Decálogo para la esperanza
Trescientos cincuenta años antes de que naciese Jesucristo, Aristóteles dejó escrito que la esperanza es el sueño de los hombres despiertos. Aún recelosos por los datos aterradores de las últimas semanas volvemos a coger algo de aire para soñar, más despiertos que nunca, una salida a esta mortífera enfermedad. Es un hecho que descienden casi todos los indicadores sanitarios y que va despejándose el horizonte de vacunación, eso trae confianza al sombrío panorama que tenemos por delante y permitirá afrontar las otras crisis que nos deja la Covid19.
Hace poco más de quince días (26-1-21) la incidencia acumulada en España superaba los 900 casos por cien mil habitantes (con muchas comunidades superando los 1400), hoy se han reducido a la mitad. Es mucho, pero nos ayuda a mantener viva la confianza de que superaremos la nueva arremetida del virus. No debemos olvidar, así lo afirmaba Schopenhauer en el siglo XIX, que “quienes han perdido la esperanza se convierten en personas desesperadas” y a estas alturas la sociedad no puede caer en ese pozo cuando hay razones para lo contrario.
En un intento de ser conciso y didáctico a la vez, anotaré diez ideas con la pretensión de reafirmar esa esperanza en el futuro que tanto se necesita:
- Vacunas: Se espera la llegada de millones de dosis que harán posible un calendario de vacunación masiva, en grandes espacios y, previsiblemente, con la colaboración de voluntarios que permitan dar un respiro a los centros de atención primaria.
- Se mantiene intacta la entrega y el coraje del personal sanitario que atiende a los enfermos: El orgullo manifestado por el sistema público de salud y la investigación científica obliga a mejorar sus infraestructuras, el catálogo de personal y las condiciones laborales de estos profesionales.
- Compromiso y solidaridad: La responsabilidad mostrada por la gente en los momentos más duros nos llevan a pensar que, cuando sanen las heridas y hecha la rehabilitación oportuna, emergerá en forma de unas relaciones sociales más comprometidas y mucho más solidarias.
- La garantía de los organismos internacionales: La Unión Europea, el Banco Central Europeo, la Agencia Europea del Medicamento, la Organización Mundial de la Salud tienen y han de seguir teniendo un papel protagónico en estas crisis. Son la mejor garantía de la defensa de las personas, por encima de los intereses mediatizados de las grandes corporaciones económicas y de los estados.
- Diálogo y nueva gobernanza: Todas las instituciones, desde las más pequeñas a las más grandes, están llamadas al escrutinio y la exigencia de rigor de la ciudadanía. La España de Berlanga, afortunadamente, no va a volver. Hemos interiorizado que nadie está capacitado, por sí solo, para hacer frente a una catástrofe de estas dimensiones. Proclamar lo contrario sería tan insensato como pensar que esto no volverá a pasar en cien años.
- El negacionismo es ya un fenómeno residual: En situaciones de pandemia, la lealtad institucional y el apoyo social a las medidas que decreten las autoridades competentes (ya sea el gobierno central, las autonomías o los ayuntamientos) son ejemplo de madurez y no de debilidad. El negacionismo insolidario, que solo lleva a poner en peligro a las personas, ha dejado de ser un obstáculo a la hora de combatir la enfermedad.
- La esperanza no se fundamenta en ilusión sino en datos: Había ilusión en salvar el verano, este o aquel puente, la Navidad… La confianza se afirma en el aprendizaje de los errores, de certezas objetivables y en la seguridad de que no es posible confrontar intereses políticos, sanitarios, identitarios, económicos… con la vida de las personas.
- El futuro será digital: Las nuevas oportunidades laborales (cuatro de cada diez nuevos empleos estarán relacionados con las TIC), las empresas, la inteligencia artificial, la robótica, las relaciones sociales, el teletrabajo, las relaciones sociales e interpersonales, el comercio… indican esa tendencia irreversible. Se estima que en pocos años el 40 % del Producto Interior Bruto mundial operará en el mundo digital.
- Nuevos valores para el desarrollo: Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que concretaron los líderes mundiales en el año dos mil quince referidos a la educación, el tratamiento de la pobreza, los nuevos empleos, la lucha contra contaminación, la energía, las grandes desigualdades, el consumo, el cambio climático… se retoman ahora, haciendo de necesidad virtud, con la ingente dotación de fondos destinados a la recuperación, en un nuevo marco económico y de relaciones internacionales que ha propiciado la pandemia. Un ejemplo más de la catarsis revitalizadora que, desgraciadamente, también provoca el fuego.
- Identificar y evaluar errores: Organismos independientes realizarán estudios sobre la gestión de la crisis en todas las instituciones competentes. El resultado de las evaluaciones ha de ser transparente y conocido por la ciudadanía para, llegado el caso, no se vuelvan a repetir errores. Analizar lo ocurrido en positivo y no con la espada de Damocles sobre la cabeza de unos y otros reafirmaría la confianza en los representantes de la sociedad
Deseo terminar la columna de este domingo felicitando a los devotos de San Valentín, el santo paleocristiano que casaba a novios en la oscuridad de las catacumbas romanas y terminó enamorado de la hija de su ejecutor. También y, especialmente, a la ciudadanía de Cataluña porque este domingo la democracia pone en sus manos el futuro próximo de la Comunidad, de modo que enhorabona als electes i encert en les decisions. ¡Salut per a totes i tots! ///.
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