Del Viernes, 16 de Enero de 2026 al Domingo, 18 de Enero de 2026
Los trabajadores del Ayuntamiento y Protección Civil realizaron el curso de reciclaje para utilizar el desfibrilador externo semiautomático (DESA)
![[Img #3587]](upload/img/periodico/img_3587.jpg)
La utilización de este tipo de mecanismos se está implantando en los lugares públicos debido a su alta eficacia a la hora de salvar vidas ante la presencia de una persona en paro cardiaco.
Su manejo es sencillo, ya que únicamente deben ponerse los electrodos adhesivos que lleva el aparato en la persona que ha sufrido un paro cardíaco y seguir las instrucciones.
El Ayuntamiento de Benavente dispone de desfibriladores en las piscinas municipales, en la Rosaleda, en el Teatro Reina Sofia y otro tiene Protección Civil.
Proporcionan la descarga adecuada dependiendo de la impedancia de cada paciente y además entran en funcionamiento con sólo abrirlos, dando mediante claras instrucciones de voz las pautas a seguir y accionamiento con un solo botón, lo que ahorra un tiempo vital en el salvamento.![[Img #3585]](upload/img/periodico/img_3585.jpg)
De las aproximadamente 70.000 personas que sufren un ataque al corazón cada año en España, el 30 por ciento fallece antes de llegar al hospital, y cada minuto que pasa disminuye en un 7% las posibilidades de supervivencia. “Diez minutos después las posibilidades son nulas.![[Img #3586]](upload/img/periodico/img_3586.jpg)
Un 80 por ciento de las paradas cardiacas se produce fuera del entorno hospitalario y sólo la cuarta parte de ellas se atienden de manera correcta. Pero si se aplican desfibriladores en menos de 3 minutos desde que se produce la parada cardiaca, la supervivencia aumenta un 73 por ciento, y si se hace en menos de 5 minutos, las posibilidades llegan hasta el 50 por ciento. De ello se deduce que “un gran número de estas personas podrían salvar su vida si tuvieran un desfibrilador cerca, ya que la asistencia inmediata tras la parada es fundamental”.
Instalar estos desfibriladores en lugares públicos, como centros comerciales, aeropuertos o instalaciones deportivas, reduciría en un 30 por ciento las muertes por infarto de miocardio. Obviamente esta afirmación se puede extender a oficinas, fábricas, comunidades de propietarios, medios de transporte y una casi ilimitada lista de lugares donde transcurren nuestras vidas.




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