El Ermitaño: 30 años de pasión y autentico amor por la cocina.
El popular refrán “Nadie es profeta en su tierra,” es la antítesis de la vida y el arduo trabajo de los hermanos Pérez Alonso, o Pedro Mario y Oscar como les conoce todo el mundo. Este dúo de cocineros, dueños de un talento desbordante, son como el águila misma que renace ante cualquier eventualidad y obstáculo
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Enarbolan con orgullo hace ya más de una década su valorada estrella Michelin, otorgada por la prestigiosa guía francesa, sin olvidar que cada día al abrir las puertas del restaurante el Ermitaño reciben a sus verdaderos jueces: Sus fieles clientes.
Esta historia de éxito y superación la inician los emprendedores padres de este dueto benaventano: Manuel Pérez y Hortensia Alonso. Manuel , el portador de la idea y Hortensia, dueña del don del buen cocinar, apostaron todos sus ahorros y compraron la finca que antiguamente era la casa de los Marqueses de los salados, para levantar un merendero típico castellano, que hoy por hoy se considera una referencia gastronómica de la alta cocina de Castilla y León.
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En esta ocasión, Interbenavente quiere celebrar con ellos sus 30 años de historia culinaria, regalándoles a sus lectores esta interesante y motivadora entrevista.
Sus inicios
La iniciativa y vitalidad perdura como hace ya 30 años, igual que aquel 27 de Octubre del 1989, cuando abrieron sus puertas como mesón para encantar a propios y extraños, cambiando la percepción de lo que se podía encontrar en este tipo de negocio en materia gastronómica.
Sentados en la intima y placentera buhardilla del restaurante, vestidos con sus elegantes chaquetillas de chefs nos reciben puntualmente e iniciamos una franca y agradable conversación con estos hermanos. Pedro Mario es el primero en romper el hielo y nos explica el origen del nombre del restaurante, ubicado en un entorno natural e histórico, con una ermita del siglo XVIII como testigo de ello.
“El nombre del ermitaño se lo ocurre al padre del constructor que hizo la primera fase del restaurante, el Sr. Contreras. Cuando soltó el nombre me llamó mucho la atención, la mayoría de la gente conecta su nombre con la ermita. Claro que ermitaño viene de eremita; una persona alejada del casco urbano. También es cierto que esta palabra está relacionada con una persona antisocial, cosa que nosotros intentamos no serlo”, sonríe Pedro mientras prosigue su relato. “Nos encantó la idea porque nuestro restaurante está apartado del casco urbano. Creo que es el nombre que más le pegaba. Nosotros hemos querido que el Ermitaño, sea hospitalario, cercano, empático, agradable y un sitio para recordar”, nos explica Pedro Mario, quien con un chasquido de dedos enfatiza su idea.
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Y así es. El Ermitaño y sus propietarios, no reflejan la naturaleza de su nombre; todo lo contrario, en esta antigua casa señorial, convertida en restaurante se respira una esencia acogedora y familiar. Cada espacio tiene su protagonismo especial en este histórico paraje de esta ciudad zamorana.
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Cuando le pedimos que nos hablaran sobre sus inicios en la cocina, en los ojos de Pedro Mario descubrimos un entusiasmo latente. “Yo comencé a la edad de 22 años, al año de abrirse el restaurante comencé ya colarme en la cocina”. Oscar comienza un poco más joven en los fogones y nos cuenta que, “Con 16 años, me fui a la escuela de cocina de Madrid José Luis. Yo tuve la gran suerte de poder estar en una escuela, y aprender un poquito más técnicamente lo que era la cocina. “Fue un amor que encontramos en los fogones que no conocíamos”. Nuestro padre era un amante de las brasas, de la parrillada. Nos dimos cuenta que era mucho más y nos hizo emocionarnos de una manera desproporcionada”, recuerda el cocinero.
“Yo lo capté desde el inicio. Lo vi, y desde ese momento ya sabía que eso era lo que quería ser. El percibir olor del delantal de nuestra madre, ver como trataba el producto, ver como guisaba, fue los que nos llevó a la cocina”. Nuestra madre fue chef de esta casa”. Asevera Oscar Manuel.
A la hora de responder acerca de quiénes fueron su soporte y ayuda en sus inicios, obviamente a parte de mencionar a sus padres, el apellido Lera de Castro, salió de sus labios casi de inmediato. “Esta familia de Castroverde, siempre nos apoyó incondicionalmente y apostaron por estos hermanos siempre”, reconocen los hermanos Pérez Alonso.
Referentes culinarios: Cocineros y libros
Estos talentosos benaventanos han acuñado como suya la frase que lo distingue como cocineros: “Cocinamos lo que somos”. Algo que es muy evidente, si se tiene el privilegio de probar la propuesta gastronómica de sus variadas cartas.
“Tenemos un abanico muy extenso de referentes, infinidad de amigos que admiramos. Hay muchos. El más cercano a nosotros que por desgracia se nos fue es Carlos Domínguez Cidón, el chef castellano y leones, afincado en León pero astorgano de nacimiento, nos inculcó la cocina su filosofía y el respeto por el producto de su tierra. A parte de su referente, hemos intentado exprimir la cocina al máximo, retrocediendo en el tiempo y desde Augusto Escoffier hasta Antonin Carême, hemos buscado en ellos, el significado y el por qué de la cocina, no solo el mero hecho de alimentarte, sino las bases propiamente dichas de una cocina bien hecha, con criterio, con cabeza, con sentimiento”, nos explica Pedro.
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Por otro lado, Oscar con su lenguaje corporal y gestos, nos trasmitía pura emoción mientras nos hablaba y corroboraba las palabras de su hermano. “Carlos Domínguez nos marcó. Siempre dijimos que el valor que este hombre a todo el producto que le rodeaba, era la nueva magia de la cocina castellana”. “Él intentaba realzar y dar importancia a productos que básicamente que en la cocina gourmet no la habían tenido, como el garbanzo por ejemplo, algo muy casero, hasta enzarzarlo en un gran plato. Su filosofía cuadra perfectamente con lo que mi hermano y yo pensamos”, añade Oscar.
El Ermitaño, dentro de sus tantos rincones cuenta con su propia biblioteca. Está atesora libros que se convierten en sus referentes literarios, Pedro Mario inicia nombrando “El práctico”, de Ramón Rabasó, de gran influencia de la cocina francesa y conocido por muchos cocineros como “la biblia de la cocina”. Oscar a su vez, añade otros libros de obligatoria consulta para ellos como los de Oriol Balaguer, de Albert Adriá, de Ferrán Adriá. Confiesa que ambos cocineros les interesan libros que propongan cosas distintas, libros cuenten algo especial, como el de “Chef del mar” de Ángel León, o “Al vacio” de Joan Roca o los libros de Hervé This, denominado el padre de la cocina molecular.
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A parte de aprender de estas tendencias gastronómicas no olvidan a los grandes maestros de la cocina española: Juan María Arzak, Hilario Arbelaitz, Pedro Subijana, entre otros maestros de la cocina española que los han hecho entender la cocina que hacen, entenderse a ellos mismos para desarrollar al final su obra maestra.
“Si me tuviera que decantar por un chef que me emociona, hasta decir basta y que me parece súper completo sería Joan Roca”. Ángel León me parece otro crack, dentro de todo lo que hace y desarrolla, nos explica Pedro, mientras Oscar asienta con la cabeza, asumiendo la coincidencia con su hermano.
Su estrella Michelin
Es imposible hablar con ellos y no mencionar la estrella Michelin. Oscar y Pedro Mario nunca imaginaron que tendrían el éxito alcanzado hoy día. “Nunca buscamos esa estrella, y la llegada de la noticia nos estremeció”, sobre todo después del incendio del restaurante en el año 2000. “Fue euforia no contenida”, expresa Oscar, mientras Pedro aprueba con la mirada. El día que recibieron esta maravillosa noticia en el año 2001, entre abrazos y lágrimas, descubrían dos realidades; la alegría de tenerla y la responsabilidad de sostenerla.
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“El secreto para tener una estrella Michelin es un cómputo de muchísimas cosas, tiene que influir muchas cosas, hacer una cocina arraigada a tu zona a la que te hayas, una cocina emocional, sorpresiva, actualizada, atractiva, cocina de producto, servicio de sala, puesta en escena, las instalaciones, la bodega: es todo”. Tras cinco años de orfandad de la estrella, y su posterior recuperación Oscar expresa que, “Recuperar la estrella fue el momento de mayor subidón profesional en mi vida” “Algo que no se puede describir. Conseguir algo que se está buscando, una lucha dura. Cuando la perdimos dijimos vamos hacerlo lo mejor que lo podamos hacer”, comenta Oscar.
Refiriéndose a los dos eventos que han marcado la historia de este restaurante: El incendio y la ausencia de la estrella en el año 2010, Pedro Mario nos cuenta que en esos momentos se aferró a una frase del novelista William Faulkner que le ha marcado durante toda la vida “Ante el dolor y la nada, prefiero el dolor”. En breves palabras, resume lo aprendido en estas circunstancias: “Me quedo viviendo el presente”. “Hemos sufrido, hemos llorado, nos hemos divertido, hemos sido felices. Al final, hay que luchar, hay que soñar”. Nos dice. En un momento puntual de nuestra conversación, Pedro Mario se levanta de su silla, camina y toma en sus manos un pequeño cuadro, el cual enmarcaba una frase. Vuelve a sentarse y nos muestra. “Este es nuestro lema, esta frase lo resume todo: “Quien abandona sus sueños sabe que ha perdido, quien se queda y lucha, aun tiene la posibilidad de conseguirlos”.
Para volver a recuperar su estrella y sin perder su esencia, idearon un plan. Buscaron mejores técnicas de cocina, mejores punto de cocción, una cocina más dinámica, una cocina fusión, combinando el producto nativo con el producto foráneo, hicimos una reflexión de nuestras debilidades, potenciándolos esos puntos, “No hicimos una reforma brutal, seguimos siendo fieles a nuestros principios, honestos con nuestra tierra, con nuestros productos agroalimentarios”. “Puedes venir a comer unas raciones, un menú degustación con maridaje. Nuestra oferta de gastronómica es muy amplia”, añade Oscar. Todo este esfuerzo valió la pena; la estrella vuelve a sus manos a partir del año 2016, renovándola recientemente, convirtiéndose en el único restaurante Zamorano con dicha estrella, en la nueva edición de la guía Michelin para el año 2020.
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Pero esto no son sus únicos logros. Atesoran un Sol de la Guía Repsol otorgado en el 2003, que ascendió a dos Soles en 2013. En 2009 fueron galardonados con el premio Cándido a la investigación gastronómica y turística. También fueron premiados como el Restaurante del año 2014 por La Posada del periódico El Mundo de Castilla y León y por la Academia de la Gastronomía de Castilla y León, ambos premios con gran valor emocional para ellos. En 2016 reciben de la cámara de comercio de Zamora el premio Mercurio por su trayectoria empresarial, y en este 2019 reciben de Castilla y León Televisión el premio Maestros Hosteleros como mejor restaurante de su querida tierra: Zamora.
A estas premiaciones se suma el pasado mes de noviembre las recibidas por una parte de su equipo de trabajo: Marcelino Calvo y Nino Martínez otorgado por la Academia de gastronomía de Castilla y León como mejor servicio de sala. Es importante destacar que Marcelino Calvo también fue premiado por la revista Club de Gourmets como mejor sumiller del año 2019. Otro componente del Ermitaño, Flavio Mila también ha sido ganador de la tercera semifinal del Concurso Camarero del año 2020, y cuya final se celebrará en abril del próximo año en Barcelona. Todo esto evidencia que su equipo de trabajo también comparte su misma pasión y deseos de excelencia.
Descendencia y posteridad.
Ellos heredaron el arte de la cocina de sus padres. Era para nosotros obligatoria la pregunta del relevo, claro en un futuro muy lejano. ¿Están preparando a sus descendientes para proseguir con esta labor culinaria y hacer el traspaso generacional de vuestro delantal? Esta fue nuestra pregunta y estas sus respuestas: “Nuestros hijos son los que decidirán en su momento si su pasión será la cocina y si así lo desean, sus padres se volcaran en ello, no le faltaran recursos para ello”, nos revela Oscar. Pedro añade a la idea que la vocación de sus retoños deberá ser propia y no inculcada ni obligada.
En cuanto a la inserción de la cocina en el nuevo mundo digital reconocen el valor que los nuevos medios tecnológicos han aportado a la proyección de la cocina hoy en día. Los vemos pasearse por programas de televisión tan famosos como Masterchef España, por poner un ejemplo. Sus redes sociales informan y motivan sobre el día a día del negocio, incluso hace unos años tuvieron su propio programa de televisión “El Cuaderno del Chef”, emitido ya hace unos años por Radio Televisión de Castilla y León, cuyo objetivo primario era el de reivindicar el trabajo del productor agroalimentario de Castilla y León, adentrándose en la piel de su trabajo, que hacen para sacar el producto, y luego preparar alguna receta con compañeros cocineros con el mismo producto investigado.
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“Ha sido positiva para la profesión culinaria, sin lugar a dudas para que nuestra profesión tenga más relevancia, Hay un mayor interés y aun mayor conocimiento. La gente es más receptiva a probar cosas diferentes, gracias a esa enorme información que llega a través de los nuevos medios digitales. Es mucho más fácil llegar al cliente, pero a la vez más complejos, ya que su conocimiento de cocina es aun mayor”, apuntan los cocineros conjuntamente.
Sus platos estrellas
De la variedad de los exquisitos platos que se degustan cada día en este restaurante se miran por breves segundos y casi al mismo tiempo nos responden: Los canutillos de cecina que se le ocurrieron a Oscar en el año 2000 “Con toda seguridad, ese plato se ha versionado muchísimo”. “Otro referente de la cocina clásica tradicional que nos enseñó nuestra madre es el lechazo asado, el cual consideramos nuestro producto fetiche”, refiere Pedro Mario. “Otro plato muy demandado que lleva muchos años en nuestra carta, es el bacalao con manitas de lechazo, que creamos en honor a la ciudad de Benavente. No podemos dejar de mencionar las riquísimas Cocochas de bacalao sobre mil hojas de patatas. Para el momento dulce en la mesa del Ermitaño, los propios chef proponen la Crema de queso con chocolate blanco con uvas, en homenaje al recuerdo de su niñez junto a su abuela, que también les evoca el refrán castellano que dice: “uvas y quesos, saben a besos”, el cual ha sido tal su aceptación, que muchos clientes incluso lo han pedido para llevar a casa. Para este pareja de hermanos un buen plato está detrás de estas pautas: “producto excepcional, técnica y conocimiento y por último, la empatía y el cariño que el cocinero aporta a la elaboración”, asevera Pedro Mario.
Otro guiño a sus raíces, es su defensa al productor, al pequeño ganadero, al agricultor, ya que consideran, apoyando a toda su gente alrededor, consumiendo en la cocina del Ermitaño sus productos. “El producto Kilometro cero”, como le llaman ellos.
Como novedad que nos confiesan que se encuentran trabajando conjuntamente con la Universidad de León, con los cuales realizan investigaciones sobre el lechazo, ya que “Quieren exprimir al máximo las cualidades que tiene el lechazo” donde estudian su genética, la temporalidad, su alimentación, el tratamiento térmico, etc., porque ojalá mañana se pueda conseguir que un ganadero o una cabaña ovina aquí , tenga un lechazo que se pueda ser “ El pata negra de los lechazos”.
Como componentes para triunfar para los que se inician en la aventura en la cocina, es Oscar quien pocas palabras lo resume: “La humildad, inconformismo, y toneladas de ganas y sobre todo mucho trabajo lo que engloba la palabra trabajo”. Frase coreada casi al mismo tiempo por ambos chefs.
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Sobre la idea de escribir un libro en un futuro, piensan que algún día lo harán, no aspiran a escribir un libro de recetas, sino más bien de vivencias. “Nuestro libro se escribe todos los días en el restaurante, con lo que vivencias nuestra con nuestros clientes, apunta Oscar “El día que Pedro y Oscar escriban un libro, será porque tenemos algo novedoso, vivencial, y emocional que contar”.
A punto de terminar nuestra charla, nos entra la curiosidad y le preguntamos cómo les gustaría ser recordados, y con la humildad que les caracteriza nos responden, dejando en evidencia sus vínculos afectivos para con el lugar que los ha visto crecer: “Como Pedro y Oscar, dos cocineros del ermitaño muy benaventanos, muy de su tierra, muy defensores de su producto, de buena la cocina del puchero evolucionada, nos confiesa Oscar”. “Con que nos recuerden de esa manera el día que ya no estemos en este mundo me sobra y me basta”, puntualiza Pedro Mario.
En algún momento cuando las responsabilidades se lo permita Pedro quiere incursionar en la música, aprendiendo a tocar algún instrumento; Oscar en cambio quiere dedicarse al magisterio gastronómico, y claro dedicar más tiempo a la familia. “Tenemos claro hacia dónde vamos, y cada día queremos ser más felices, El camino de ruta lo tenemos bien marcado”, asegura Pedro, palabras que dejan muy clara su satisfacción con la profesión que ambos ha escogido
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Nos despedimos del legado bicéfalo de Manuel Pérez y Hortencia Alonso: Pedro Mario y Oscar: dos hombres sencillos y cercanos, enamorados locamente de Benavente, de su Castilla y León, quienes desbordan pasión a raudales por su cocina; mano a mano en una armoniosa convivencia familiar y profesional, entregados para hacer de este restaurante un lugar donde todo un equipo pone su talento, para que sus clientes se sumerjan en los aromas y sabores de este paraíso culinario.
- Dirección: Arrabal Huerta de los Salados Benavente, Zamora.
- Pagina Web: http://www.elermitano.com.
- Correo Electrónico: restauranteelermitano@gmail.com.
- Twiter: m.me/ElErmitanoRte.
- Facebook y Messenger: @ElErmitanoRte.
- Teléfono: 980 63 22 13.
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Estos son algunos de sus platos estrella:








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