¡Ay, el ejército de Israel!
En el año 2007 el gobierno de Israel impuso un bloqueo ilegal y profundamente injusto a la Franja de Gaza, después de que Hamás (organización que contribuyó a crear para debilitar a la OLP) se hiciera con el control del territorio. Un castigo económico muy duro a más de un millón y medio de personas que, unido al aislamiento político, ha traído más odio, más frustración y más violencia a esta zona del planeta. Un drama, el palestino, que ya se prolonga más de setenta años.
Y el pasado lunes, con el ataque de su poderoso ejército, volvía a indignar a la comunidad internacional exponiendo nuevamente a sus aliados al desprestigio social y político. La contundencia empleada en el bombardeo sobre posiciones, reales o supuestas, de milicianos de Hamás golpea una y otra vez a la población civil causando centenares de muertos, heridos, sufrimiento y destrucción. La superioridad militar es tan aplastante y la crueldad que despliegan es tan inhumana que supone una vergüenza que, a mí juicio, ha de ser condenada sin paliativos.
Las continuas ocupaciones de territorio, la destrucción implacable de edificaciones y aldeas palestinas enteras para ser entregadas a colonos israelíes, el permanente uso de la fuerza... sólo traerá deseos de revancha, a cualquier precio, a las futuras generaciones de Palestina. Y, además, en el diálogo internacional trae más descrédito y más soledad a la defensa de las, también legítimas, aspiraciones de autodefensa y seguridad por las que clama un parte importante del país hebreo.
Las imágenes de extremada violencia y destrucción que ofrecen estos ataques desmedidos relegan inevitablemente al silencio mediático de la agresión a musulmanes en Jerusalén en pleno Ramadán, a los autos judiciales que le quitan la casa a familias palestinas en pleno casco de la Ciudad Santa para dárselas a israelíes, o la decisión inútil y temeraria del brazo armado de Hamás por llamar la atención de la crítica situación en Gaza con el lanzamiento de centenares de cohetes sobre el territorio de Israel, protegido por un férreo escudo antiaéreo.
Esperemos que no se concrete, en los próximos días, una ofensiva terrestre como la de dos mil catorce que causó la destrucción de infraestructuras básicas en el territorio y miles de muertos. Otra ocupación, no solo multiplicaría exponencialmente la tragedia sino que supondría el regreso a fórmulas de defensa palestina que nadie quiere. En todo caso, están tocando a la puerta de este conflicto llamadas a la cordura y numerosos ofrecimientos de mediación, pero es un hecho que esta operación militar ha vuelto a perder el relato de la opinión pública mundial horrorizada de lo que está viendo en directo en todos los medios de comunicación.
La ejecutoria de un político tan beligerante con el pueblo palestino como B. Netanyahu (procesado por corrupción e incapaz de formar nuevo gobierno), la radicalización de sectores declaradamente antiárabes en las ciudades mixtas, el extremismo de los partidos religiosos y algunas facciones que quieren entrar en el nuevo gobierno israelí han optado por dinamitar los puentes y caminos que pudieran llevar a cualquier avance en el proceso de paz. Y parece que Israel ha renunciado a cualquier otra vía en la Franja de Gaza, en Cisjordania y en la búsqueda de una convivencia pacífica en la ciudad de Jerusalén y opta por utilizar a su ejército, uno de los mejor pertrechados del mundo.
Aunque aisladas y mayormente contenidas, asistimos a tuits y justificaciones personales que pretenden descalificar la condena de estos hechos con el argumentario de siempre: La supuesta o real inacción en otras causas también injustas, la actitud terrorista o violenta de Hamás, la provocación del activismo islamista… Quizá convenga recordar aquel pequeño robo en una aldea contra el que sus habitantes, desoyendo al más anciano, no hicieron nada. Después de la impunidad de aquel pequeño hurto vinieron robos mayores, agresiones, delitos y la constatación de que el anciano tenía razón, pero ya era demasiado tarde. ///
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