Del Viernes, 16 de Enero de 2026 al Domingo, 18 de Enero de 2026
Mañana, 28 de julio, se celebra el Día Mundial contra esta enfermedad que la OMS tiene como objetivo eliminar en 2030. Desde el año 2015, más de 5.000 personas infectadas han sido tratadas en Castilla y León con medicamentos de última generación.
Las hepatitis virales B y C son grandes desafíos para la salud pública, pues afectan hoy en día a 325 millones personas en todo el mundo. La importancia de la detección, control y tratamiento radica en que en su evolución estas enfermedades producen cirrosis hepática y cáncer de hígado y suponen cada año 1,34 millones de muertes en el mundo.
La hepatitis B y C son infecciones crónicas que no muestran síntomas durante períodos muy largos, pudiendo durar estos años o décadas. Esto hace que el diagnóstico en muchos casos sea complicado, ya que ni los pacientes ni sus médicos conocen la infección que padecen.
La OMS, en su ‘Estrategia mundial contra las hepatitis víricas 2016-2021’, plantea tres objetivos básicos en este aspecto: en primer lugar, frenar la transmisión de las hepatitis virales; en segundo lugar, permitir el acceso universal al tratamiento de las hepatitis virales, y, por último, eliminar la amenaza de las hepatitis virales en el año 2030.
Alineados con la estrategia de la OMS, Sacyl lleva trabajando varios años con diversas estrategias encaminadas a la detección, control y tratamiento de los pacientes con hepatitis virales. En lo que se refiere a la hepatitis C en la Comunidad han sido tratados más de 5.000 pacientes con antivirales de acción directa desde el año 2015, que ha supuesto un enorme esfuerzo en la atención sanitaria a estos pacientes y que además ha rsultado un éxito terapéutico, con la cura de más del 95 % de los pacientes tratados.

Sin embargo, Sacyl ha sido aún más ambicioso en este aspecto, pues se ha desarrollado un programa de búsqueda activa de pacientes diagnosticados de hepatitis C que no estaban siendo controlados en unidades especializadas y que está permitiendo localizar a personas con esta patología para que también puedan ser tratadas y así disminuir el riesgo de progresión de la enfermedad. Se estima que podría haber en este grupo aún unos 2.000 pacientes.
También la hepatitis B es una enfermedad silenciosa, que cursa sin ningún síntoma en los pacientes afectados y que requiere siempre el control de un especialista en enfermedades hepáticas y, en ocasiones, también tratamiento farmacológico. Como la hepatitis C, su desconocimiento o falta de tratamiento cuando lo requiere puede conducir a la aparición de cirrosis hepática o cáncer hepático.
Ambas enfermedades comparten algunos medios de transmisión como son las agujas infectadas, los contactos sexuales de riesgo, la realización de tatuajes o piercings en lugares sin la higiene adecuada…. Se sabe también que la prevalencia de estas enfermedades es mayor en población psiquiátrica o institucionalizada
Por tanto, es básica la detección de pacientes con hepatitis virales para su correcto control y tratamiento y así frenar la transmisión de la enfermedad, pero también la evolución de esta y sus consecuencias.





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