Día Domingo, 15 de Marzo de 2026
Los voluntarios de PROCAN Benavente, Beatriz García Porras y Álvaro Antón Ares relatan el día a día de la protectora benaventana, los retos del voluntariado y lanzan un mensaje claro: "La responsabilidad de un animal es para toda la vida, no solo hasta que surgen problemas"
Treinta años de historia contemplan a PROCAN, la protectora de animales de Benavente que nació de una necesidad acuciante: dar respuesta al abandono y maltrato canino en una zona que carecía de recursos estructurados para ello. Lo que comenzó como una iniciativa impulsada por Rosa, actual responsable de la entidad, se ha convertido en un pilar fundamental para la supervivencia y el bienestar de decenas de perros.
En un ejercicio de transparencia y cercanía, dos de sus voluntarios más activos, Beatriz García Porras y Álvaro Antón Ares —este último desplazándose desde La Bañeza para cumplir con su labor—, nos han abierto las puertas de la protectora para explicar, sin filtros, cómo se gestiona la realidad del abandono, los éxitos silenciosos de las adopciones y las enormes carencias que aún lastran su funcionamiento.
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"Darles una vida lo más digna posible"
Preguntado por el motor personal que impulsa su dedicación, Álvaro Antón lo define con claridad: "Lo que me mueve es proporcionarles una vida lo más digna posible. Son animales que viven en una situación de cautiverio, con necesidades de paseo, de esparcimiento, de explorar, de sentirse vivos. Intentamos cambiar ese confinamiento y hacer su día a día lo más llevadero y entretenido posible".
Actualmente, la protectora alberga a unos veinticinco perros en sus instalaciones, una cifra que se incrementa ligeramente gracias a la red de casas de acogida, un recurso cada vez más vital para casos que requieren una rehabilitación específica o que no pueden ser integrados de inmediato en el grupo general.
El protocolo del rescate: cautela y medicina preventiva
El proceso de rescate no es, ni mucho menos, automático. Tal y como explica Beatriz, la actuación varía en función del estado del animal: "Depende de si el perro se deja acoger. Si no es así, hay que hacer un seguimiento, ponerle comida, conseguir que se habitúe a nuestra presencia. Solo entonces se procede al rescate. Y si no hay sitio en la protectora, buscamos una casa de acogida".
Una vez que el perro entra en el sistema, se activa un protocolo veterinario estricto. "Nos debemos asegurar de que está libre de cualquier enfermedad. Se le hace una exploración médica para que, al reintroducirlo con otros animales, tengamos la certeza de que no hay riesgo. Luego vienen las vacunas, la identificación con microchip y los cuidados que vaya necesitando", detalla Álvaro.
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El abandono: un problema poliédrico y silencioso
Sobre las causas que llevan a una persona a desprenderse de un animal, ambos coinciden en que no hay una única respuesta. "Hay tantos factores... la falta de entendimiento de una especie distinta a la nuestra, el cansancio, la cría irresponsable de gente que se lucra... Al final, tenemos tan pocos recursos que nos centramos más en qué podemos hacer hacia adelante que en lo que ya sucedió", reflexiona Antón Ares.
Historias duras que se acumulan en la protectora. Beatriz pone rostro a una de ellas: "Tenemos un perro que desde que entró no ha sido posible sacarlo a pasear. No se deja poner el collar. No sabemos su historia, pero hay muchos así. Intentamos que tengan una rutina, un nuevo comienzo, pero necesitan tiempo y, sobre todo, que los escuchemos".
La labor de readaptación es un ejercicio de psicología canina constante. Álvaro lo ejemplifica con un caso reciente: "Una perrita muy tímida que apenas salía. Con paciencia, respetando su espacio y usando refuerzo positivo con comida, ahora cada vez que me acerco sale a recibirme. Me ha asociado a algo bueno. Es así, poco a poco, como empezamos a ganarnos su confianza".
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El proceso de adopción: no vale todo para todos
La adopción es la meta soñada para cada uno de los residentes, pero desde PROCAN huyen de las decisiones impulsivas. "Al principio todo entra por los ojos, somos seres visuales. Pero nosotros queremos buscar la integración real entre persona y perro. Hay personas activas que necesitan un perro activo y personas tranquilas que necesitan un perro tranquilo", señala Álvaro.
El procedimiento incluye una toma de contacto, paseos, un cuestionario para conocer el estilo de vida del candidato y, finalmente, un periodo de prueba en el hogar antes de dar el paso a la adopción definitiva. "Se trata de que se conozcan y de que el vínculo se forje de manera natural", apostilla.
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Más allá de la adopción: apadrinamiento, casas de acogida y socios
No todo el mundo puede adoptar, pero las formas de colaboración son múltiples. Beatriz García Porras desgrana las opciones: "El apadrinamiento consiste en aportar una cuota mínima, por ejemplo cinco euros al mes, que va destinada directamente a un perro concreto para su alimentación o gastos veterinarios. Es como si fuera tuyo, pero sin tenerlo en casa".
Las casas de acogida son otra pata fundamental: hogares temporales que acogen a un perro que necesita un entorno de rehabilitación hasta que encuentra una familia definitiva. Y luego están las donaciones puntuales, que permiten hacer frente a emergencias, y la figura del socio.
Precisamente este último punto es uno de los más preocupantes. "Ahora mismo de socios no llegamos a diez personas. Es un dinero fijo cada mes con el que podemos contar para gestionar, para planificar. Es vital", insiste Beatriz.
Aunque el Ayuntamiento de Benavente concede una subvención, esta no cubre la totalidad de las necesidades, especialmente cuando surgen imprevistos veterinarios como operaciones o tratamientos costosos. "Ahí tenemos que recurrir a donaciones puntuales o a llamamientos en redes sociales", añade.
Un grito de auxilio: se buscan voluntarios
La necesidad más acuciante, no obstante, es humana. "Siempre necesitamos voluntarios. Para los paseos, para la socialización de los perros, para que tengan una vida lo más normalizada posible. Cuantos más seamos, más repartimos el trabajo y más podemos plantearnos otros proyectos, como charlas de concienciación en colegios o eventos de recaudación", explica Álvaro.
En este sentido, las redes sociales se han convertido en un altavoz indispensable. "Intentamos ser muy activos en TikTok, Instagram y Facebook como 'Procan Hogar para un Amigo'. Un 'like', un seguimiento, da difusión. Hace que nos vea más gente y que estos perros puedan salir de aquí, no solo de Benavente, sino de cualquier lugar", señala Beatriz.
El mensaje final: responsabilidad y utopía
De cara a quienes buscan un animal de compañía, a menudo guiados por modas o razas concretas, Álvaro lanza una reflexión contundente: "Que no se idealice tener una mascota. Son seres sintientes. Es importante ponerse en la peor situación posible: si en los peores momentos de nuestra vida vamos a ser responsables de ese animal. Pueden surgir imprevistos, pero la responsabilidad es de la persona, no de las asociaciones".
Y si hay un deseo que ambos comparten, es el de quedarse sin trabajo. Álvaro lo resume con una imagen poderosa: "Nuestro mundo ideal sería que este tipo de lugares dejaran de existir porque no hubiera perros abandonados. Esa sería la utopía: que ni existiera el abandono ni el maltrato. Que como sociedad hubiéramos hecho nuestros deberes".
Por ahora, y mientras esa utopía no llega, Beatriz, Álvaro y el reducido equipo de PROCAN continúan su batalla diaria, convencidos de que cada paseo, cada caricia y cada adopción es un pequeño triunfo contra el desamparo.



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