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Opinión

Todas no somos Laura, por Ana Pedrero

Interbenavente.es Martes, 18 de Diciembre de 2018 Tiempo de lectura:

"Nosotras vivimos y Laura está muerta porque presuntamente la ha matado un hijo de puta que jamás debió estar libre frente a su casa, en el mismo pueblo donde hace años intentó violar a otra mujer"

"Te enseñan a no ir sola por sitios oscuros en vez de enseñar a los monstruos a no serlo. ESE es el problema". Esta frase era la que retuiteaba la joven Laura Luelmo en 2015 en su cuenta de Twitter. Una frase que ahora que todo el mundo conoce su nombre, que su nombre es Trending Topic en las redes sociales, ahora que #TodosSomosLaura te encoge el alma, te acelera el pulso. Porque todas no somos Laura. Porque a Laura la han matado y nosotras estamos vivas. Vivas para luchar en su nombre; vivas para que no haya más Lauras.

 

[Img #100341]

Laura no iba sola por ningún sitio oscuro. Laura salió a correr por el campo a plena luz del día, pero los monstruos también son monstruos a plena luz del día. Y Laura vivía frente a un monstruo; un monstruo como tantos monstruos que nunca dejarán de ser monstruos. Un monstruo que ya había matado a una mujer e intentado violar a otra. Un monstruo que debería estar en la cárcel y no disfrutando de la luz del día, la misma luz y el mismo aire que disfrutamos tú y yo, la misma luz y el mismo aire que jamás disfrutará ya Laura porque ese monstruo le ha robado todo, hasta la vida. Todo.

 

Esta tarde he llorado. He llorado por Laura, a la que no conocía. He llorado de rabia, de impotencia, de dolor, de ganas de matar con mis propias manos a este monstruo y a todos los monstruos que matan a mujeres por ser mujeres. He llorado porque hace siete meses no era Laura, era Leticia, y nada ha cambiado, nada ha pasado para que dejen de campar libres los asesinos por las calles en virtud de unas leyes y de un código penal que no es capaz de protegernos. Esos monstruos que hacen que las mujeres que salen a correr tengan miedo por ellas, por sus hijas, por sus hermanas, por sus amigas.Y yo, que siempre fui valiente, brava, tengo miedo; un miedo que nunca antes había sentido. Y dolor. Y rabia. Ira. Impotencia. Me falta el aire, me faltan las palabras. Miedo. Un miedo que mis amigos cuando salen solos no sienten. Un miedo que atenta contra la Constitución y la libertad, porque salir a la calle sin miedo es un derecho de todos. De todas.

 

No, no es solo problema de educación; no es problema del manido heteropatriarcado ni de enseñar a los monstruos a no serlo. Es violencia, es terrorismo, que viene de terror. Es una ley de mierda que pone en la calle a elementos, a asesinos, a violadores, a monstruos como el vecino de Laura, el que la desnudaba con la mirada sentado en una silla frente a su casa. Nadie le dijo que era un violador y un asesino. Nadie.

 

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