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Romerí

La Virgen de la Luz vuelve a reunir a dos pueblos hermanos a ambos lados de la Raya

Redacción Martes, 28 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:

En el extremo más vivo de la frontera entre España y Portugal, donde la línea divisoria se diluye entre caminos de tierra, encinas y acentos compartidos, dos pueblos hermanados por la historia —Moveros y Constantim— vuelven a encontrarse cada primavera en una de esas celebraciones que trascienden lo festivo para convertirse en memoria viva: la Romería de la Virgen de la Luz.

 

 

En la conocida “Raya”, ese territorio donde las fronteras son más administrativas que reales, la romería se convierte en símbolo de unión. Moveros y Constantim, separados por apenas unos pasos, se funden en un solo latido durante esta jornada. Las gentes de uno y otro lado cruzan sin pensar en mapas, guiadas por la tradición, la fe y el deseo de compartir.

 

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A lo largo de la línea fronteriza, cientos de puestos comerciales dibujan un mercado vibrante y colorido. Se mezclan los aromas de la comida recién hecha con el bullicio de quienes curiosean entre ropa, herramientas y piezas de artesanía. Pero si hay algo que brilla con identidad propia es la cerámica de Moveros, orgullo del pueblo, que luce en cada rincón como herencia de generaciones.

 

 

Más allá del comercio, la romería es también un reencuentro. Para acoger a los miles de visitantes se habilita una extensa explanada de más de cinco hectáreas, donde la sombra se convierte en refugio y el suelo en mesa compartida. Allí, entre manteles improvisados, se degustan los productos traídos de casa: embutidos, empanadas, dulces… pequeños sabores que saben a hogar.

 

 

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Es el espacio donde las familias se reúnen, donde los amigos se ponen al día y donde las generaciones más jóvenes descubren el valor de una tradición que sigue latiendo con fuerza.

 

Pero el verdadero corazón de la jornada late en el santuario, situado en suelo portugués, donde miles de personas acuden a lo largo del domingo romero. Allí, ante la Virgen de la Luz, se susurran promesas, se piden favores y se dan gracias en silencio. Es un flujo constante de devoción que no entiende de nacionalidades.

 

 

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La emoción alcanza su punto álgido a media tarde. La solemne procesión arranca entre acordes de bandas de música y el ondear de estandartes. La imagen de la Virgen avanza lentamente, acompañada por una multitud que la sigue con respeto y alegría. Es un momento en el que el fervor religioso y el bullicio festivo se entrelazan sin conflicto, como solo ocurre en las romerías de la Raya.

 

La Romería de la Virgen de la Luz no es solo una fiesta; es una manifestación de identidad compartida. Durante los meses de abril y mayo, celebraciones similares se suceden a ambos lados de la frontera zamorana, recordando que, más allá de las divisiones políticas, existe un territorio común hecho de cultura, fe y convivencia.

 

En Moveros y Constantim, cada año, esa verdad se hace visible. Y mientras la Virgen de la Luz recorre los caminos entre ambos pueblos, queda claro que hay fronteras que no separan, sino que unen.

 

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