Del Viernes, 06 de Febrero de 2026 al Domingo, 08 de Febrero de 2026
Las desigualdades entre el llamado primer mundo y los países empobrecidos siguen siendo una realidad dolorosa. Sin embargo, organizaciones como Manos Unidas trabajan desde hace décadas para reducir esa brecha a través de proyectos de desarrollo que devuelven dignidad, autonomía y esperanza a miles de personas. De esa labor dio testimonio en Benavente el misionero Serge Ndayisaba Barahamana, sacerdote mercedario con una larga trayectoria en África, que ha recorrido hoy jueves colegios e institutos con su mensaje
Nacido en Burundi, el padre Serge pertenece a la Orden de la Merced y ha desarrollado la mayor parte de su labor misionera en Camerún, especialmente en la capital, Yaundé, donde ha impulsado numerosos proyectos sociales en colaboración con Manos Unidas. Su visita a Benavente tuvo como objetivo explicar, desde la experiencia directa, cómo llega la ayuda española a quienes más la necesitan.
Una vocación nacida del agua
La vocación misionera del padre Serge se gestó en su infancia, en su parroquia natal de Burundi, cuando los mercedarios de la provincia de Castilla llegaron como misioneros. Allí construyeron escuelas, cooperativas, un dispensario… pero hubo un detalle que marcó profundamente su vida: el acceso al agua potable.
“Antes teníamos que bajar la montaña para recoger agua sucia. Cuando llovía, toda la suciedad llegaba a la fuente”, recordó. La instalación de agua potable en la parroquia cambió radicalmente la vida de la comunidad y despertó en él una pregunta decisiva: ¿cómo una persona puede amar tanto a otra, sin importar el color de la piel? Aquella experiencia sembró una vocación que, con el tiempo, le llevaría a convertirse en sacerdote mercedario.
Formación, obediencia y misión
Tras su ordenación sacerdotal en 2001, Serge Ndayisaba cursó estudios de Teología Dogmática en Roma, y más tarde inició el doctorado en Madrid y Salamanca. Sin embargo, su trayectoria académica se vio interrumpida en varias ocasiones por una constante: las necesidades urgentes de sus comunidades, a las que regresó siempre por obediencia y compromiso.
Ha sido formador y superior en diversas casas mercedarias en Camerún y en España, además de consejero y ecónomo provincial de la Provincia Mercedaria de Castilla. “Interrumpí los estudios, pero estoy contento. Es la misión de mi vida”, afirmó.
Proyectos que generan dignidad
Durante la entrevista, el padre Serge explicó que en Camerún no existe una única prioridad, sino múltiples necesidades que deben abordarse paso a paso. Entre los proyectos impulsados junto a Manos Unidas destacan los relacionados con la agricultura, la salud, el acceso al agua potable y la promoción de la mujer.
Uno de los ejes fundamentales de su trabajo ha sido la creación de cooperativas agrícolas femeninas, que permiten a las mujeres generar ingresos, alimentar a sus familias y dejar de depender económicamente de terceros. “Ayudar a la mujer es liberar también al niño”, subrayó. Gracias a estos proyectos, las mujeres pueden escolarizar a sus hijos, participar en sistemas de ayuda mutua y afrontar con dignidad las necesidades familiares.
También se han desarrollado proyectos sanitarios, como un centro de salud con quirófano, atención oftalmológica y gallineros comunitarios, además de iniciativas de formación.
La energía solar como apuesta de futuro
Uno de los proyectos más recientes aborda un problema crítico en Camerún: la falta de electricidad. Los cortes de luz prolongados ponen en riesgo la vida de los pacientes durante intervenciones médicas. Ante esta situación, Manos Unidas ha financiado la instalación de placas solares en el centro de salud.
El sistema, diseñado con criterios prácticos, permitirá generar energía limpia, estable e independiente, reduciendo riesgos y garantizando la atención sanitaria. “No dependeremos de la electricidad del Estado. Es una forma de autonomía y seguridad”, explicó.
Transparencia y confianza
El misionero quiso insistir en un mensaje clave para la sociedad española: el dinero donado llega a su destino. Desde 2019 ha gestionado al menos seis proyectos financiados por Manos Unidas, todos ellos justificados “hasta el último céntimo”.
Además, destacó el rigor de la organización: visitas sobre el terreno, convivencia con las comunidades locales y una gestión austera de los recursos. “No vienen a hoteles de lujo. Viven con nosotros, comen con nosotros y conocen nuestra realidad”, señaló.
Un llamamiento a la colaboración
Para finalizar, el padre Serge lanzó un mensaje claro a la población de Benavente, la comarca y la provincia de Zamora: colaborar con Manos Unidas es una forma directa y eficaz de cambiar el mundo. “Si cada persona pudiera aportar solo un euro, la cantidad de proyectos que se podrían realizar sería inmensa”.
Animó también a jóvenes, profesionales y voluntarios a participar en experiencias de cooperación internacional, como una verdadera colaboración norte-sur basada en el encuentro, el testimonio y la justicia.
La visita concluyó con una invitación a participar en la Operación Bocata, organizada en Benavente mañana viernes a las 14:00 horas en el gimnasio del Colegio San Vicente de Paúl, como gesto solidario a favor de Manos Unidas, recordando que pequeños gestos, cuando se suman, pueden transformar vidas al otro lado del mundo.




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