Día Sábado, 10 de Enero de 2026
Una de las mayores tragedias de la historia de España sigue latente en la memoria de sus supervivientes. La noche del 9 de enero de 1959, los 549 vecinos de Ribadelago descansaban en sus hogares tras una dura jornada de trabajo. Era una noche fría en Sanabria. Familias enteras compartían las últimas horas del día sin saber que, en cuestión de minutos, el pueblo desaparecería bajo una avalancha de agua provocada por una tragedia evitable
Dos años antes, en 1957, se había levantado sobre el valle una imponente presa, parte de los grandes proyectos hidráulicos impulsados durante la dictadura de Francisco Franco. Su finalidad era contener agua para la producción hidroeléctrica. Sin embargo, durante su construcción, los propios trabajadores alertaron de graves deficiencias estructurales derivadas de la mala calidad de los materiales empleados.
Aquella madrugada, la presión del embalse fue insostenible. Los contrafuertes 21 y 22 cedieron, provocando una reacción en cadena que arrastró también a los contrafuertes 20, 19 y 18. En apenas unos instantes, ocho millones de metros cúbicos de agua se precipitaron valle abajo, arrasando todo a su paso y alcanzando de lleno a Ribadelago.
La ayuda no llegó hasta el día siguiente. La precariedad de las infraestructuras y el aislamiento geográfico dificultaron enormemente las labores de rescate. Aun así, se produjo un importante movimiento solidario para auxiliar a los supervivientes.
Equipos de rescate y buzos se adentraron en las aguas en busca de los cuerpos que lograban emerger. Paralelamente, responsables técnicos se desplazaron a la zona para investigar las causas del colapso de la presa, aunque las conclusiones fueron silenciadas ante la prensa de la época.
La negligencia fue juzgada, pero solo una persona resultó condenada, el encargado de la obra. Los directivos de la Hidroeléctrica Moncabril, titular de la explotación, recibieron penas de privación de libertad que no implicaron ingreso en prisión. El régimen franquista no depuró responsabilidades políticas ni administrativas.
Se establecieron tres tipos de indemnización para las víctimas:
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90.000 pesetas por cada varón fallecido
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60.000 pesetas por cada mujer fallecida
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25.000 pesetas por cada bebé o niño
Cantidades que, lejos de reparar el daño, evidenciaron la escasa consideración hacia las víctimas.
La catástrofe dejó 144 muertos, aunque solo 28 cuerpos pudieron ser recuperados. Las 116 personas restantes permanecen aún en el fondo del embalse. Ribadelago quedó marcado para siempre como la segunda mayor tragedia por rotura de presa en España, solo superada por la de Lorca (1785), con 608 fallecidos.
Tras el desastre, Franco ordenó la construcción de un nuevo núcleo urbano a un kilómetro del original, bautizado como “Ribadelago de Franco”.
![[Img #231363]](https://interbenavente.es/upload/images/01_2026/6276_imagen2.jpg)
Los supervivientes aún recuerdan el estruendo del agua devorando el pueblo. Algunos se refugiaron en la pequeña iglesia; otros amanecieron deambulando entre barro y escombros, sin saber dónde estaban sus familiares ni hacia dónde ir.
Hoy, los únicos vestigios del antiguo Ribadelago son la presa —que nunca fue reconstruida—, integrada ahora en rutas turísticas, y las imágenes de aquel día que conservan los supervivientes. Hace años nació la Asociación Hijos de Ribadelago, con el objetivo de mantener vivas las reivindicaciones de responsabilidad y memoria.
El lugar convive desde entonces con leyendas y silencios, bajo la mirada de la escultura de una madre con su hijo en brazos, símbolo eterno del dolor y la pérdida.
Ahora, gracias a la inteligencia artificial, un vídeo realizado por Rafa Miguélez reconstruye aquellas imágenes en blanco y negro, devolviéndoles movimiento y vida. No como un ejercicio técnico, sino como un acto de memoria: para que Ribadelago no sea olvidado y para recordar una tragedia que nunca debió ocurrir.




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