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Reportajes: Angela Carrasco

“El Barbero de Picasso” rinde homenaje al artista malagueño en el Reina Sofía de Benavente con Antonio Molero y Pepe Viyuela

Reportajes: Angela Carrasco Lunes, 23 de Marzo de 2026

"La nostalgia es como una pintura: cuanto más te alejas, más la entiendes"

Pablo Picasso (1881-1973)
Pintor y escultor español, fue una de las figuras más influyentes del siglo XX y cofundador del cubismo.

Picasso sigue dejando huella incluso en ciudades que nunca visitó. En el Benavente zamorano, una calle lleva su nombre: un homenaje urbano que ayer se reforzó con la presentación ayer en su teatro de la obra teatral “El Barbero de Picasso”, del Teatro Español y Amor al Teatro.

 

La representación, dirigida brillantemente por Chiqui Carabante y escrita acertadamente por Borja Ortiz de Gondra es un retrato cómico y evocador de una de las relaciones más íntimas y humanas de la vida del genio malagueño, mostrando la esencia de la amistad entre Eugenio Arias Herranz y Picasso. A nuestro entender, no es una comedia puramente, ya que, a razón de la verdad, el drama también baila al compás de la risa.

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Todo transcurre en una barbería de Vallauris, en la Costa Azul francesa, propiedad de Arias y frecuentada por Picasso. Ambos, exiliados españoles, desde 1945 forjaron una amistad que se prolongó durante más de 26 años.

 

Esta hermandad estuvo marcada por la morriña española, la nostalgia del exilio y de la patria perdida durante la represión franquista y sus ideales comunistas.

 

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Comedia, amistad y memoria

 

El inicio de la pieza marcó el tono cómico cuando Antonio Molero, como Eugenio Arias, quien coloca un transistor a pilas para sintonizar una corrida de toros desde España, en una escena al más puro estilo Chaplin que provocó las primeras carcajadas del público.

 

La obra nos acercó a un Picasso más humano: amigo, nostálgico y exiliado, quien visita frecuentemente la barbería por algo más que un corte de pelo o un afeitado; y a un Eugenio que necesita mucho más que unos francos como pago por su trabajo. Ambos compartían y requerían compañía y la oportunidad de vivir el duelo del exilio.  

 

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La pieza combinó hechos anecdóticos y humor: desde negociaciones para que Picasso pudiera tener una corrida de toros en territorio francés, su interés por que su obra fuera entendida, hasta la fantasía del artista de adquirir una cabra, entre otros relatos. La obra también recordó la situación política española de la época, no de manera incisiva, pero si claramente visible con frases como la recurrente de que Franco “no puede durar siempre”.

 

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Escenografía y atmósfera

 

La escenografía transportó al espectador a la época: la barbería, elegante y con elementos auténticos del tiempo, se presentó ligeramente inclinada, como si con ello se quisiera generar una sensación de cierta tensión. El conjunto de elementos transformó un espacio cotidiano en un submundo; un refugio que para Picasso y Arias se convierte en “su patria”.

 

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La gran bandera francesa envolvió el escenario, recordando que físicamente estaba en Francia, mientras que los diálogos desarrollados en el interior desprendían el olor a su añorada patria.

 

Los portazos en la obra, más allá de su función cómica, trabajaron como elemento separador de diálogos o escenas, simbolizando el contraste entre Francia, espacio de libertad, y la España añorada que habita en su interior del negocio. Los benaventanos celebraban con risas cada cierre de la puerta de la barbería. El efecto logró su objetivo.

 

El vestuario de Salvador Carabante contextualizó a los personajes, mientras la iluminación de José A. Tarín, (tenue, cálida y precisa), sumado al espacio sonoro de Peña & del Moral reforzaron los momentos clave de la puesta en escena.

 

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Interpretaciones

 

Pepe Viyuela construyó un Picasso que combinó humor y solvencia escénica, revelando su personalidad a través de gestos y momentos cómicos —como su aparición de torero o con la ropa manchada de pintura—, equilibrando la excentricidad con una profunda humanidad.

 

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En el otro extremo, Antonio Molero encarnó a Eugenio Arias con humanidad, naturalidad y un eficaz tono cómico, convirtiéndolo en nexo entre memoria, exilio e identidad, y construyendo junto a Viyuela una complicidad que eleva la obra más allá de la comedia.

 

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Por otro lado, Juan Carlos Talavera, en el papel de Valdéz, aunque secundario, resultó esencial para matizar la dinámica del grupo: su actuación contribuyó a modular el humor y la discusión entre los personajes, imponiendo un contrapunto de autenticidad.

 

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Por último, Mar Calvo, como Jacqueline Roque, derrochó la elegancia, sobriedad y refinamiento de su personaje, logrando momentos de gran comicidad, especialmente con ese acento francés al intentar hablar castellano. Ella encarnó uno de los momentos más hilarantes de la obra, que ocurre cuando bebe un porrón completo de vino de un solo trago, sin derramar ni una gota.

 

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Durante el desarrollo de la obra, frases como “Los españoles no hacemos nada como todo el mundo” o “Los toros es lo único que nos queda de España” despertaron risas y a la vez la identificación   del público con los personajes.

 

La obra termina, muy a la española; con un cadencioso paso doble de Picasso y su amada Jacqueline, seguido de una avalancha de aplausos por parte de los presentes.

 

 

 

Al final, la historia real entre estos dos personajes cuenta que Eugenio retornó a España después de pasar décadas exiliado. Picasso, físicamente, nunca lo hizo. El relato de esta amistad demuestra que, los migrantes, normalmente crean esos espacios personales donde se sienten cerca de su lugar de origen, y que, de alguna manera, es su forma de “Volver”.

 

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Ficha artística:

  • Autor: Borja Ortiz de Gondra
  • Dirección: Chiqui Carabante
  • Escenografía: Walter Arias
  • Vestuario: Salvador Carabante
  • Espacio sonoro: Peña & del Moral
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Reparto:

  • Jacqueline Roque: Mar Calvo
  • Valdés: José Ramón Iglesias
  • Eugenio Arias: Antonio Molero
  • Pablo Picasso: Pepe Viyuela
  • Producción: Teatro Español y Amor al Teatro.

 

https://www.teatroespanol.es/el-barbero-de-picasso

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