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La renta de un gol con la que el Zamora llegaba a Sabadell era escasa, pero suficiente para alimentar la esperanza. Había motivos para seguir soñando con un equipo que, durante toda la temporada, había derrochado valentía, compromiso y una fuerza que, en cierto modo, representa también el carácter de toda una provincia acostumbrada a levantarse una y otra vez.
Y durante muchos minutos, el sueño siguió vivo
El gol de López Pinto, tras un saque de esquina, igualaba la eliminatoria y hacía que los corazones rojiblancos latieran con más fuerza. El Zamora no había viajado a Cataluña a especular, sino a competir con personalidad y a seguir escribiendo una página inolvidable en su historia por eso siguió intentando el empate hasta el final de la primera parte.
Tras el descanso, los hombres de Oscar Cano regresaron al césped aún más enchufados. El Zamora controlaba el balón, llegaba con peligro y daba la sensación de que el gol que podía abrir las puertas del ascenso estaba cada vez más cerca. El equipo transmitía confianza y la afición, repartida por todos los rincones de la provincia, seguía empujando.
Porque el partido no se jugaba solo en la Nova Creu Alta
Se jugaba también en los salones de cientos de hogares, en las terrazas de los bares, en las plazas de muchos pueblos y en las pantallas improvisadas donde amigos y familias compartían nervios y esperanza. Desde Benavente hasta Puebla de Sanabria, desde Toro hasta Alcañices, desde la capital hasta el más pequeño de nuestros pueblos, miles de personas seguían soñando.
Pero el fútbol, a veces, también es cruel
En el minuto 14, Abde estrelló un balón en el poste. La fortuna esquivaba al Zamora. Y en el minuto 76 llegó otra acción que quedará grabada en la memoria de los aficionados rojiblancos. Lozano, en otro saque de esquina, conectó un remate que acabó golpeando el poste izquierdo. Quizá fue en ese instante cuando la suerte decidió darle la espalda al Zamora. Dos palos, dos ocasiones clarísimas y la sensación de que el destino no estaba dispuesto a conceder el premio que tanto merecía este equipo.
Hasta el minuto 90, la eliminatoria seguía abierta. Hasta entonces, el Zamora había dado la cara, había competido y había demostrado que estaba preparado para pelear contra cualquiera. Pero cuando las piernas comenzaron a pesar y los rojiblancos se lanzaron con todo al ataque, llegó el mazazo. Eneko Aguilar hizo el segundo y, con un Zamora completamente volcado, llegarían el tercero y el cuarto. Ya daba igual. El marcador final era excesivo y engañoso. Porque quien no vio el partido podría pensar en una superioridad inexistente. La realidad fue muy distinta.
![[Img #241006]](https://interbenavente.es/upload/images/06_2026/5064_whatsapp-image-2026-06-20-at-004800.jpg)
El Zamora cayó de pie
Porque este equipo nunca dejó de creer, nunca dejó de luchar y nunca renunció a sus principios. El ascenso se escapó, sí, pero no se perdió la dignidad ni el orgullo.
Y si algo deja esta eliminatoria es una lección mucho más importante que un resultado. La respuesta de una provincia entera demuestra que, cuando los zamoranos nos unimos alrededor de un proyecto, una ilusión o una causa común, somos capaces de sentirnos únicos. Quizá el sueño del fútbol profesional tendrá que esperar, pero nadie podrá arrebatarnos la alegría, la ilusión y ese sentimiento de pertenencia que hemos compartido durante este inolvidable mes de junio.
Porque el lunes volveremos a la realidad. A una tierra que sigue luchando contra la despoblación, contra la falta de oportunidades, contra la ausencia de servicios y contra tantos obstáculos que parecen eternos. Pero estos días nos han recordado que Zamora sigue viva. Que aquí sigue habiendo gente capaz de ilusionarse, de emocionarse y de creer.
Y esos recuerdos nos darán fuerza para seguir adelante
Porque esta tierra, la que nos vio nacer, la que llevamos en el corazón y la que un día albergará nuestros huesos, merece seguir luchando.
Cuando vuelva a rodar el balón en el Ruta de la Plata, volveremos a ocupar nuestras localidades. Volveremos a abrazarnos después de cada gol. Volveremos a sufrir y a soñar. Y, sobre todo, volveremos para agradecer a estos jugadores todo lo que nos han hecho sentir. Porque, más allá del ascenso, nos han regalado algo que no tiene precio: la ilusión.
Y entonces, una vez más, como durante todo este mes de junio, miles de gargantas volverán a unirse para entonar esas tres palabras que resumen el espíritu de un equipo y de una provincia entera:
¡Sí se puede!
Porque el ascenso debe esperar.
Pero los valores, el orgullo y el sentimiento de pertenecer a esta tierra siguen ahí.
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