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Opinión

Luciano Huerga: "Hace 40 años, después de una historia como Estado y como nación turbulenta y complicada, España produjo la mejor versión de sí misma"

Rebeca Castaño Martes, 04 de Diciembre de 2018 Tiempo de lectura:

Discurso institucional pronunciado por el Alcalde de Benavente, Luciano Huerga, con motivo del 40 Aniversario de la Constitución Española

El 6 de diciembre de 2018 se cumplirán 40 años de vigencia de la Constitución Española, la gran Carta Magna que trajo modernidad a España, libertades a sus ciudadanos y un marco normativo sólido a sus instituciones, la base sobre la que nuestro país ha construido un Estado democrático y de Derecho estable.

 

En 1978, con su respaldo al texto constitucional, los ciudadanos manifestaron su voluntad de abrir una nueva etapa, de vivir bajo un sistema diferente, de contar con vías para mostrar su opinión y de tomar parte en los destinos de su país.

 

Hace 40 años se produjo en España un momento histórico de extraordinaria brillantez de nuestras principales potencialidades y facultades. Potencialidades cívicas, culturales, intelectuales, políticas, de sentido responsable de la historia, alineadas de manera virtuosa, concertadas adecuadamente para impulsar un proceso de transición de la dictadura a una democracia ejemplar.

 

Hace 40 años, después de una historia como Estado y como nación turbulenta y complicada, España produjo la mejor versión de sí misma.

 

Hace 40 años, queridas amigas, queridos amigos, los españoles de manera abrumadoramente mayoritaria acertamos en dos decisiones: supimos a dónde queríamos ir y supimos también a dónde no queríamos volver jamás. Supimos que no queríamos volver jamás a enfrentamientos civiles, a dirimir nuestras diferencias a través de la violencia. Por fin, con décadas de retraso, la sociedad española atendió a los llamamientos a la paz y a la reconciliación.

 

Pero además de saber a dónde no queríamos volver, los españoles sabíamos perfectamente a dónde queríamos ir. Queríamos ir a un régimen de libertades, a un espacio de ciudadanía, de derechos, de servicios públicos para todos. Y queríamos ir a Europa, queríamos que ese horizonte de modernidad y de libertad que había sido Europa para varias generaciones de españoles dejara de ser un horizonte y pasara a ser una realidad concreta.

 

Lo cierto es que aquella magnífica generación de políticos, de los que hay aquí algunos representantes ilustres esta tarde, fue capaz de galvanizar a la sociedad española, junto con otros actores sociales y políticos, para que esa pretensión para llegar a donde queríamos dejara de ser un sueño y fuera una realidad.

 

En aquellos años los españoles fuimos capaces de hacer un gran contrato social que nos permitió acercarnos a Europa, en cuanto al bienestar social se refiere y en cuanto a la calidad de vida, a través de la progresiva implantación del llamado Estado de Bienestar. Y además fuimos capaces de urdir un gran contrato político, que tuvo su principal plasmación en la Constitución cuyo cuadragésimo aniversario celebramos en la tarde de hoy.

 

Una Constitución, queridas amigas y queridos amigos, que consagra un elenco de derechos y de libertades para los ciudadanos españoles equiparable y aún superior a la que disfrutan los países de nuestro entorno.

 

Gracias a ella, han sido posibles la garantía de los derechos y libertades, los fundamentos del Estado social, la participación democrática en la toma de decisiones o el desarrollo de una profunda descentralización política a partir del reconocimiento de la diversidad de nuestro país; y, con todo lo anterior, el incremento del bienestar de los españoles y la convivencia en armonía de todos ellos. En resumen, la Constitución de 1978 nos ha proporcionado los mejores años de nuestra Historia. y el marco más largo de convivencia en estabilidad.

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La Constitución Española de 1978 fue fruto del generoso acuerdo de todas las españolas y españoles.

 

En este Aniversario tenemos la obligación de defender el Estado del Bienestar, y un sistema público de calidad para la sanidad y la educación que garantice la igualdad de oportunidades y la cohesión social.

 

Por tanto, queridas amigas, queridos amigos, al llegar a este cuadragésimo aniversario tenemos muchos motivos para la celebración. La cifra, por lo demás, se presta a ello. Hablar de 40 es hablar de 40 años de dictadura previa a la constitución actual. Hablar de 40 es hablar de 40 años de democracia, lo cual nos otorga ya perspectiva histórica suficiente para saber hasta qué punto la apuesta de aquella generación de hombres a los que estamos rindiendo homenaje fue una apuesta absolutamente acertada. Es la contraposición palmaria de los beneficios que se obtienen de las libertades y de los perjuicios que a cualquier pueblo acarrea la tiranía.

 

Pero además de motivos para la celebración, y tenemos muchos, los españoles en estos momentos tenemos motivos para la preocupación por una serie de circunstancias que nos han sobrevenido en los últimos años y que, si no les damos el valor, la importancia y la dimensión exacta que tienen, podrían acarrear riesgos para nuestro futuro como país, para nuestro futuro como democracia.

 

No me extenderé demasiado en consideraciones al respecto. De todos es sabido que la crisis económica ha producido efectos devastadores sobre toda Europa que han provocado efectos en forma de desigualdades, absolutamente insufribles, porque la desigualdad es incompatible con la democracia. Está teniendo efectos dramáticos en cuanto a la inseguridad que se extiende cada vez más en muchas capas sociales. Está teniendo efectos dramáticos en cuanto a la quiebra de confianza que está experimentando el sistema democrático en toda Europa. Y esto está haciendo que parezca que viejos demonios familiares, que creíamos definitivamente enterrados en el baúl de los recuerdos, estén aflorando otra vez.

 

A esto debemos añadir la pérdida de confianza en las instituciones, y por ende la desafección ciudadana hacia las instituciones democráticas y los políticos, lo que está dejando un campo donde se está produciendo un auge alarmante de los populismos, los nacionalismos, la xenofobia los extremismos políticos que suponen la reaparición de viejos fantasmas que creíamos definitivamente enterrados en el baúl de los peores recuerdos y que parecen que vuelve a reaparecer.

 

En estas circunstancias, queridas amigas y queridos amigos, es absolutamente fundamental que España se vuelva a plantear otra vez hacer aflorar sus mejores potencialidades, como ocurrió hace cuarenta años; que España se plantee otra vez ordenar y concertar todas esas potencialidades; que España se plantee otra vez volver a dar otra versión de sí misma como la que dio hace cuarenta años. Es indispensable que volvamos a fundar la prosperidad del futuro sobre un nuevo contrato social, porque sin pegamento social y territorial una democracia y un país no pueden sobrevivir; es absolutamente fundamental que volvamos a aposentar nuestro futuro sobre certezas, que volvamos a poner acuerdo en la dirección en la que tenemos que encaminar nuestros esfuerzos colectivos.

 

Ahora, queridos amigos, queridas amigas, ya no se trata de esforzarnos para conseguir la democracia; Visto el panorama se hace preciso, desde la democracia, defender la propia democracia liberal como un elemento absolutamente constitutivo de la prosperidad y de las libertades que hemos alcanzado en los últimos 40 años.

 

Ahora, e España se necesita que se vuelva a hacer POLITICA CON MAYUSCULAS, y con ello quiero decir a trabajar con honradez, honestidad y con responsabilidad para diseñar y construir entre todos, tal y como hicieron los constituyentes, un futuro de España como país, que sea capaz de acogernos otra vez a todos, que sea capaz de ilusionarnos y de congregarnos a todos, un proyecto futuro de país que y para ello será necesario que nos olvidemos de frentismos ideológicos absurdos, recuperemos el valor del consenso, y que recuperemos el valor de propósitos comunes y el interés general por encima de cualquier otra cosa.

 

Para finalizar, me gustaría deciros que los 40 años de constitución y democracia nos da un resultado positivo que debemos saber transmitir a las generaciones más jóvenes. España ha conseguido las mayores cotas de libertad e igualdad, y el periodo más largo de convivencia pacífica de su historia. Para preservar todo lo que juntos hemos conseguido, propugnamos en este Aniversario que juntos adaptemos la Constitución de 1978 a la experiencia acumulada y a la realidad del siglo XXI, lo que permitirá que las próximas generaciones reciban un marco constitucional de convivencia mejor dotado para afrontar los retos del futuro.

 

VIVA LA CONSTITUCIÓN Y VIVA ESPAÑA

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