Día Viernes, 17 de Abril de 2026
La memoria ferroviaria de Benavente vuelve a ponerse en movimiento gracias a un proyecto audiovisual creado por Fernando González, que ha recurrido de nuevo a herramientas de inteligencia artificial para reconstruir imágenes en movimiento de los trenes, estaciones y paisajes de la antigua línea Palazuelo‑Astorga, perteneciente al histórico Ferrocarril Ruta de la Plata
El vídeo, concebido como un homenaje a Pablo Zorita y a todos los trabajadores que mantuvieron viva la línea durante décadas, combina recreaciones visuales con una canción original que refuerza el tono nostálgico del relato.
El cierre de esta infraestructura —primero al tráfico de viajeros en 1984 y definitivamente al de mercancías en 1996— supuso un golpe para la vertebración territorial de la comarca. La falta de inversión, el deterioro progresivo de la vía y el auge del transporte por carretera precipitaron una decisión que dejó a Benavente sin conexión ferroviaria y abrió una herida que aún hoy forma parte del imaginario colectivo.
El trabajo de González busca precisamente restituir esa memoria perdida, devolviendo al espectador escenas que ya no existen: locomotoras avanzando entre campos, estaciones hoy abandonadas, andenes llenos de vida y el movimiento cotidiano de una línea que fue esencial para el desarrollo económico y social del territorio.
El vídeo se acompaña de una composición musical, que funciona como hilo emocional del homenaje. En sus versos, el autor evoca la despedida del tren al amanecer, los pueblos que aguardaban su llegada, los niños en los andenes y el silencio que quedó tras su desaparición. La letra recorre la nostalgia de una comarca que vio marcharse “el Tren de la Plata” y que aún siente el vacío de aquella pérdida. En su estribillo, la canción se pregunta por el paradero de aquel silbido que era “canto y paz”, y en su tramo final afirma que, aunque no vuelva a rugir su corazón de carbón, Benavente seguirá siendo “la última estación” en la memoria de quienes lo vivieron.
Con este proyecto, Fernando González no solo recupera imágenes que parecían condenadas al olvido, sino que también reactiva un sentimiento compartido por varias generaciones: el de una comarca que creció al ritmo del ferrocarril y que hoy reivindica su legado a través de la tecnología, la música y la emoción.




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