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Comarca de Benavente

La pandemia silencia el "tin tan" más secular de Abraveses de Tera

M. A. Casquero Sábado, 25 de Abril de 2020 Tiempo de lectura:

"Lo que no llegó a suspender la Guerra Civil, lo paraliza este virus", advierten desde la cofradía de Nuestra Señora de las Encinas refiriéndose al toque del Ángelus del mediodía

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Los cantos de los pájaros, posados sobre los arbustos del acceso al santuario de Nuestra Señora de las Encinas en Abraveses de Tera, son los únicos sonidos que se oyen al mediodía. La quietud sonora se manifiesta con mayor crudeza debido a esta pandemia que se viene padeciendo. Son ya 42 días de confinamiento en las casas debido al decreto del estado de alarma en prevención de no contagiarse del coronavirus, con un nombre de algorítmo SARS-Cov-2 que produce la enfermedad COVID-19.

 

El Valle de San Pelayo se queda en silencio desde hace ocho siglos

 

Desde la privilegiada platea en la que se alza el antiguo santuario de la Virgen de las Encinas y que domina el valle se viene pregonando desde hace siglos la llegada del mediodía con el toque del Ángelus. El tin tan de la campana anuncia a los cuatro vientos el gozo de la Señora. No obstante, durante estos días se ha paralizado una historia de ocho siglos. La campana permanece en silencio y seguramente por primera vez en la ya más que prolija historia de este valle que recibió siglos atrás la denominación de San Pelayo por el arroyo que lleva sus aguas al río Tera. Y, más aún, quizás el cenobio de San Pelayo fundado por Flaínez en el siglo XI podría alzarse en este cerro apodado " Los Casares". Un pequeño convento que dio lugar entre los siglos XII y XIII a la ermita y más tarde santuario dedicado a la Virgen Nuestra Señora de las Encinas.

 

 

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"Lo que no llegó a suspenderse ni siquiera durante la Guerra Civil, lo ha logrado este virus", advierten desde la cofradía de Nuestra Señora de las Encinas devotos de avanzada edad. Durante todos los días del año, "por vela" un cofrade se encarga de convocar a los devotos al Ángelus, de pregonar el mediodía. Pero ahora, eso no puede ser y el volteo de la campana espera a que todo esto pase. Para que la intrahistoria de este santuario no se vea truncada.

 

El heraldo del Ángelus recaía en el ermitaño con una humilde casa adosada entonces al templo mariano, hasta hace seis décadas cuando en una asamblea de cofrades se acordó que cada día fuese un vecino el encargado "por vela", por turno, del tañido de la campana del santuario. Desde entonces se venía a relevar a la vecina Leonarda Blanco y su hija Soledad quienes ya residiendo en el pueblo tomaron el testigo a la última ermitaña con morada junto a la ermita, a la señora Ceferina.

 

Si hasta hace seis décadas el volteo de la campanilla pregonaba las celebraciones marianas, las tormentas e, incluso el Ángelus, al mediodía, el instrumento sonoro permanece ahora en silencio porque nadie puede acudir a tirar de la soga. Por culpa de este maldito virus.

 

FOTOS:  M. A. C. (Imágenes de archivo del santuario de la Virgen de las Encinas en Abraveses de Tera)

 

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