Volver a comenzar
Con esta idea de recomienzo José Luís Garcí ganó el Oscar a la mejor película extranjera, (Volver a empezar, 1983). También es el título de canciones de Marc Anthony, Café Tacvba, Nuria Fergó, Silvana Ibarra… aunque, quizás, el más exitoso sea el tema de Luz Casal Volver a comenzar (2018) que, entre otras cosas, canta: “Cuántas veces has pensado/ que no te quedaban fuerzas ni para respirar. / Cuántas veces has pensado/ que se te apagó la estrella/ que no puedes brillar más. / Y si gana la derrota habrá que volver a empezar/ apostar aún más alto y comenzar a pelear. / Sé que el vértigo se irá, pero sólo si te atreves a saltar/…a saltar una vez más. /”. Como dicen ahora los jóvenes, ¡tal cual!
Después de un año angustioso de pérdida de vidas, de dolor, de ruina para mucha gente, de retrasos y picaresca intolerable en el proceso de vacunación… Hay que reconocer que van quedando pocas fuerzas, que la sociedad se muestra inquieta y la fatiga pandémica ya ni siquiera se oculta, pero no podemos permitirnos la derrota y si en algún momento –como dice Luz- nos gana el desaliento, habrá que levantarse y volver a pelear. Tampoco le falta razón cuando insinúa que el vértigo es el mayor enemigo para saltar al abismo, aunque en descargo de la ciudadanía hay que decir que el confinamiento, las restricciones a la vida cotidiana, las imágenes terribles, la cifra de muertes, los centenares de miles de personas que han sufrido la enfermedad, la quiebra de ciento cincuenta mil empresas en nuestro país, el desempleo por esta causa, la pobreza que viene…. Son consecuencias tan graves e inéditas que paralizan a cualquiera, y magnifican esta sensación de aturdimiento.
Cuentan que fray Luís de León cuando regresó a su cátedra de Salamanca después de cuatro años de ausencia forzada por la Inquisición, se dirigió a los alumnos diciéndoles: “Decíamos ayer…”. Resulta obvio que el humanista agustino nunca olvidó aquel encierro injusto (“Aquí la envidia y la mentira/ me tuvieron encerrado.”), pero no deseaba que aquella circunstancia condicionara su docencia presente o futura. Mucho más explícito es Larry Fink, administrador de una cartera de fondos de siete billones de dólares, al señalar que “…cuando salgamos de esta crisis el mundo será distinto, la psicología del inversor cambiará, los negocios cambiarán, el consumo cambiará…”, pero no es menos cierto, señor Fink, que nadie sabe decirnos cuándo y cómo dejaremos atrás esta calamidad.
Hay cierto consenso en que habrá un antes y un después de esta pandemia, aunque desde la política no quiera reconocerse ni se diga con claridad que habrá que prescindir del tejido productivo que haya quedado inútil, dejando en ese camino a cientos de miles empresas y millones de trabajadores. Da igual, siguiendo con el mensaje de Luz Casal, parece indudable que tendremos que vencer el vértigo y saltar a ese abismo para comenzar otra andadura después de esta catarsis colectiva.
En España partimos de una situación tecnológica y de una capacidad innovadora que es la que es. A modo de ejemplo señalar que sólo registramos 34 patentes por millón de habitantes mientras que Suiza alcanza las 884, los Países Bajos 412, Suecia 374, Finlandia 329, Alemania 316, Francia 157, Irlanda 118 o Italia 70 solicitudes. Cierto que en los últimos años hemos avanzado mucho, pero seguimos en la cola de los países desarrollados y atados al triste eslogan de “que inventen otros”, que atribuyeron maliciosamente a don Miguel de Unamuno.
Hay muchas ideas sobre el tablero para ese recomienzo: un nuevo modelo energético, modernizar los transportes de personas y mercancías, reconversión del sector turístico, apoyo y transformación de productos del sector primario, implementar el uso de las TIC, apoyar la moda y el diseño, potenciar la investigación marina, las artes y las ciencias, la modernización empresarial, mejorar la educación y, especialmente, la formación profesional, recuperar económica y poblacionalmente esa otra España que hemos vaciado… En definitiva, definir los perfiles de un modelo propio que diversifique y ponga en valor los recursos y fortalezas.
Muchos se preguntarán ¿y cómo puede hacerse esto? ¿Quién va a impulsar y tutelar un proceso tan complejo y doloroso? ¿Los políticos que andan a la gresca por un quítame allá esas pajas? ¿Una coalición de gobierno en continuo tira y afloja? ¿Los “representantes” de empresarios y trabajadores atados al interés de unos pocos?... A pesar de las muchas reticencias, la respuesta ha de ser afirmativa, en mi opinión, tendremos que volver a comenzar con lo que hay. ///
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