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“La escuela rural del siglo XVIII y la del XXI tienen una cosa en común: son escasas”

Soraya Pedrero Sábado, 19 de Enero de 2019 Tiempo de lectura:

Este y otros temas de la Escuela Rural del siglo XVIII se trataban en la conferencia ligada a la exposición Paideia: La escuela en Zamora. Evolución Histórica.

El viernes por la tarde tuvo lugar en la sala Curtis de la Casa de Cultura Soledad González de Benavente una conferencia sobre la Escuela Rural del siglo XVIII impartida por el Historiador y militante de la CGT, Eduardo Velasco. Una conferencia ligada a la exposición PAIDEIA, con la misma temática, que lleva abierta desde el pasado lunes y que cerrará las puertas este sábado 20.

 

Eduardo Velasco comentaba que las bases de la escuela de primeras letras en España arrancaba en el siglo XVIII y que en sus comienzos no tenía una dependencia ministerial, puesto que existían gracias a los Ayuntamientos. “Era una escuela no regulada, por lo que en muchos lugares no había, ya que eran los propios Ayuntamientos, e incluso a medias también con los padres, los que sufragaban los gastos la escuela, es decir, del maestro”.

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Era una época en la que si la familia no tenía un poder adquisitivo grande no podía permitirse pagar los estudios de los hijos. “La mayoría de los pequeños tenían que contribuir a la economía familiar, y los que no asistían al colegio era porque sus padres no podían los dos o tres reales que tenían que pagar, o porque desde una edad temprana tenían que contribuir a la economía familiar, trabajando en el campo o en talleres artesanales.

 

Según Eduardo, en el siglo XVIII tan sólo había un maestro por escuela, y las materias eran aprender a leer y escribir, contar y las cuatro reglas aritméticas: sumar, restar, multiplicar y dividir, “incluso a saber cambiar  maravedíes a reales”. Pero sobre todo, doctrina cristiana. “El maestro, para poder ejercer como tal, necesitaba la certificación o el parabién del párroco de la localidad”.

 

Otra de las cualidades de estas escuelas es que eran unitarias, es decir, iban todos a la misma clase sin importar la edad. Los cursos comenzaban en septiembre u octubre y finalizaban en mayo. “No iban en los meses de verano porque era la época de más intensidad de las labores del campo, y los padres sacaban a los críos de la escuela para que les fueran a ayudar”.

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Aunque en las ciudades la escuela era los 12 meses del año, la mayoría de ellas se encontraban en el mundo rural, donde los meses de estío en el campo no se acudía a ella. Esto nos ha dejado la herencia de las actuales vacaciones escolares.

 

Según Velasco, no fue hasta 1825 donde, gracias a un decreto, se comenzó a legislar la escuela, y fue entonces cuando el gobierno se hizo cargo de la instrucción pública, aunque no se comenzó a normalizar hasta principios del siglo XIX.

 

A pesar de todo el tiempo que ha pasado desde el inicio de la escuela rural, Eduardo explicaba que casi estamos al unísono. “En el siglo XVIII había muy pocas escuelas, algo que también pasa hoy en el mundo rural, aunque por otros motivos, como es la despoblación. La escuela es poco menos que el recuerdo”. Según el historiador, el problema que hay desde hace tiempo “es que se está sacando a los críos del medio natural, concentrándolos, y en esa falta de sintonía, del entorno familiar y escolar, fomenta lo que es la despoblación”.

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Otra de las similitudes, es la de la figura del maestro poco respetada, aunque no nos lo creamos. “Hay unas ordenanzas en la ciudad de Zamora, de las pocas que existen en España, y en una de ellas se dice que la familia debe de respetar al profesor, y que no se puede consentir los insultos hacia el profesor. En el siglo XVIII el profesor ya tenía serios problemas de respeto, no tanto con los alumnos pero sí con los padres, porque en mayo, los padres agricultores sacaban a sus hijos de clase para ir a trabajar al campo, y si el profesor se oponía tenía serios problemas.

 

Finalmente Eduardo comentaba lo valorada que estaba la educación en sus inicios y cómo deberíamos aprender nosotros a valorar la nuestra. “En aquella época había unas tasas de analfabetismo muy altas. El poder aprender esos conocimientos era fundamental para tener un futuro mejor, ya no solo profesionalmente, porque cuando una persona no sabe leer, escribir o contar se siente indefenso. Entonces la valoración de ese conocimiento era una riqueza personal que creo que hoy en día no se valora tanto”.

 

Una charla muy interesante sobre la historia del origen de las escuelas que encantó a la veintena de personas que acudieron a ella. Y si aún no has visto la exposición que recoge numerosas fotografías sobre las escuelas de otras épocas de nuestra provincia, puedes hacerlo hasta el mediodía del sábado 20 de enero.

 

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