesitan charcos, lagunas, caños con agua, riberas y pequeños espacios húmedos. También requieren tranquilidad.
![[Img #241541]](https://interbenavente.es/upload/images/06_2026/3273_whatsapp-image-2026-06-26-at-214047-1.jpg)
El caso de Camarzana de Tera, uno de los pueblos cuyo seguimiento hemos realizado con más atención, resulta preocupante. La disminución de golondrinas es evidente. A la destrucción de algunos nidos podrían sumarse otras causas: la pavimentación prácticamente total del casco urbano, la desaparición del agua en los caños durante la época de cría o el aumento del tráfico rodado y del ruido, que alteran su hábitat.
Quizá existan más razones que desconocemos, pero lo que sí es evidente es que los vecinos se han visto privados del revoloteo y de los alegres chillidos que durante generaciones acompañaron las tardes de primavera y verano. Porque las golondrinas son mucho más que unas aves: constituyen un patrimonio natural y sentimental allí donde se las deja vivir.
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Y, además, son el mejor insecticida natural imaginable.
Una pareja con pollos puede capturar hasta dos mil insectos diarios entre moscas, mosquitos, polillas y pulgones. Un ejército silencioso y gratuito que trabaja desde el amanecer hasta el anochecer manteniendo a raya a los insectos en los meses más calurosos.
Por eso, estas aves, rodeadas además de numerosas leyendas populares y religiosas, merecen seguir gozando de la protección especial que actualmente les otorga la ley. Pero quizá haya llegado el momento de dar un paso más.
Las administraciones locales y autonómicas deberían implicarse en facilitar la convivencia entre vecinos y golondrinas. Bastaría con impulsar medidas sencillas como la instalación de repisas recoge-excrementos bajo los nidos o la concesión de ayudas para pintar periódicamente las fachadas con revestimientos lavables. Iniciativas que permitirían que el cariño que las gentes de los Valles siempre han profesado a estas aves continúe vivo.
No faltan ejemplos. SEO/BirdLife, junto con asociaciones locales, ha promovido en Castilla y León actuaciones como la colocación de repisas bajo los nidos, la instalación de nidos artificiales y campañas de sensibilización dirigidas a vecinos y ayuntamientos.
De nosotros depende que esta ave migradora, capaz de recorrer miles de kilómetros desde diversos países del África subsahariana, siga regresando cada primavera a nuestros pueblos.
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Ellas también son emigrantes.
Desde hace milenios cruzan desiertos, mares y continentes para volver fielmente al mismo rincón donde nacieron sus hijos. Regresan para limpiar nuestros cielos de insectos y llenar de vida y sonido los silencios cada vez más profundos de unos pueblos que luchan contra la despoblación.
Y, a cambio, apenas nos piden una cosa:
![[Img #241544]](https://interbenavente.es/upload/images/06_2026/4422_whatsapp-image-2026-06-26-at-214104.jpg)
Que respetemos su casa para que cada primavera puedan volver a sacar adelante a sus pequeños.
Quizá por eso, cuando las vemos revolotear bajo los aleros y escuchamos sus inconfundibles chillidos, no deberíamos pensar en una molestia.
Deberíamos pensar que, mientras haya golondrinas, todavía habrá esperanza y vida en nuestros pueblo.













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