Día Sábado, 07 de Marzo de 2026
Elena Hidalgo Muñoz, profesora, investigadora y una de las voces más sólidas en el estudio del patrimonio histórico de la ciudad. Hidalgo falleció ayer a los 77 años, dejando tras de sí una trayectoria marcada por el rigor, la vocación docente y un compromiso inquebrantable con la divulgación del conocimiento
Fotografías cecidas por el CEB Ledo del Pozo
Nacida en Benavente en 1948, Elena Hidalgo se licenció en Filosofía y Letras (sección de Historia) por la Universidad de Salamanca. Su vida profesional estuvo estrechamente ligada al IES León Felipe, donde ejerció como catedrática de Geografía e Historia y donde varias generaciones de estudiantes descubrieron, gracias a ella, la pasión por comprender el pasado y valorar el patrimonio que les rodeaba. Su magisterio, exigente y cercano, dejó una huella imborrable en su alumnado. Su esposo, el profesor Emiliano Pérez Mencía, compartió con ella su labor como historiadora y divulgadora local, siendo del mismo modo un referente por sus aportaciones y visión de la historia y etnografía locales a través de sus estudios y publicaciones en libros, medios de comunicación y también en internet.
Además de su labor docente, Hidalgo fue miembro cofundador del Centro de Estudios Benaventanos Ledo del Pozo, institución con la que colaboró de manera activa durante décadas. Su aportación investigadora fue decisiva: publicó numerosos estudios y libros, entre los que destacan las monografías dedicadas a las iglesias de San Juan del Mercado y Santa María la Mayor, trabajos considerados hoy imprescindibles para conocer en profundidad estos dos monumentos emblemáticos de Benavente.
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Su mirada rigurosa, su sensibilidad hacia el patrimonio y su capacidad para transmitir conocimiento la convirtieron en una figura de referencia tanto en el ámbito académico como en el cultural.
A continuación, publicamos una carta de homenaje redactada por el historiador Juan Carlos de la Mata Guerra, exalumno de la profesora Elena Hidalgo Muñoz, que recuerda su legado y la huella que deja en quienes tuvieron la fortuna de aprender a su lado.
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SEMBLANZA DE LA PROFESORA ELENA HIDALGO (LA DISCRECCIÓN PERSONIFICADA)
En homenaje a una gran profesora e historiadora. A una excelente persona.
Juan Carlos de la Mata Guerra
(ex alumno de la Profesora Elena Hidalgo Muñoz)
Resulta para harto difícil ofrecer la semblanza de una persona tan apreciada como la profesora Elena Hidalgo, y tratar de reconstruir o hacer síntesis en estas breves líneas de su trayectoria vital. De las palabras que aquí escribo estoy plenamente convencido y las mismas soy consciente que no la harán en absoluto justicia, por ello ya de antemano solicito la exculpación anticipada por este breve y a todas luces insuficiente bosquejo. Con todo son palabras que están escritas desde el corazón de un antiguo alumno que aprecia y admira a su antigua profesora y que fue posteriormente y durante muchos años una entrañable y apreciada amiga.
Si tuviera que encontrar unas palabras para definir a la profesora Hidalgo a lo largo de los muchos años en que he tenido la oportunidad de conocerla y tratarla, sería la de la “discreción personificada”. La palabra discreción sirve para decir que algo es antítesis de la vanidad. La discreción es ante todo una actitud hacia la vida, pero además en el caso de Elena no es algo estético o aparente de cara a los demás, sino algo inherente a su personalidad, a su condición, a su esencia como ser humano.
La aproximación a su labor como profesora de instituto pasa desde luego por tratar de conocer qué valores y legado aportó a sus alumnos. Partimos del hecho de que ser profesor no es cualquier cosa. El término profesor se refiere a “aquel que se pronuncia en público”, podríamos añadir que con coherencia y autoridad sobre algo. Precisamente eso es lo que podemos decir en relación con Elena Hidalgo Muñoz, nuestra profesora.
Elena desarrolló gran parte de su labor profesional en el Instituto “León Felipe” de Benavente, dónde se jubilaría como catedrática de enseñanzas medias. Como docente esperaba siempre de sus alumnos que además de interesarnos en la materia, supiéramos aprovechar las herramientas que se nos brindaba para construir nuestros conocimientos. Consideraba que el paso por las aulas era una oportunidad que podíamos aprovechar en distintas direcciones, y así nos lo hacía saber siempre. Era de agradecer y valorar también la atención particular que a lo largo de su vida como docente dispensaba a los cientos y cientos de alumnos que recibieron sus provechosas enseñanzas. Estoy más que seguro que mucha o la mayor parte del alumnado que tuvimos la oportunidad de asistir a sus clases en el transcurso de varias décadas, recordarán gratamente lo provechosas e inspiradoras que resultaban sus exposiciones. Elena era lo que hoy se dice una “currante nata”, pues a todos nos constaba que preparaba las materias con sumo cuidado y esfuerzo didáctico. Dedicaba incontables horas a la puesta al día y actualización de sus muchos conocimientos.
Se había formado con vocación humanística en la especialidad de Geografía e Historia en la Universidad de Salamanca, y en unos años en que se vivían cambios que transformarían la imagen de este país. Por aquellos años, del tránsito de la década de los sesenta a los setenta, realizó sus estudios de licenciatura en la entonces facultad de Filosofía y Letras. Elena no se conformaba con las explicaciones de la historia de siempre, aquella que se estudiaba en los manuales más rancios e imposibles de memorizar. Muy al contrario, trató de descubrir una historia nueva -la nueva historia- en los libros innovadores que comenzaban a llegar a un país hasta entonces todavía a la zaga de la investigación innovadora en todos los campos, y que se nos ofrecían como un descubrimiento. Elena ha sido siempre una persona inquieta, tenaz y generosa en cultivar ese privilegio del saber. Anhelante también en hacer realidad por medio de la educación y de la cultura el sueño de construir un mundo nuevo y mejor.
Tal y como correspondía a un carácter mesurado y razonable, su capacidad de análisis sobre cualquier materia era una de las cosas que más sorprendía a quien seguía con atención sus explicaciones. En la vida lo hacía todo con naturalidad, sin alharacas, pues ella era enemiga de cualquier protagonismo y amante en cambio de la suma discreción. Su gusto por la libertad y la autonomía personal la impulsaron sin duda a elegir sus ambiciones, prefiriendo aquellas qué, como el estudio, hacen que la realización dependa de uno mismo, prescindiendo tal vez de lo que no estaba en sus manos. En ella, como en un círculo virtuoso, la libertad individual y el deber hacia la sociedad se complementaban armónicamente.
Elena era ante todo una gran lectora y una bibliófila empedernida que devoraba los libros, poniendo muchas horas de biblioteca en su empeño. En su casa los libros abundaban sobremanera, cuasi agobiando a veces la vida doméstica diaria. Eran como el otro alimento vital de su existencia. Recuerdo como impresión en mi retina que siempre tenía muchos, muchos libros, a veces ejemplares de tomo y lomo, abiertos por doquier. Ellos la eran necesarios tanto para la lectura personal como para auxiliarse de ellos en la preparación de sus asignaturas, cuando no para la consulta en sus trabajos de investigación.
Es de reconocer su participación en las gestiones culturales que han tenido lugar en nuestra ciudad y comarca durante todos estos años, canalizadas principalmente a través del Centro de Estudios Benaventanos “Ledo del Pozo”, donde Elena desempeñaba uno de los cargos directivos. Algunas de ellas especialmente dirigidas en defensa del patrimonio histórico y artístico. Quizá su gran frustración cultural tal vez haya sido el ver como pasaban los años y Benavente no lograba contar con su anhelado museo. En el campo de las publicaciones, fruto de su trabajo de investigación son varios libros y artículos. Sus aportaciones más destacadas a la historiografía local son las monografías sobre las iglesias de San Juan del Mercado y Santa María del Azogue, y sus artículos sobre el Hospital de la Piedad. A destacar también su contribución decisiva en obras colectivas como han sido: Recopilación fotográfica sobre el Patrimonio Histórico Artístico de Benavente (1993) y diversos catálogos como “Más Vale Volando”, publicado este último con ocasión del V Centenario del Condado de Benavente.
Son varios también sus artículos publicados en la revista de investigación Brigecio. Especial mención merece su aportación biográfica al conocimiento de la figura del historiador benaventano don José Ledo del Pozo, a través del prólogo que llevó a cabo para la reedición a la obra del historiador José Ledo del Pozo por el centro de estudios que lleva su nombre. Nos hubiese gustado a todos que se hubiese prodigado más en este campo, pero Elena era una persona muy exigente para consigo misma y enemiga de improvisaciones, por lo cual pese a los requerimientos que la hacíamos para que sacase a la luz nuevos trabajos, particularmente sobre arte, estos se quedaron voluntariamente en el tintero.
Como pasando de puntillas por la vida, dedicada al cuidado y atención de su familia, a la docencia generosa hacia sus alumnos y al aprecio de sus amigos, llevó a cabo todo ello sin hacer apenas ruido. El día a día de su vida ha transcurrido por una existencia de trabajo y discreción, armónica siempre con su carácter y sentir. Sin duda Elena hubiese mostrado desdén hacia el mundanal ruido de ese postureo que caracteriza estos últimos tiempos. Ella, que era una geógrafa interesada en los estudios demográficos, analizaría sesudamente, tal vez, los efectos nocivos de esta pandemia que nos azota. Observaría sin duda con estupor la sinrazón de las actuales guerras, pero una penosa enfermedad ha dejado desdibujado y nebuloso su caudal de sabios conocimientos, cultivado y atesorado durante largos años, hasta convertir la que fuera una mente plena y fecunda en una página en blanco. Tristísimo ocaso para quien cultivó en su existencia con empeño la memoria del humano conocimiento, para quien como especialista en historia del arte valoraba como nadie la impresión de la belleza en su retina.
Adiós Elena, para muchos de los que tuvimos la oportunidad de conocerte y tratarte pasaste por nuestras vidas para dejar una huella imborrable de sabiduría y honestidad ¡Adiós Elena!¡ Hasta siempre amiga!
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