Jornada laboral y conciliación
![[Img #140745]](https://interbenavente.es/upload/images/04_2021/9604_jornada.jpg)
A pesar las circunstancias que nos abruman, no debemos olvidar que vivimos en el mundo de los ricos, en la vieja Europa próspera y complaciente que todo el mundo mira. Obviamente ahí sigue la pandemia que trata a todos por igual, el desconcierto económico, la caída del consumo, el aumento del paro, la desconfianza en el futuro… Y aun así, los estados que disponen de más recursos proporcionan una respuesta sanitaria, con luces y sombras, pero infinitamente mejor a la ciudadanía en esta crisis brutal que trajo la Covid19.
Todas las economías se han visto trastocadas y algunos sectores han sufrido daños de difícil reparación, pero empezamos a ver la salida a este caos general. Ahora está sobre la mesa la posibilidad de normalizar una modalidad de trabajo a distancia, ya ensayada en el confinamiento, que permitiría gestionar mejor la conciliación de la vida personal y familiar con la necesidad de trabajar para ganarse la vida. En el debate se mezcla la reducción horaria, la semana laboral de cuatro días, el teletrabajo, la robotización, los impuestos a las máquinas… Una oportunidad histórica que la sociedad no puede desaprovechar.
Estoy con B. Disraeli cuando venía a decir que los medios y los ocios eran los dos civilizadores más potentes. El político inglés era consciente, en el siglo XIX, de que las infraestructuras comunes y las necesidades individuales constituyen elementos indispensables para hacer comunidad, y que en ella la demanda de tiempo libre sería inmediata. Sin recursos no puede haber disfrute del ocio, y sin una legislación u organización que los haga posible tampoco.
El Real Decreto-ley 28/2020, de 22 de septiembre, pretende una primera regularización del trabajo a distancia, dar seguridad al control de la jornada por parte de las empresas, garantizar la intimidad de las personas trabajadoras, el derecho a la desconexión digital, valorar gastos y beneficios… es una iniciativa legislativa importante, pero insuficiente. No debemos ignorar que, para su generalización, el nudo gordiano va a estar en lo de siempre: la capacidad de presión y, desde luego, que el empleador y quienes trabajan se beneficien del cambio que trata de negociarse. Además, hay otras cuestiones difícilmente objetivables como la remuneración emocional, la satisfacción en el desempeño, el aumento de la productividad, la reducción del absentismo laboral, el fortalecimiento de la industria de la cultura y el ocio, la educación de los hijos...
A la fuerza ahorcan, dice el refrán, y cuando hemos visto que la fuerza de la pandemia se ha llevado logros laborales históricos, cuando los vientos del sur traen productos o mano de obra que revoluciona el mercado, cuando la factura de la energía o la necesidad de buscar alternativas pone patas arriba el consumo, cuando las empresas buscan rebajar los costes de producción a toda costa para sobrevivir… Nos damos cuenta de que necesitamos más Estado, mejor administración, más compromiso, más lealtad institucional para defender lo conseguido con tanto sacrificio y poderlo transmitir a futuras generaciones.
En esta tesitura la Administración General del Estado y los sindicatos han tomado la iniciativa y acaban de presentar un compromiso para realizar teletrabajo, de manera voluntaria, tres días a la semana del que se excluyen algunos servicios. Una primera avanzadilla sí, pero muy importante porque marca el camino a seguir, y allana la ineludible implantación de profesionales en el medio rural.
El trabajo a distancia no será posible en todos los casos ni todas las empresas están en condiciones de asumirlo, pero tampoco todas las personas dispones de las condiciones o la infraestructura para llevarlo a cabo. Además, en la cara oculta de la luna está la economía sumergida, el desempleo, las desigualdades de género, la precariedad laboral, la inmigración ilegal y las personas no regularizadas… Es pues urgente que la sociedad abra un debate, lo más amplio y transversal posible, que busque un pacto que defina y regule el trabajo presencial y el teletrabajo, que fije los derechos y las obligaciones, los complementos para las actividades que no lo permitan, los incentivos a las empresas... Solo desde la claridad legal se podrá avanzar de manera firme en esta gran oportunidad de progreso social. ///



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