Del Sábado, 21 de Marzo de 2026 al Domingo, 22 de Marzo de 2026
El monasterio de Santa Marta de Tera volvió a convertirse este domingo en uno de los epicentros culturales y espirituales de la provincia con la celebración del Concierto de la Luz Equinoccial, un acto que cada primavera reúne a decenas de personas atraídas por la magia del románico, la simbología de la luz y en esta ocasión la fuerza evocadora de la música medieval
A las ocho y media de la mañana, el templo abrió sus puertas para recibir a un público expectante por el fenómeno de la luz equinoccial, aunque la jornada amaneció cubierta de nubes, lo que apenas permitió distinguir el célebre rayo de sol que ilumina el capitel del Alma Desnuda en la iglesia del Monasterio de Santa Marta de TEra.
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Pese a ello, la atmósfera fue de recogimiento y emoción. El silencio del templo, roto solo por el murmullo previo al concierto, se mezcló con la expectación de quienes, año tras año, acuden a este encuentro único entre patrimonio, astronomía y arte.
Entre los asistentes se encontraban el subdelegado del Gobierno en Zamora, Ángel Blanco, el diputado provincial Emilio Martínez y Jesús María Prada, concejal del Ayuntamiento de Zamora y uno de los impulsores de este ciclo durante su etapa como diputado provincial de Cultura. Prada, habitual en esta cita, volvió a mostrar su apoyo a un evento que se ha convertido en referencia provincial.
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La Asociación de Amigos del Monasterio de Santa Marta de Tera, organizadora del acto junto a la Diputación de Zamora, dio la bienvenida con un discurso cargado de simbolismo y reflexión. En él, agradeció la presencia de las autoridades y subrayó la importancia de que las instituciones respalden la cultura en el medio rural, especialmente en un ciclo como este, que combina tradición, patrimonio y música.
Blas de Paz en nombre de la Asociación recordó también a quienes apoyaron los inicios de los conciertos equinocciales, como Oksana Karina, directora de Aures Cantibus, presente entre el público.
El mensaje central giró en torno a la luz como metáfora universal:
“Una primavera más, la luz equinoccial aparece en este monasterio románico para recordarnos que la luz siempre vence a la oscuridad. Esta lucha entre la luz y la oscuridad, entre el amor y el odio, entre la paz y la guerra cobra hoy más actualidad que nunca”.
El fenómeno, aunque apenas visible, fue interpretado como un símbolo de esperanza, un deseo de que la luz de la razón y del humanismo ilumine un mundo marcado por la intransigencia y los conflictos.
La Asociación expresó su anhelo de que este “milagro de la luz” sea también un heraldo de paz para la primavera que comienza.
Concluido el breve instante en el que el sol intentó atravesar las nubes, dio comienzo el concierto del Ensemble Musicantes, encargado de interpretar el programa “Los colores del Medievo”, un recorrido musical por las tres culturas —cristiana, sefardí y andalusí— que convivieron durante siglos en la Península Ibérica. El concierto tomó un aspecto intimista a la luz de las velas y la iluminación que entraba por los ábsides del templo.
El Ensemble Musicantes está formado por cuatro intérpretes de larga trayectoria en el ámbito de la música antigua: Jaime Muñoz, Adriana Arias, Jaime del Amo y Wafir Shaikheldin. Su trabajo se centra en la recuperación, estudio y difusión del repertorio medieval europeo y mediterráneo, con especial atención a las músicas de las tres culturas —cristiana, sefardí y andalusí— que convivieron durante siglos en la Península Ibérica. Cada uno de ellos aporta una sólida formación y una experiencia internacional que han convertido al grupo en un referente dentro de los festivales especializados.
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El conjunto destaca por su uso de instrumentos históricos o réplicas fieles de los que aparecen en la iconografía medieval: cítola, laúd, rabel, salterio, fídula, chirimía, gaitas, flautas de pico, percusiones orientales y otros instrumentos reconstruidos a partir de esculturas, miniaturas y manuscritos. Esta fidelidad sonora permite recrear con gran autenticidad el paisaje musical de los siglos XIII y XIV, ofreciendo al público una experiencia inmersiva que trasciende el mero concierto.
A lo largo de su carrera, los Musicantes han actuado en festivales de España, Portugal, Italia, Francia, Suecia, Irlanda, Israel, Marruecos y Bélgica, entre otros países. Su presencia en escenarios internacionales ha contribuido a difundir el patrimonio musical medieval y a situar la música histórica española en un lugar destacado dentro del panorama europeo. Su repertorio combina rigor musicológico y sensibilidad artística, lo que les permite conectar con públicos muy diversos.
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Cada uno de los músicos aporta una especialización concreta:
- Jaime Muñoz, multiinstrumentista, es uno de los mayores conocedores de la organología medieval en España.
- Adriana Arias aporta la delicadeza tímbrica del salterio, la fídula y la cuerda pulsada.
- Jaime del Amo destaca por su dominio del laúd medieval y la cítola, instrumentos esenciales en la música cortesana del medievo.
- Wafir Shaikheldin, de origen sudanés, introduce la riqueza rítmica y melódica de la tradición oriental, aportando una dimensión intercultural que enriquece el conjunto.
Su propuesta musical, “Los colores del Medievo”, es un viaje sonoro que atraviesa Francia, Castilla, Al-Ándalus, el Mediterráneo y Oriente Próximo. El programa combina obras del Ars Nova francés, Cantigas de Santa María, melodías sefardíes transmitidas de generación en generación y danzas juglarescas italianas, creando un mosaico que refleja la diversidad cultural de la Edad Media.
La sonoridad de instrumentos como la cítola, el laúd medieval, el rabel, el salterio, la fídula, la chirimía o la percusión oriental llenó el templo de matices y colores sonoros que evocaron la convivencia cultural de la Edad Media.
Una metáfora perfecta —como recordó la Asociación— del respeto intercultural, especialmente significativa en un monasterio situado en pleno Camino Sanabrés, donde cada año confluyen cientos de peregrinos.
El templo, además, guarda un guiño a la música medieval en el capitel de los Reyes, situado en la ventana derecha del ábside, donde se representan músicos con sus instrumentos, un detalle que refuerza la conexión entre el espacio y el repertorio interpretado.
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Aunque la nubosidad impidió disfrutar plenamente del fenómeno lumínico, la combinación de historia, espiritualidad y música volvió a convertir la mañana en una experiencia irrepetible.
El monasterio de Santa Marta de Tera reafirmó, una vez más, su papel como uno de los grandes referentes culturales de la provincia, capaz de unir tradición, ciencia, arte y reflexión en un mismo acto.
La jornada finalizó con el clásico chocolate ofrecido por los asistentes por la Asociación de Amigos del Monasterio de Santa Marta de Tera.
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