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Fiestas Comarca

La Trinidad de Camarzana vuelve a reunir al pueblo en torno a su ermita y sus raíces

Redacción Lunes, 01 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:

La Festividad de la Trinidad en Camarzana de Tera pertenece a esas tradiciones que no necesitan carteles luminosos ni grandes escenarios para mantenerse vivas. Porque su fuerza nace de algo mucho más profundo: la memoria colectiva de un pueblo entero que, generación tras generación, sigue caminando hacia la ermita del Padre Eterno para reencontrarse consigo mismo.

 

 

 

La Trinidad en Camarzana no es únicamente una romería. Es un calendario emocional que comienza cada 1 de mayo, cuando la imagen de la Trinidad regresa solemnemente desde la ermita hasta la iglesia parroquial del pueblo. A partir de ese momento se inicia un ciclo de celebraciones, rezos, encuentros y recuerdos que culminará el primer domingo después de Pentecostés, cuando centenares de fieles volverán a reunirse en torno a la pequeña ermita para compartir fe, tradición y convivencia.

 

Porque en Camarzana la Trinidad no se entiende sin el queso, el pan y el vino que la cofradía ofrece generosamente a todos los peregrinos. Una sencilla mesa compartida que simboliza desde hace siglos la hospitalidad de la tierra y el espíritu comunitario de sus gentes.

 

 

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Un santuario escondido entre fresnos y lagunas

 

La ermita de la Trinidad emerge en uno de los rincones más hermosos de la vega del Tera. Rodeada de fresnos centenarios, salgueras, pequeñas lagunas y el murmullo constante del arroyo del Regato, el lugar parece suspendido en el tiempo.

 

Cada primavera, cuando la hierba reverdece y el campo despierta definitivamente del invierno, cientos de personas regresan hasta allí buscando mucho más que una celebración religiosa. Buscan volver a una infancia que todavía permanece escondida entre aquellos árboles.

 

Muchos recuerdan entonces a la señora María, de Santa Marta de Tera, repartiendo chucherías y frutos secos entre la chiquillería de pantalones cortos y faldas blancas. Aquellos niños corrían entre los puestos improvisados mientras sonaban los pasodobles que interpretaban pequeñas orquestas llegadas desde localidades vecinas como Cabañas de Tera o Abraveses.

 

 

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¿Quién no recuerda “Los Vitos” resonando entre los fresnos?

 

Las tardes parecían eternas. Bajo la sombra de un fresno monumental de cuatro grandes ramas se sucedían los bailes populares. Allí, entre acordeones, trompetas y miradas tímidas, muchos mozos y mozas —los que hoy son abuelos— conocieron su primer amor.

 

La Trinidad fue también durante décadas el gran punto de encuentro social de toda la comarca.

 

 

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Juegos tradicionales y orgullo de pueblo

 

La romería siempre tuvo espacio para la diversión popular y para demostrar la destreza en los juegos tradicionales. Este mismo domingo volvió a comprobarse durante la partida de calva organizada por Nardi, que reunió a algunos de los mejores jugadores llegados desde Ayoo de Vidriales, Fuente Encalada o Villajeriz.

 

El sonido seco de la pieza golpeando el hierro volvió a escucharse entre las encinas y los corrillos de vecinos, devolviendo al presente una tradición que se niega a desaparecer.

 

Porque la Trinidad también es eso: una resistencia silenciosa frente al olvido.

 

 

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Los cantos que aún sobreviven

 

Mientras afuera la romería bulle de vida, el interior de la ermita conserva una solemnidad especial.

 

Allí resuenan todavía los cánticos de las misas concelebradas por tres o más sacerdotes, los rosarios vespertinos y esos himnos antiguos que forman parte del patrimonio sentimental de Camarzana.

 

Especial emoción despierta el Himno de la Trinidad y el tradicional Canto del Ramo, una composición introducida hace aproximadamente noventa años por la señora Lucía, después de viajar a caballo hasta Santibáñez de Tera para aprenderlo.

 

Así lo recuerdan hoy sus hijas, Lucí y Milagros, mientras conversan a la salida de la misa dominical junto a la ermita, justo en el instante en que tres cohetes lanzados por Nardi rompen el cielo limpio de junio.

 

Son pequeños gestos que mantienen viva la cadena de la tradición.

 

 

El lunes de las avellanas

Pero si hay un día singular dentro de la festividad, ese es el lunes posterior a la romería.

 

Entonces llega uno de los rituales más entrañables y antiguos: el Convite de las Avellanas.

 

Las mesas de madera vuelven a llenarse de vecinos mientras resuena ese ruido tan peculiar de las avellanas al romperse con una piedra. Un sonido humilde, sencillo y profundamente reconocible para cualquiera que haya vivido la Trinidad.

 

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Ese día se produce además el relevo de cetro de los mayordomos, custodios de la tradición durante todo un año. Este 2026 el honor recaerá en Anabel Barrón, que asumirá una responsabilidad que en Camarzana no se entiende como un cargo, sino como un servicio al pueblo y a su historia.

 

 

Un ciclo que vuelve a comenzar, igual que lo ha hecho durante más de tres siglos.

 

Porque la Cofradía de la Trinidad mantiene viva una tradición documentada desde 1692.

 

Más de 300 años después, la romería sigue convocando a vecinos, emigrantes que regresan por unos días, hijos del pueblo y visitantes que descubren en este rincón de la comarca de Benavente y los Valles algo difícil de explicar con palabras.

 

 

Mucho más que una fiesta

 

La Trinidad de Camarzana es el olor del vino servido en jarras de barro.Es el eco lejano de un pasodoble entre los árboles.Es una oración aprendida de memoria por nuestros abuelos.Es el fresno bajo el que comenzaron tantas historias de amor.Es el sonido de las avellanas rompiéndose sobre la madera.Es un pueblo entero reconociéndose en sus raíces.

 

Quizá por eso, cuando cae la tarde y la ermita comienza a vaciarse lentamente, nadie siente realmente que la fiesta termina.  Porque la Trinidad no acaba nunca del todo. Permanece viva en la memoria de quienes regresan cada año al mismo lugar donde la fe, la tradición y la vida siguen caminando juntas desde hace más de trescientos años.

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