2021, el deseado
Coincidiremos en que el dos mil veinte ha sido un “annus horribilis” que diría la reina Isabel II del Reino Unido, quizás uno de los más horribles en tiempos de paz de la historia reciente. Desde que la Organización Mundial de la Salud declarase como pandemia el brote epidémico de la Covid19 (11-03-20), las noticias del coronavirus han llenado por completo nuestras vidas de restricciones, miedos y toda clase de prevenciones.
Como un martillo pilón a pleno rendimiento el parte diario de fallecidos, el número de contagiados, las tasas de ocupación en grandes hospitales, el listado inacabable de medidas y recomendaciones golpeaba con dureza, una y otra vez, nuestra vida cotidiana. Y a pesar del agobio que supuso una situación tan dramática, en general, debemos reconocer que la población española ha sabido sobrellevarla con entereza. Tiempo habrá de poner blanco sobre negro la gestión que han hecho las distintas instituciones, y también la de unas autoridades elegidas para que gobernaran nuestro bienestar en función de sus competencias y no para que pusieran rumbo hacia otros intereses.
En los últimos días del año, y sin capacidad para echar el gancho al ritmo diabólico del ingenio hidráulico, se ha iniciado en todo el mundo el proceso de vacunación que pretende hacer frente a este virus. Una apuesta que busca dejar en la historia que hemos encontrado la solución en menos de un año a una urgencia epidemiológica inesperada; además, naturalmente, de trasladar a la ciudadanía la imagen de que hay esperanza. Cuestiones, desde luego, que no alivian ni dulcifican la catástrofe humanitaria en la que estamos inmersos.
Del dos mil veintiuno lo esperamos todo o casi todo. Y digo casi, porque nada podrá regresar a los compatriotas que cayeron víctimas de una enfermedad para la que nadie tenía respuesta. En las guerras se establecen corredores de auxilio y los bandos en conflicto decretan pausas de fuego para curar, rescatar o enterrar en condiciones de dignidad a los muertos, en esta pandemia ni siquiera hemos tenido ese alivio. Por ello, desde esta humilde columna y con el presupuesto de las instituciones recién estrenado, animo el encargo de esculturas u otro tipo de memoriales para que, desde lugares emblemáticos de pueblos o ciudades, la ciudadanía recuerde la virulencia de esta pandemia y, en su caso, a los vecinos/as muertos en residencias, hospitales o domicilios particulares en la más dolorosa soledad.
Es obvio que el nuevo año no podrá aliviar la angustia que hemos padecido, ni el tiempo perdido en todas las facetas de la vida, pero anotaremos en esta hoja de esperanza colectiva algunos deseos para el nuevo año: La progresiva estabilidad del tejido empresarial y comercial, la recuperación del turismo y los servicios, que el empleo vaya ganando terreno, la vuelta a un consumo ahora más responsable, la normalidad en las aulas, en los cines, en los teatros, en las calles y plazas, en los bares, en los restaurantes, en el seguimiento cotidiano de nuestra salud, en los transportes, en las relaciones interpersonales, en los afectos, …Puede que sólo sea un espejismo y no debamos minusvalorar el poder de un virus que, como a la Hidra de Lerna, le nazcan dos cabezas por cada una que se le corta, que no debamos poner todos los huevos en la cesta de las vacunas… Pero estamos empezando el año, y el panorama es tan desolador que todo debe ser permitido.
Nos hemos ganado el derecho a soñar, y diría más, a disfrutar de un sueño reparador en el que veamos hábitos colectivos más sostenibles, empleos que concilien mejor con la vida personal, mayor compromiso institucional con el medio ambiente, nuevos y más efectivos modelos de solidaridad, un sistema financiero más controlado y más justo…Pero sabemos que las utopías, por hermosas que sean, se reconocen poco con las urgencias del día a día en tiempos de crisis.
Es de esperar, al menos, que el pueblo esta vez no se equivoque como en el año 1814 con el otro gran “Deseado”, y que las expectativas que despierta 2021 en la ciudadanía se cumplan plenamente. Ojalá que el nuevo año nos traiga el “recomienzo” de esa normalidad, tan ansiada como merecida, sobre la que podamos afianzar todas nuestras ilusiones y utopías. ¡Salud y feliz año para todos y todas! ///
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