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Las costumbres y tradiciones

Ignacio Morán

Seguramente todos identificamos de manera correcta el significado de la palabra costumbre en el ámbito particular. Y en efecto, es y se basa en el hábito, en la rutina, en la usanza, en la repetición constante de una forma de actuar ante igual o parecida situación. De igual manera, desde el punto de vista social, la “costumbre” también se mueve en las coordenadas de esos hábitos, en la reiteración de comportamientos, en las mismas actividades, en la emoción por un tipo de folclore, de diversión, en el modo de hablar, en el modo de relacionarse con el territorio, en una artesanía que aprovecha los recursos más cercanos, en la identidad gastronómica, en la vestimenta festiva… Pues bien, cuando esta reiteración cuaja en la sociedad y se transmite de generación en generación, conforma una idiosincrasia propia y entonces, aquella costumbre, adquiere la condición de algo que nos identifica y que llamamos tradición.

 

No todas las costumbres son buenas ni son inalterables, a lo largo de la historia siempre hubo buenas y malas costumbres. Cicerón alertaba sobre la corrupción de las costumbres en el imperio romano en su célebre discurso, Las Catilinarias, exclamando ante el todopoderoso senado “¡O témpora, o mores!”, ¡Oh tiempos, oh costumbres! en su despiadada crítica contra el proceder corrupto del senador Lucio Sergio Catilina (108-62 a. C) porque, después de haber perdido todas sus aspiraciones al gobierno de Roma, alentaba a la rebelión contra las instituciones. También Aristóteles habla de las costumbres propias de los griegos, y de las otras que le venían impuestas; y el influyente filosofo escoces David Hume… son muchos los intelectuales que han reflexionado y escrito sobre esa suerte de utilitarismo social que son las costumbres y las tradiciones. Ortega y Gasset, uno de nuestros grandes pensadores, en su estudio sobre los “Usos y costumbres” lanza la conocida máxima de “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Es claro que en esa “circunstancia” que advierte don José, tienen un papel destacado la consideración y el respeto por las costumbres y tradiciones de la sociedad. Además, estas tienen un valor indiscutible que fue convertido por los gobernantes en recurso de resistencia frente a cualquier intento de cambio rápido, e hicieron que los legisladores lo elevasen a fuente de derecho: Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma… y, en general, todas las sociedades mínimamente organizadas tienen en el Derecho consuetudinario o Derecho de Usos y Costumbres, uno de los pilares esenciales de su funcionamiento comunitario.

 

Así pues, el origen de las tradiciones no es una cuestión baladí, todo lo contrario, es algo que hemos convertido en un asunto nuclear en nuestra forma de ser y de organizarnos. Naturalmente, la extraordinaria riqueza de las costumbres y tradiciones del rural han tenido un peso decisivo en todos estos procesos, pero la intensidad del éxodo rural y la presión que impone la globalización las hace tambalear en los pueblos, las buenas costumbres y las malas. Vivimos un tiempo en el que las tradiciones más arraigadas afrontan una pérdida casi irremediable por mucho que permanezcan en las leyes como un rudimento más, de los muchos usados por la justicia. Quizás la globalización y el mestizaje no provoque un olvido inevitable, y el trabajo entusiasta de muchos colectivos consiga avanzar en los empeños de conservación y, en su caso, en el rescate de algunas tradiciones.

 

Es una evidencia que la mayoría de las costumbres y tradiciones rurales están estrechamente conectadas con la Naturaleza, la astrología, la religión y que, consciente o inconscientemente, abogan por una defensa activa del territorio. La siembra, las técnicas y métodos de cultivo, los útiles, la recolección, la elaboración de los productos, el cuidado del ganado, el pastoreo, la ordenación y gestión de los montes, la venta mancomunada de las cosechas, la utilización y optimización de los recurso… así lo atestiguan. Pero vayamos, si quiera brevemente, con algunas de ellas.

 

  • Las tertulias o corros al fresco. Una práctica que fomentaba la interacción del vecindario, la comunicación, el compartir las experiencias de la jornada… a decir de los expertos sólo pueden aportar beneficios. Como nota curiosa, quiero señalar que un pueblo gaditano elevó una propuesta a la UNESCO para que se reconociera esta costumbre como patrimonio inmaterial de la Humanidad. Parece que el hablar cara a clara contribuye más al bienestar personal que hacerlo en redes sociales, por Wasap o por teléfono; que el hecho de estar sentados al aire libre es mucho más saludable que conversar en un lugar cerrado; o que, en esos corros, los vecinos adoptan una charla relajada, sin prisas ni otro tipo de condicionantes.

 

  • Día de ánimas, noche de los muertos o fiesta de Halloween.
    Es una tradición de origen celta que viajó a Norteamérica, allí sufrió modificaciones y ha vuelto de regreso. En la cultura de los celtas se creía que el treinta y uno de cada mes de octubre el mundo de los muertos y el de los vivos confluían y, en consecuencia, era posible el contacto entre los difuntos y los vivos. En esta misma idea, con ligeras variantes, se celebra cada año en muchas culturas. En todas tienen elementos decorativos afines, atuendo y una gastronomía propia… cuestión aparte es la uniformidad estética que impone el dinero y la globalización. [Img #193671]

 

  • La vendimia aglutina multitud de costumbres, leyendas y tradiciones que sería prolijo desarrollar en esta comunicación. En general, son costumbres festivas y tradiciones íntimamente relacionadas con la mitología griega (Dionisio era el dios de la fertilidad y el vino), en la romana tenía su correlato en el Páter Liber también responsable de la fertilidad y los viñedos. En todo caso, quien mejor engendra las costumbres y tradiciones que confluyen en la vendimia es el dios Baco, el más conocido y permisivo de las innumerables divinidades de los romanos.[Img #193672]

 

  • El magosto
    Otra de las tradiciones otoñales muy extendida es la fiesta de las castañas. Se celebra en pueblos de España, Portugal o Francia y, además de castañas, es tradición consumir higos, bellotas, granadas, dulce de membrillo… El fuego se convierte en el catalizador de estos encuentros festivos que reciben distintos nombres según los territorios: magosto, castañada, calbotá, carbocha, magostu, amagüestu, castayada, magosta, gaztainerre, chaquetía…[Img #193673]

 

  • La matanza: San Martín de Tous (11 de noviembre) se erige como el gran referente de esta tradición, convertida el fiesta familiar y comunitaria en los territorios más dispares. Está asociada al sacrificio del cerdo, a la fiesta de la abundancia, al aprovisionamiento anual de tocino, de salazones en lugares cálidos, embutidos, jamones, huesos esencieros… y a una esmerada cultura popular de elaboración, curado y conservación de los productos y subproductos del cerdo. Anotar también, como ocurre en la mayoría de las costumbres y tradiciones, la cantidad de refranes que hacen alusión a ella: A cada cerdo le llega su San Martín; Del cerdo hasta los andares; Por San Martino, prueba tu vino y mata tu cochino; Del puerco hasta el rabo es bueno; Por San Martín deja el cerdo de gruñir; Por San Martí mata el pobre su cochino y por San Andrés, el rico mata tres; Por la Concepción mata tu cebón…[Img #193674]

 

  • Las tareas de la era: San Juan y San Pedro (24 y 29 de junio) eran el punto de partida de la recolección del trigo, la cebada, el centeno, la avena, los garbanzos, las habas y todo tipo de leguminosas. El proceso de siega, el acarreo, la trilla, las limpias… Eran tareas extremadamente duras que se afrontaban con alegría, ilusión y sabrosas costumbres, encuentros entre amos y jornaleros, bailes, coplillas y fiestas de segadores, llevar la manada, coger a la zorra...  Hoy día, por su plasticidad y su indudable valor etnográfico se escenifican muchos de estos trabajos en las fiestas estivales de los pueblos. También por San Juan de junio, los concejos sacaban a pública subasta el pastoreo de las rastrojeras para las ovejas y los pastos comunales para caballerías y la vacada… Resaltar que estas costumbres no sólo beneficiaban las haciendas locales, si no que también contribuían al aseo de los campos.[Img #193670]

 

 

  • Cocer el pan. Los grandes señores y muchos gobiernos prohibieron la tenencia particular de hornos de cocer el pan, a fin de recaudar impuestos en los propios. Poco a poco se fueron relajando estas medidas al tiempo que surgían los hornos particulares y comunitarios. La cultura de elaborar el pan se hizo tan popular y rica que consiguió acumular un fantástico caudal de conocimientos que van desde moler el trigo, seleccionar la variante del cereal, cernir la harina, el amasado, el tipo de levadura, el proceso de cocción, el color, la textura… Unos trabajos realizados sin prisas y, desde luego, sin los aditivos ni conservantes que se utilizan hoy día. Al socaire de estas técnicas, fue extendiéndose la elaboración de una variada y rica repostería de horno y de sartén que ensancha aún más estas tradiciones artesanales.[Img #193675]

 

 

 

  • Echar el pregón. El oficio de pregonero es otra de las ocupaciones desaparecidas que gozaba de gran estima en los pueblos. El titular recorría los puntos estratégicos de la población y, después de un repique de tambor o un agudo toque de corneta, iniciaba la información de viva voz con la consabida frase: “De parte del señor alcalde se hace saber que…” Generalmente informaba de cuestiones oficiales y asuntos de interés general, pero también se autorizaba a que informase de la llegada de un espectáculo, una venta ambulante… Hoy, en recuerdo de aquella figura entrañable, muchas fiestas populares se inician con un pregón anunciador.

 

  • Las hogueras de San Juan y San Pedro: Están ligadas a la espiritualidad y la limpieza del hogar y del entorno urbano, se celebraban cada año la noche previa a estas dos festividades, el 23 y 28 del mes de junio respectivamente. Es una tradición de origen claramente precristiana que fue adoptada por el cristianismo con posterioridad. Está vinculada al solsticio de verano como otros muchos ritos paganos relacionados con el sol o los ciclos agrícolas, y de nuevo tenemos al fuego como elemento liberalizador, sanador, purificador… la gente salta o camina sobre él, en la creencia de que dejará atrás la ponzoña y los malos espíritus del año.

[Img #193676]

 

 

  • El carnaval: A pesar de los muchos intentos y la concordancia de fechas, la vinculación con la religión no ha sido probada ni es aceptada como fiesta religiosa. Los numerosos estudios sobre su origen la vinculan con los sumerios, los egipcios, griegos, romanos, con celebraciones afroamericanas, e incluso con las culturas indoeuropeas. Río de Janeiro, Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria, Cádiz, Águilas, Venecia son ciudades referentes de esta tradición, pero hay que significar que es una fiesta cuya fuerza alcanza a infinidad de ciudades y países de Europa y América. En todo caso, es preciso significar el arraigo de esta tradición en los pueblos, con las mismas premisas de permisividad y el cierto descontrol social que caracteriza las celebraciones del carnaval. En estos días, las ordenanzas locales, amparaban los bailes de disfraces, la intimidad de las máscaras, el deambular por las calles del vecindario… Una costumbre muy popular que, lamentablemente, ha sido engullida por la potencia mediática de las ciudades. En los pueblos pequeños ya son historia los disfraces sencillos, la imaginación de la gente, la elaboración de pelucas, las caretas de cartón, y el halo trasgresor que recorría sus calles.[Img #193677]

 

  • Navidad y Semana Santa: Hemos hecho referencia de manera reiterada en estas reflexiones, a la influencia de la religión en la vida diaria del rural. Hoy, buena parte del hecho religioso se mezcla y hasta se confunde con la extraordinaria riqueza de sus costumbres y tradiciones: Domingo de tortillero, cruces de mayo, poner el mayo en la plaza, pedir el aguinaldo, bendición de los animales por San Antonio, repostería propia de la Navidad, de cuaresma, de Semana Santa, la propia actividad de las cofradías, poner el ramo a las mozas, la bendición de los campos, el Dia de las Águedas, el folclore romero, confeccionar y cantar el ramo a la virgen o a la santa patrona, el desfile y el baile de pendones, diferentes ferias... Unas costumbres que han ido decayendo con el propio devenir de las celebraciones religiosas y la intensidad de la despoblación rural.

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  • Fiesta de los quintos: Una de las pocas costumbres que ha pervivido con nitidez relacionada con el ejército y el servicio militar. Hay, no obstante, otras muchas tradiciones vinculadas a la llegada a la mayoría de edad de los jóvenes: el consejo y el alcalde de mozos, pagar el medio cántaro, el desempadrinado, pagar el piso, vestirse de largo…

 

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  • Los lavaderos públicos: En un momento donde las viviendas más humildes no disponían de agua corriente o de un rio cerca, el lavado de la ropa imponía un trabajo arduo y complejo que recaía, literalmente, sobre la espalda de las mujeres. Muchos pueblos construyeron lavaderos públicos en las afueras de la población para ganar cercanía y poder desarrollar el trabajo de pie. Eran, son, unas infraestructuras singulares merecedoras de protección, pero la llegada del agua a los domicilios, la lavadora… y la desidia de los gobernantes hicieron que hayan llegado muy pocas hasta nosotros. La concurrencia las mujeres en estos lavaderos públicos dio origen a que se reafirmase la costumbre, que ya existía, de conversar, compartir intimidades, de darse apoyo...

 

A modo de conclusión, debemos asumir que las costumbres y las tradiciones del rural son un valor y una riqueza de la sociedad en su conjunto; que acumulan en torno a ellas siglos de conocimiento y experiencias; que tienen seriamente comprometido el futuro; que conservarlas y/o rescatar su conocimiento, siquiera como recurso festivo, traerá beneficios personales, sociales e incluso económicos; que eso que llamamos identidad de pueblo, comarca o región tiene su una piedra angular en la pervivencia de las costumbres y tradiciones populares; que las propuestas culturales y/o festivas que ponen en valor el folclore, la artesanía,  las peculiaridades de una gastronomía, las técnicas agrícolas, el manejo de los animales, la conciencia de sostenibilidad del territorio… son una póliza de futuro social; que el trabajo de las instituciones, de las asociaciones, de los colectivos entusiastas… que trabajan para que esas costumbres y tradiciones no se conviertan en los nuevos “mártires” de la modernidad hacen una labor imprescindible que es preciso reconocer socialmente.

 

Finalmente anotar que es preciso animar e involucrar a las nuevas generaciones en este empeño, porque son agentes poblacionales de largo recorrido y, sobre todo, porque son el segmento más sensible a esa cultura global que lo engulle todo. Tampoco puede ignorarse que el floreciente negocio del turismo rural comienza a explorar el potencial atractivo de estos valores tradicionales, y eso es bueno, pero la sociedad tiene que velar por que en esa utilización se preserve la autenticidad, lo contrario sería caer en pastiches sin atractivo ni valor etnográfico alguno. //

 

Post scriptum: Con esta última reflexión, abrimos una pausa en la denuncia de unas pérdidas etnográficas injustificables. De igual manera, reiteramos el reconocimiento a los colectivos conservacionistas por su tarea encomiable de investigación y rescate de las costumbres y tradiciones. Finalmente, agradecer la acogida, la estimable divulgación en redes y Whatsapp, a Interbenavente.es y, desde luego, a las numerosas muestras de apoyo que ha tenido esta cabecera de Mártires del Rural. Muchas gracias.

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